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¿QUÉ COSA ES LA VIDA? Por Sixto Rodríguez Hernández
La vida es un soplo, una luz, una quimera, una estrella fugaz, la cauda de un cometa, para algunos una dicha pasajera, para todos, el camino hacia una meta.
Para algunos triste pena, para otros alegría de la suerte, para algunos la agonía de una condena, para todos el espectro de la muerte.
Pregonamos tontamente entenderla, pretendemos ilusamente alargarla, conseguimos sólo perderla, después de dilapidarla.
Y cuando se acaba la vida, y creemos tenerla enajenada, comprendemos que al final de la partida, total, no entendimos nada...
| A MI MADRE Por Dolores Leonor Jiménez
 Cuán presente tengo cuando al despertar un día en vez de cantos y risas sólo sollozos oía
Mientras tiraba de mi falda mi pequeña hermana con gran asombro preguntaba: ¿Por qué mamita está en la cama entre flores?
-Está dormida... -Y desesperada lloraba. |
Reúno mis fragmentos de recuerdos y busco en mi subconsciente lastimado el por qué de este vivir apasionado. en el que tanto amé, y me han amado. Una niñez triste y solitaria marcó para siempre mi destino, mi orfandad no fue cosa voluntaria. Y así se inició brevemente mi camino... Mi juventud transcurrió con sobresaltos debido a mi falta de experiencia, sin un sabio consejo de los altos, sólo con el sentir de las conciencias. La dicha de ser madre me compensa con mis cuatro tesoros adorados, y al correr de los años, sólo se piensa saber que son felices siendo amados. Llegó el tiempo de partir , y soy dichosa, Dios me ha dado más de lo que merezco. El amor ha sido mi estandarte y volaré cual frágil mariposa A los brazos de Dios, el fiel amante. | LA HUELLA DE MIS PASOS Guadalupe Elena Nava 
Cancún, Quintana Roo, febrero de 2012 |
POEMARIO DE LUIS RAMÍREZ TRUJILLO Dedicado a su esposa: Irma Del Pozo Sueño Sincero Hace muchos años, muchos años, se cruzaron nuestras vidas. ¿Recuerdas aquella noche? Yo nunca la olvidaré, un amigo muy querido acompañado de su novia nos presentó en un café. Desde entonces vida mía hemos caminado unidos, y en las buenas y en las malas nuestro amor ha subsistido. Son casi 50 años... Es ya casi medio siglo es casi toda una vida la que nos hemos querido. Y yo... ¡Aún quiero más! Quiero que el tiempo no acabe, quiero ver a nuestros hijos que ya teniendo los propios vivan felices también como lo estamos nosotros. Tal vez es mucho lo que quiero, mas soñar no cuesta nada pero si este sueño sincero se llegara a realizar, me gustaría estar contigo juntos hasta el fin del mundo y sin dejarnos de amar. |
Encuentro Fugaz Pasaste enfrente de mí tan solo por un instante ibas fresca, bien vestida, tu andar, era ágil y elegante. Me fijé en tus ojos claros y tú sentiste mi mirada, y desviaste la vista... Te noté un poco turbada Te vi alejarte sin prisa y quise ir tras de ti, pero esbosando una sonrisa me di la vuelta y me fui. Mas el recuerdo de tus ojos quedó clavado en mi alma y al pensar en tu sonrojo sentí que perdía la calma. Pienso siempre recordar esos fugaces momentos, que me dejaste al pasar La claridad de tus ojos y la elegancia de tu andar siempre en mi mente estarán.
| Primavera ¡Llegó al fin la primavera! Con su calor y alegría, forjando de esta manera una alegre sinfonía, ¡de flores y fragancias! De cantos de pajaritos que nos dan en abundancia ¡amor, color y esperanza! Cuando nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen y el sentido del olfato percibe ese aroma leve que las flores nos ofrecen, y el trinar de pajarillos nos hacen voltear al cielo y darle gracias al eterno que nos permitió vivir. Aunque algún día, quizá hoy, tal vez mañana... Dejaremos de existir. Pero hoy ¡daremos gracias a Dios! Gracias porque estamos vivos Y podemos disfrutar de esta hermosa primavera de flores y de fragancias que nos dan en abundancia ¡amor, color y esperanza! |
NUBES Paquita Ballester 
| Barquito de vela ¿Cómo te atreviste echarte a la mar? ¿Es que no advertiste nubes tormentosas vienen presurosas hacerte naufragar? ¡Que el cielo te lleve a puerto seguro! Y es de buen augurio allí te eleve. |

DOS NOVELAS ESCRITAS POR NUESTRO COMPAÑERO Sixto Rodríguuez |

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RECUERDOS POR PAQUITA BALLESTER Mi abuelo tenía una debilidad gastronómica: liebre estofada. Mi abuela, aunque le complacía estaba algo renuente pues ya en aquel tiempo este plato era algo costoso. Un miércoles (era el día en que mi abuela acostumbraba a recibir a las amistades), le llegó una muy amiga a quien le comentó lo de la liebre. La señora le dijo: "No te preocupes, te voy a dar una receta con una salsita especial que tu esposo no notará que le has dado conejo por liebre". Llegó el día después, y después de almorzar, mi abuela le preguntó: "Ballester (era costumbre nombrar por el apellido) ¿qué te ha parecido la liebre hoy?" Estaba buena, pero me ha sabido diferente |  |
-contestó él "-era la salsita del estofado, una receta nueva", le aclaró ella. Mi abuelo no quedó del todo convencido y paseando de una lado a otro de la casa se preguntaba: "¿Cómo voy a averiguar qué hay de verdad?" Entró en la cocina, donde estaba una jovencita, hermana de la cocinera, a quien ayudaba, y le dijo: "Pero ¿estaba muerta? La cándida de Pepa pensó que al decir "muerta" significaba |
 | en mal estado y respondió con espanto: ¡No señor, no! Me la han sacrificado frente a mí..." Mi abuelo sonrió y salió de la cocina . ¿Qué desilución para mi querida abuela! Nota: Todos sabemos que las liebres sólo se consiguen cazándolas. |
Mis abuelos paternos tenían una magnífica casa de veraneo en una villa muy cercana a la frontera francesa. Ibamos allí cada verano y nuestra estancia en ella era sumamente agradable; delicioso clima fresco, límpida atmósfera, soberbia panorámica y un gran huerto-jardín en el que mi abuela pasaba buenos ratos contemplando su cosecha y sus muchos y variados rosales. Teníamos unos parientes que vivían en un pueblo, distante media hora de buena marcha a pie. Eran primos de mi abuela. Yo los conocía y quería, a pesar de haberlos visto en escasas ocasiones. Eran cuatro hermanos -tres hembras y un varón- que no se parecían en nada, excepto en poseer un corazón lleno de bondad y cariño. El varón era el menor de ellos y la primera vez que anunció su visita, siendo mis padres recién casados, mi abuela dijo: "Hoy vendrá a vernos mi pariente el "Niño de Aja". Cuál no sería la sorpresa de mi madre al ver, horas más tarde, que el | 
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"niño" era un hombrón de 45 años, luciendo unos tremendos mostachos estilo Káiser. Su nombre era José. La hermana que le antecedía en edad, Antonia, tenía "manos de oro" para el bordado; desgraciadamente su ajuar habíase quedado amarillento en un enorme baúl. Su historia sentimental, si la hubo, no la sé. La siguiente hermana, Paloma, era sumamente delgada y la afeaban unas manchas en el rostro. Recuerdo su actividad preparando el "hogar", con su olla de hierro colgada y haciendo relucir sus cacerolas de cobre, que adornaban la rústica pero limpia cocina-comedor. La mayor de las hermanas era la preferida por ellos. Cuando la conocía debía ser ya bastante mayor, aunque su edad era indecifrable para todos. Con seguridad fue muy bonita; su piel parecía porcelana. Llamaban y conocían todos con el sobrenombre "La Enferma". Yo no la vi de otro modo que metida en una enorme cama, con tres o cuatro colchones y asomando su cabecita protegida de cofias. Me saludaba con un hilo de voz, sacando de entre las gruesas sábanas de lino una blanca y fina mano. "¿Por qué está enferma?" Pregunté a mi madre; seguramente me respondió algo que no recuerdo, pero años más tarde llegó la respuesta verdadera: "La Enferma" había tenido un desengaño amoroso, terrible para ella, del cual jamás se recuperó. Su tristeza fue tal que resolvió quedarse en cama toda su vida, y así transcurrieron ¡veinte años! En el triste período de la Segunda Guerra Mundial, se conocieron los llamados "maquís" (guerrilleros franceses anti-nazis que también hicieron algunas escapatorias en territorio español, en busca de lo que precisaban). En cierta ocasión y estando "La Enferma" sola en casa, ya que sus hermanos se encontraban trabajando en el campo, llamaron los nada deseados "maquís" a la puerta del cacerón, preguntando a voz en grito: "¡Quién hay en la casa!" La pobre enferma no se atrevía a responder, pero al oír nuevamente golpear la aldaba al tiempo que la voz subía de tono, dijo: "¡Soy una pobre vieja enferma!" Por lo visto el hilo de voz que acostumbraba fue recio esta vez, pues los hombres captaron la respuesta. Entonces oyó -o creyó entender- que los "invasores" decían: "¡No importa, entraremos y la mataremos!" Quedó aterrada, pero no sin movimiento. ¿Cómo se desentumicieron en unos instantes aquellos brazos y piernas, que parecían muertos tantos años ha? ¡Milagro del instinto de conservación! Se levantó de la cama y corriendo alcanzó una pequeña ventana que daba a la parte posterior de la casa, se subió a ella y se lanzó desde el primer piso al huerto, huyendo en camisón campo través hasta encontrar a sus hermanos. ¡Qué no hubiera dado yo por ver la cara de éstos al reconocer a su querida "Enferma"!. Paquita Ballester |
A mi Adorado Club de Se inició hace 18 años... ¡Único en esta ciudad! Con muy pocos afiliados comenzó su actividad. Pero ya en la actualidad somos más de doscientos socios. Cuenta con un gran local. Unos cantan, otros bailan, otros van a declamar... Hacen Yoga, Taichi, Teatro y Gimnasia Cerebral. A un lado está el dominó, donde van los más gallones, y el que no sabe jugar pierde hasta los pantalones. | Los Años Dorados Tiene su cafetería donde atienden muy bien, jugo, café o un bistec que a cualquiera agradaría. Tiene sala de Internet donde obtiene buenos logros, parten después por doquier sentados en su autobús ¡los Abuelitos a Bordo! Club de Los Años Dorados ¡A cuántos nos beneficias! Y haces que cambiemos todos ¡Las lágrimas por sonrisas! Luis Ramírez Trujillo Cancún, Quintana Roo Diciembre 2010 |

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Una visión del mundo desde la perspectiva de Paquita Ballester
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Siendo estudiante, nuestra profesora de Literatura nos pidió una composición poética, por cierto, me acuerdo aún de su nombre: Mercedes. Pasé la prueba y puedo escribir que el tiempo no borró esta sencilla fábula. Las aves piadosas Entre las ramas de un alto ciprés comían dos aves con gran avidez, pasa un cuervo, saluda a las dos y dicen aquellas: ¿A qué venís vos? ¡Oh, qué grandes señores, qué suerte tenéis que llenar la tripa con algo podéis! Malhumoradas las aves dijeron que sus abuelos de hambre murieron ¡Qué pena me da vuestro modo de hablar, yo soy ya muy viejo y no puedo cazar! Y diciendo eso se puso a llorar. Las aves sintieron gran compasión y dieron al cuervo una ración. Moraleja: Nada nos cuesta hacer caridad sacando de uno la voluntad. Paquita Ballester

| Dibujos y aerografía de: 
Sixto Rodríguez |
Esta sección está abierta para exponer la expresión y la creatividad de las personas de la Tercera Edad, participa haciéndonos llegar tus trabajos de poesía, pintura, cuentos, caricatura...
Envíanos tus trabajos, aprovecha esta oportunidad para expresarte
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Nuestro paseo al acuario natural de Xel-Ha |
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