Estos tiempos de cambios dramáticos y constantes exigen de nosotros una actitud y capacidad de movernos de acuerdo con la inmediatez circunstancial sin entrar en el pánico o en el derrumbe psicológico debido a tanta incertidumbre. Así nos vemos motivados a entrar en el proceso de aprender a vivir precisamente en la “certeza del cambio” que es lo único seguro. Esta “certeza del cambio” fue lo que Sidharta Gautama, mejor conocido como Buda, descubrió hace ya más de 2,500 años. Su legado fue el método y la práctica que nos conduce a vivir en paz descansando en la única certeza que hay: la del cambio. “Cambia, todo cambia” cantaba Mercedes Sosa, “panta rei” (todo fluye) decía Heráclito. Muchos filósofos y pensadores en momentos históricos distintos han explicado y reconocido el cambio constante. Sin embrago el primero en enseñarnos a vivir, en y desde, la contemplación del cambio, abierta y públicamente, lo fue Gautama. Aprender a contemplar el cambio constante, tanto de nuestra interioridad como de nuestra exterioridad, es el objeto de la llamada “iluminación”. Este proceso requiere práctica, práctica y más práctica, hasta que esa contemplación se nos convierta en lo cotidiano. Por eso practicamos Zen. El zen es un método que nos conduce a vivir en contemplación, asumiendo el cambio tal cual viene, y respondiendo a él con actitud contemplativa y no con el apego acostumbrado que es el que genera el sufrimiento. Solo así podemos alcanzar la plenitud vital que los griegos llamaban “eudaimonia”, muchas veces traducida como felicidad. Este proceso se da en una especie de génesis personal en que nos movemos del rigor de la práctica que nos enseña a contemplar hasta vivir en contemplación. Por eso la tradición Zen Rinzai ofrece a todos un método para aprender a contemplar que en el tiempo se torna en una manera de vivir deliciosa como la miel. Con el propósito de ofrecer esta práctica a todos es que nos reunimos en el salón 304 de la Universidad de Puerto Rico en Bayamón todos los martes desde las 11:30 AM a 1:00 PM (en el período conocido como la hora universal). Allí se enseña como sentarse y tenemos práctica con el mismo rigor que en cualquier Zendo (lugar de la práctica contemplativa). Toda persona, de la comunidad universitaria (estudiante, facultad, no docente, y administrativo) o de la comunidad en general es bienvenida. |