Siempre me ha dado la impresión de que las fábricas japonesas tienen un acuerdo por el cual van sacando evoluciones tecnológicas poco a poco y que han elaborado un plan común para poder lanzar un modelo nuevo al mercado cada dos años, siempre con un cambio que nos haga desear el último modelo. De hecho, acordaron abandonar la lucha que mantenían por sacar la moto más veloz, limitando los cuentakilómetros a 299 (a pesar de superar esa velocidad sin problemas).
Pero esta armonía (planeada o no) no podía durar mucho. Las marcas europeas han echado al traste el supuesto "planning" japonés sacando deportivas para usar en circuito recién sacadas del concesionario, con componentes más caros, motores más apretados, suspensiones y sistemas de frenado de mayor calidad, control de tracción y ABS de última generación, entre otras cosas.
¿Responderán los japoneses al desafío? Pues todo apunta a que si la crisis no sigue retrasando el lanzamiento de nuevos modelos RR, sacarán motos cada vez más pequeñas, ligeras y potentes y con componentes que se aproximarán cada vez más a los que se montan en las motos preparadas para competir (de hecho Kawasaki ya ha entrado en el juego con su ZX-10).
¿Pero qué pasa con los que trabajamos, viajamos y ruteamos con nuestras deportivas? Esta nueva tendencia hace cada vez más difícil disfrutar por carreteras que no admiten suspensiones y asientos tan duros o posturas más sufridas que las que venían ofreciendo las deportivas de los últimos años.
Y de ahí mi agradecimiento a Yamaha. La R1 aún es una deportiva de "calle" que además ha apostado por un motor nunca visto en una moto de serie, que no se parece a ningún otro que haya probado y que empuja con furia a lo largo de todo el cuentarrevoluciones.
La R1 monta un tetracilíndrico en línea con un cigüeñal Crossplane que obligará a ponerle adjetivos adicionales a "motor tetracilíndrico" en las numerosas discusiones que existen sobre las excelencias de los Bi y los Tetra.
El Crossplane cambia el patrón de encendido en los cilindros de manera que el tiempo entre explosiones consecutivas es distinto. Esta concentración de explosiones cambia radicalmente el comportamiento con respecto al motor del modelo anterior (y con respecto a cualquier motor de producción, 4 en línea, conocido hasta la fecha).
Al subirte a la R1 te das cuenta de que es una deportiva menos recogida que la RSV4 o la BMW e incluso la Honda, pero que sigue teniendo postura de R. Damos al contacto y lo primero que observamos es un ordenador de abordo bastante completo: temperatura ambiente, indicación de la posición de la apertura del acelerador, indicador de modo de conducción, cuentakilómetros, cuentakilómetros parcial, cuentakilómetros parcial en reserva, consumo instantáneo, consumo medio, reloj, cronómetro, indicador de la marcha seleccionada. Cabe destacar unos retrovisores que cumplen su función, algo inusual en el sector de las RR.
Arrancamos el motor (con tres mapping distintos según lo que te apetezca asustarte) y… suena como... suena como…un Crossplane está claro, ¡¡¡como la M1 de Lorenzo y Spies!!! Eso sí, a un volumen mucho más bajo (de hecho es de las deportivas menos ruidosas), ideal para que no te saquen bandera negra en el Jarama cada vez que aprietas en hípica.
Las
dimensiones de esta moto unidas a un motor con unos bajos sorprendentes, permiten colarse entre los coches con facilidad y estar siempre en primera línea en los semáforos. Sin embargo, no es recomendable circular con ella por ciudad en agosto, ya que desprende muchísimo calor. Aunque todavía no he montado en ninguna deportiva que no lo haga, en este caso es algo exagerado; se nota el calor incluso conduciendo a 120 por autovía con el mono de cuero puesto. De todas formas esto es algo que se hará patente sólo en los meses y las zonas en las que el calor aprieta.

La estabilidad del chasis Deltabox, modificado con respecto al modelo del 2007 (se ha incrementado la rigidez vertical y la flexibilidad lateral para dar más información al piloto cuando esté acelerando con el codo en el asfalto), se nota en las curvas rápidas de la autovía y el motor consigue que te sientas ilusionado como un niño pequeño.
Este motor es una verdadera maravilla. Transmite sensaciones de bicilíndrico empujando desde abajo, con un sonido ronco, y llegando sin baches hasta casi las 14.000 vueltas. No se siente la rabia típica de un tetracilíndrico en línea en la parte alta del cuentavueltas, simplemente sigue acelerando con el mismo brío a lo largo de todo su régimen.
Al llegar a una zona de curvas me doy cuenta de que voy en el modo estándar, el medio de los tres mapas de inyección que ofrece esta moto, y este descubrimiento hace que me inquiete elegir el modo más potente, el A. Y con razón, ambos mappings dan la misma potencia, pero el A ofrece todavía más bajos y medios, y el tacto del acelerador (con sistema YCC-T de control electrónico) es directo. No es que sea casi directo y esté exagerando, simplemente es directo. Da la impresión de que el motor responde a los latidos de tu mano derecha.
Hay que estar muy pendiente del gas e hilar muy fino, ya que cualquier despiste puede ponerte la moto de sombrero. Eso sí, tienes la entrada al hiperespacio en tus manos.
La R1 se mueve de maravilla por carreteras de curvas, tiene una buena frenada, chasis y suspensiones y, a riesgo de resultar pesado, el motor que tiene te hace divertirte como un enano. Alrededor de 6000 vueltas aparecen vibraciones en el manillar. No es una vibración excesiva, pero lo suficiente como para dormirte la mano si insistes en llevarla en este régimen.
Como por carretera conviene disfrutar de un ritmo seguro y no forzar demasiado, nos llevamos la Yamaha al circuito para intentar explorar aquellos límites que estén dentro de nuestras posibilidades. Y es que además, la R1 lo pide. Estamos hablando de la moto que ha ganado el mundial de superbikes a manos de Ben Spies, con un motor derivado directamente de la M1 que ha dado mundiales a Rossi y Lorenzo.
En circuito se agradece el motor (¿he hablado ya del motor?). No siempre es fácil salir de las curvas con la moto suficientemente revolucionada como para poder aprovechar toda su potencia, sin embargo con esta Yamaha tienes fuerza disponible siempre y cuando no la dejes bajar muchísimo de vueltas.
Desde luego el punto fuerte de la R1 es la aceleración a la salida de las curvas, tanto por la potencia disponible como por la información que transmite de lo que hace la rueda trasera. Sin embargo monta un desarrollo larguísimo, obligando a meter primera en más de una curva para salir de ella sin llevar el motor a 2000 vueltas.
Esto resulta algo incómodo, ya que si no bajas de segunda a primera golpeando con decisión la palanca de cambios entrará el punto muerto con facilidad (algo que sin embargo se soluciona haciendo el cambio con energía).
La
frenada es muy potente y a la vez fácilmente dosificable, perfecta para carretera y efectiva para circuito. En las frenadas se echa de menos un depósito algo más ancho para poder apoyarse con las piernas y llevar los brazos más relajados, cosa que se puede conseguir poniendo unas pegatinas adherentes a los lados del depósito.

Aunque es evidente que esta R1 funciona en circuito cuando se la prepara para ello (ha ganado en el mundial de Superbikes, mundial de resistencia, CEV y numerosos regionales de distintos países), el problema es que recién salida de la tienda se siente muy pesada. No entra en curva con la misma facilidad que otras deportivas e incluso cuesta, una vez tumbada, tumbarla más para cerrar la trayectoria.
Esto encaja al ver las cifras; estamos ante la más pesada de las deportivas de litro. Además, al ir los pistones descompensados hay que poner mayores contrapesos para eliminar vibraciones y el peso añadido tiene sus consecuencias. El efecto giroscópico del cigüeñal se nota, siendo ésta una de las causas de la pérdida de agilidad de la R1.
¿Pero no hemos dicho que esta moto ha ganado de todo? Claro que sí, pero como hemos comentado, esta Yamaha sale del concesionario pensada para que la gente circule con ella por la calle. Eso sí, gastándose un buen dinero en ponerla a punto, tendrá la capacidad de volar por los circuitos.
Preocupado por la falta de agilidad de la R1 hice un intento de modificar las suspensiones sin mucho éxito y, curioso, investigué qué es lo que le hacen a la R1 para solventar este problema. La conclusión a la que he llegado sin hacer un trabajo de investigación muy exhaustivo es que, para que funcione bien en circuito, conviene subir el tren delantero y trasero.
La moto de pruebas ya cargaba mucho peso delante, y precisamente hacerla más picuda era una idea para hacerla más ágil, pero parece que eso ya estaba hecho (hasta el punto de acabarse antes el neumático delantero que el trasero), así que me quedé con las ganas de probar esta R1 con una buena configuración de circuito (sólo me atreví a modificar la extensión y compresión de la horquilla).
En la horquilla de esta Yamaha se regula la compresión en la barra izquierda y la extensión en la derecha, ahorrándote de esta manera tener que tocar ambas barras para cambiar cualquiera de estos dos parámetros.
Para intentar ser justos del todo, hay que decir que la unidad de pruebas montaba ruedas de calle, menos picudas que las orientadas a circuito y por lo tanto menos ágiles.
De todas formas, como decía al principio de la prueba, agradezco a Yamaha que no saque una R6R con motor de 1000cc y poder así seguir disfrutando de viajes, rutas y traslados al trabajo en una deportiva de litro.
Por lo tanto, si quieres tener una moto bonita como pocas (he de reconocer que me ha tocado la fibra sensible) y con un motor que se sale del guión hasta ahora establecido, tu moto es esta Yamaha R1.
Sergio Hidalgo
Ficha Técnica Yamaha R1
Cilindrada: 998 cm³
Potencia: 182,1 CV a 12,500 rpm
Motor: 4 cilindros en línea, cuatro tiempos, cigüeñal Crossplane.
Diámetro por carrera: 78.0 x 52.2 mm
Refrigeración: Líquida
Par Motor: 115.5 Nm / 10,000 rpm
Alimentación/combustible: Inyección de combustible
Cambio: 6 marchas.
Transmisión: Cadena sellada
Chasis: Deltabox de aluminio
Dimensiones:
Longitud total: 2.070 mm
Distancia entre ejes: 1.415 mm
Ancho total: 715 mm
Altura del asiento: 1130 mm
Peso en vacío (declarado): ND; En orden de marcha 206 kg
Depósito de combustible: 18 l. (3.1 l de reserva)
Suspensiones:
Delantera: Horquilla telescópica invertida, " 43 mm
Trasera: Brazo oscilante
Neumáticos:
Delante: 120/70 ZR17M/C (58W)
Detrás: 190/55 ZR17M/C (75W)
Frenos:
Delante: Doble disco, " 310 mm
Detrás: Disco único, " 220 mm
Datos de interés:
Aceleración: N.D.
Velocidad máxima: + de 200 km/h
Autonomía: +/- 170 Kms hasta encendido de la reserva (reserva de 3 litros)
Consumo / 100 kms: Alrededor de 9 litros.
Con la mano en el corazón
Con esta R1 disfrutaremos como enanos por nuestras carreteras de curvas preferidas, además su motor tiene un carácter que hace difícil bajarse de la moto.
Una moto para…
Que se te caiga la baba al verla aparcada en tu garaje. Ideal para rutas de fin de semana por carreteras de curvas y por supuesto tandas esporádicas en circuito.
KILÓMETROS PRUEBA – 1500 Kms
PORCENTAJE (Ciudad-carretera-autovía) 10%-70%-20%
Bien
Motor impresionante.
Frenos
Diseño
Menos Bien
Falta de agilidad.
Calor desprendido.
Primera demasiado larga.
Precio: 16,599 (Ahora con promoción de un mes gratis de seguro a todo riesgo)
SEGUNDA OPINIÓN
-¿Son 4 cilindros o son dos?
-No, no. ¡Cómo que dos! ¿No lo ves? ¡Es una R-1: tiene cuatro!
-¡Cuatro! Escucha. Escucha bien.
-Ah, pues es verdad, son dos cilindros: Yamaha ha sacado una R1 bicilíndrica.
-No, no pueden ser dos. ¡Mira: si no vibra nada, parece eléctrica!
Desde su salida al mercado, pasó bastante tiempo hasta que tuve la oportunidad de ver la primera R1 propulsada por un motor crossplane en directo. Fue en junio de 2.009, haciendo su paso con el motor bramando mientras rendía el máximo a lo largo de la recta de Douglas.
Me quedé muy sorprendido por el sonido, que no casaba en absoluto con el difuso aspecto que logré adivinar al pasar junto a mí a más de 250 km/h, o tal vez debería decir más de 155 mph, porque en esa recta –algunos ya lo han sabido- se montan los boxes del TT-Isla de Man. Confieso que la confundí con alguna preparación, extraña y británica, de una 1.098, y llegué a consultar incluso el programa que tenía en mi mano. Pero no, no había ninguna bicilíndrica inscrita en aquella lista. Un poco más tarde descubriría el misterio.
El motor de esta R1, directamente derivado de la M1 de Lorenzo, transmite una sensación especial, que no dejó de sorprenderme. Sientes que empuja como ninguno desde abajo (justo por debajo de las 4.000 r.p.m.). Sientes un motor redondo, completo, pleno de potencia en toda la gama; y tal vez llegando a su límite te llegue la una prematura sensación de que ese continuo empuje baja mínimamente; sin embargo, observándolo con detenimiento, te das cuenta de que sólo se trata de un efecto provocado por esa forma lineal y ascendente que esta R1 tiene de entregar todo su potencial.
Dado que hablamos de una moto matriculable, merece la pena que haga un comentario sobre los desplazamientos, unos cuantos, que hice con la R1 a través de la ciudad. La posición en esta R1 se sitúa en la media de las deportivas. Los semimanillares arrancan obligatoriamente bajo la tija superior, sí, pero suben algo más de un cm desde su punto de anclaje. Al ponerme en marcha con ella, no llevo esa sensación radical de ir agarrado al eje delantero, pero para controlar cualquier movimiento en las aceras paralelas a nuestra marcha, así como en las calles adyacentes, debo forzar la bisagra del cuello con mi 1,92. Por otro lado y con esa misma estatura, la postura sobre esta R1 se hace mucho más llevadera hasta resultar completamente natural a medida que se abre el acelerador.
Al arrancar y dejar el motor al ralentí, creo detectar un fallo, algo así como un cilindro con interrupciones eléctricas. Estoy equivocado: Ése es el particular stand by del crossplane. Embrague, sueltas y una primera eterna se despliega a lo largo de la calle hasta que la prudencia obliga a cambiarla por la segunda para no llamar en exceso la atención con el bronco rugido que se deja oír desde el air box, como si esa caja guardara una criatura hostil emergida de algún terror oculto en las profundidades de La Tierra.
A pesar de esa primera casi interminable, la particular entrega de este motor te permite hacer una conducción -la más razonable para esta R1 a lo Big ban- al estilo taxista. Si quieres trasladarte a través de la gran urbe sin sobresaltos y sin comerte, literalmente, semáforos, señales, peatones y coches, será mejor que cambies muy pronto y que pases muy rápidamente de una marcha a otra. Añadir, como detalle, en este pequeño apartado ciudadano que la visibilidad a través de los espejos de lo que la R1 va dejando detrás es más que aceptable para un piloto de mi tamaño equipado con el mono, una cualidad cada vez más complicada de mantener en las deportivas de hoy en día.
Recapitulando, podemos decir que la R1 no es, evidentemente, el paradigma de la moto callejera, pero sí que sobrevive en medio de la densidad urbana con cierta dignidad, a pesar de su raza pura sangre.
Pero volvamos al motor para concluir este breve comentario. Este crossplane que Yamaha ha montado en su buque insignia parece la respuesta más directa a la pura razonabilidad, la combinación perfecta entre bicilíndrico y tetracilíndrico que logra la máxima utilización de par y potencia. Sin embargo, no nos equivoquemos: el motor de esta R1 no representa la intersección entre lo bi y lo tetra, no.
Esta R1 no responde a la manera de un tricilíndrico, como se podría suponer. No, la R1 2.010 es una tetracilíndrica con ese carácter bronco que muestra una dos cilindros, por ejemplo, al cortar gas y volverlo a dar repentinamente con el motor aún bajo de vueltas. La R1 no vibra como las bicilíndricas, pero sí transmite las suficientes vibraciones en torno a las 6.000 vueltas como para recordarnos a una de ellas, sobre todo si le abrimos todo el gas en ese punto.
Resumiendo: Esta R1 responde abajo con el carácter seco de una dos cilindros y, sin dejar de ser la misma moto, con el empuje que rinde arriba el verdadero torbellino que alcanza un tetracilíndrico.
Particularmente, tengo que decir que este motor me ha gustado mucho, que me he quedado con la impresión de haber probado la deportiva actual más útil fuera de las pistas que ofrece el mercado –dejando al margen el particular debate sobre la utilidad en la vía pública de este segmento de la moto-, tanto es así que vería ideal una versión de este fantástico motor crossplane montado en una futura FZ1.