|
La Palma - la isla desconocida Situado en el Noroeste del Archipiélago Canario, la isla de La Palma es una de las islas menores. Debido a su juventud geológica es una isla abrupta y montañosa, caracterizada por un gran número de barrancos y una costa de dificil acceso. Las pocas playas que hay son todas muy pequeñas y de arena negra y no fueron nunca interesantes para las grandes turoperadoras que descubrieron Canarias para el mercado de Europa del centro y norte en los años sesenta. Gracias a ello nunca se desarrollaría en La Palma el turismo masivo de playa, tan característico para el resto de las Islas Canarias. La economía siempre se ha basado en la agricultura, en la actualidad en la exportación del plátano enano, y solamente después de la entrada de España en la Comunidad Europea se ha comenzado a desarrollar una minúscula industria de turismo. A pesar de su escaso tamaño, La Palma es todo un continente en miniatura. Mientras que el norte es verde y frondoso con grandes pinares, extensiones de laurisilva, campos de cultivo y una intensa ganadería, el sur es árido y seco, repleto de cráteres volcánicos de origen reciente - así pues, encontramos en el extremo sur el último volcán de España, el Teneguía que tuvo su erupción el año 1971. Las montañas y los barrancos delimitan un inmenso número de microclimas. En el mismo instante puede haber sol en un sitio, llover en otro, hacer viento en uno tercero, y en invierno se puede subir desde un día perfecto de playa hasta la cumbre nevada en un viaje de una hora. El centro de La Palma es dominado por la inmensa Caldera de Taburiente, un cráter de erosión de 9 kilómetros de diámetro, 28 kilómetros de circumferencia y 2000 metros de profundidad, en cuya cumbre más alta (2423 metros) se encuentra el Observatorio Astrofísico del Roque de Los Muchachos, uno de los más importantes del mundo. Las características geomorfológicas de la isla hizo enormemente difícil las comunicaciones en la isla y a lo largo de los siglos se desarrolló una extensísima red de senderos. Con el creciente turismo el gobierno insular ha rescatado un número de ellos, dando a conocer a La Palma como una referencia para el sendersimo a nivel internacional y lanzando la isla como un destino de turismo alternativo. Ejemplo de ello es maratón extremo Transvulcania que se lleva a cabo regularmente desde el año 2008. Historia de la red de senderos Debido a la complejidad del terreno, las comunicaciones en la isla han sido siempre un gran problema. Una de las modernidades que introdujeron los españoles después de la conquista fue la creación de una red de senderos que hoy cubre toda la isla. Muchos siguieron los antiguos senderos que usaban los primeros habitantes prehispánicos. Fueron construidos para durar, muchos fueron empedrados y allí donde era necesario se levantaban muros de piedras para sostenerlos. Algunos de estos caminos tienen cerca de cinco siglos de antigüedad pero se mantienen en perfectas condiciones. Estos caminos eran estatales y todavía se les conocen por el nombre de Caminos Reales. | 
|
Estos caminos eran absolutamente vitales para la economía de la isla, al enlazar diferentes zonas de producción entre sí. La Palma prácticamente no tiene pueblos de pescadores, a diferencia de las otras islas del Archipiélago y era, por lo tanto, frecuente el intercambio de productos agrícolas por pescado y mariscos. Caravanas de mulos cruzaban las cumbres, y el punto de encuentro para el trueque solía ser algún lugar a medio camino entre dos pueblos. También era necesario transportar los productos manufacturados traídos desde fuera como telas, herramientas, lámparas de aceite etc., desde el muelle de la capital Santa Cruz de La Palma hasta los pueblos con mulos o burros. Solamente los productos muy pesados o voluminosos iban por mar, algo que se intentaba evitar dentro de lo posible; la isla tiene pocos puertos naturales y el proceso de carga y descarga de las pequeñas falúas era complicado y peligroso. El mar puede ser muy bravo y a veces era necesario sostener las falúas con largas varas para que no se estrellaran contra las rocas. Y aún había que subir los productos a los pueblos. El trabajo de los arrieros o conductores de mulos fue fundamental para la economía insular, pero hoy se trata de un oficio desaparecido y prácticamente no quedan mulos.
| 
|
Los caminos también fueron importantes para la vida social de la isla. Se caminaba a los pueblos vecinos para cortejar a sus muchachas. Se caminaba a los pueblos con iglesia para asistir a misa, matrimonios, bautizos o entierros. Se caminaba para ir a las fiestas y los que tocaban algún instrumento se lo traían para formar pequeños grupos improvisados de música de verbena. Muchos de los caminos pasan por fuentes y éstas eran absolutamente vitales, particularmente durante los meses más cálidos y secos de verano. Muchas han sido equipadas con pilas para lavar ropa y abrevaderos para dar de beber a los animales. Las fuentes se convirtieron en importantes lugares de reunión social donde encontrarse con personas de otros pueblos para intercambiar noticias, productos o miradas secretas.
| 
|
En los años cincuenta comenzó a cambiar esta situación con la modernización de la isla y el desarrollo de la red viaria. Anteriormente, no habían existido sino unas pocas pistas de tierra, principalmente alrededor de la capital. Pero ahora los pueblos empezaron a ser accesibles por carretera. Éstas fueron una verdadera bendición al permitir una gran mejora de nivel de vida de los isleños. Con las carreteras llegaron las tiendas, las escuelas, los médicos, el transporte público, luz y teléfono… La antigua economía de subsistencia fue transformándose en una economía monetaria. Los jóvenes querían formación y trabajo renumerado, lo cual es difícil en el campo. La gente fue mudándose a las ciudades y hoy en día muchos pequeños caseríos se encuentran despoblados. En la conciencia general de los isleños, los caminos formaban parte de un pasado laborioso, mientras que ahora se miraba hacia el futuro. Los antiguos caminos y senderos fueron abandonados y olvidados, solamente algún que otro cazador o cabrero seguiría usándolos y muchos se perderían para siempre debajo de capas de asfalto y cemento.
|
A mediados de los años 80 empezó la crisis del plátano y el gobierno insular decidió apostar por el turismo. La falta de playas, la espléndida naturaleza, los paisajes grandiosos, la paz y la tranquilidad, y la amabilidad de los isleños, fueron todos factores para convertir a La Palma en un lugar idóneo para desarrollar un turismo alternativo, turismo verde o ecoturismo; términos diferentes para designar un mismo fenómeno, es decir, una forma de turismo que sea beneficioso para la isla pero sin destrozarla mediante una ciega carrera loca de construcción de hoteles y apartamentos. Y uno de los principales factores para atraer a los visitantes es, precisamente, la fabulosa red de caminos reales y senderos. Así que, desde finales de los años ochenta, se está llevando a cabo una gran labor para recuperar y restaurar muchos de esos caminos.
|

|

| Una fiesta para los sentidos Caminar en La Palma es toda una experiencia. No solamente porque no hay dos rutas iguales o porque muchas de ellas atraviesan varios microclimas, cada uno con su propia forma particular de vegetación, sino porque caminar en La Palma es una experiencia sensorial total, una verdadera fiesta para nuestros sentidos. Los colores son directos e intensos, y frecuentemente unos pocos colores primarios dominan las vistas: bosque verde, mar y cielo azul, diversas tonalidades de marrón y ocre en tierra y riscos, nubes blancas de nata montada. Pero si observamos más cerca, vemos que hay infinitos matices en estos colores primarios. Innumerables tonalidades verdes en monte y bosque, los múltiples matices azules, verdes y grises del mar, nubes a veces blancas, a veces rosadas y doradas, a veces densas y oscuras. Y cuando la isla florece, parece que se han derramado cofres enteros de joyas en todas partes.
|
Es una isla silenciosa, sin grandes carreteras o industrias. Los sonidos propios de la naturaleza no hacen sino subrayar ese silencio. El susurro de la brisa en los pinares, el alegre canto de las grandes nubes de grajas, las cabras de vuelta a casa, cada una con su cascabel, todos perfectamente afinados a la misma frecuencia, sonando como una sola. El contrapunto de los grillos durante las noches de verano, de vez en cuando, los ecos de alguna verbena distante. Los sonidos propios del mar y del monte forman la banda sonora de la isla.
Caminar en La Palma significa vivir los caminos con todo el cuerpo. Igual puede haber un viento helado que un sol que ataca sin compasión, pero también pueden haber brisas tibias que nos acarician la cara y el alma. Quizás las piernas protestan salvajemente después de una larga subida para salir de un barranco, pero una vez arriba, nos prende una oleada eufórica que nos aligera el corazón. Caminar en La Palma significa alimentar tanto el cuerpo como el alma y encontrar nuestro verdadero equilibrio interior.
| 
|
Hoy en día, isleños casi no usan los caminos y nadie se da cuenta de que cinco siglos de historia están impregnadas en cada piedra, cada fuente, cada muro, cada cueva. Caminar en La Palma no se trata de realizar grandes hazañas y poner la isla en la lista para fardar con los amigos, después de los Andes, las montañas del Atlas y el Himalaya. Caminar en La Palma se trata de seguir los senderos hacia atrás en el tiempo y caminar al lado de los millares de personas que han pasado por aquí antes que nosotros: campesinos con pesados sacos o pasto recién cortado. Arrieros, chicos rumbo a clase, hombres y mujeres llevando trigo al molino, la Guardia Civil en busca de algún fugitivo. Grupos de alegres jóvenes camino a una fiesta de pueblo. Curas, monaguillos y todo el pueblo en procesión, médicos visitando un paciente, cabreros con sus animales… Caminar en La Palma significa seguir la delgada frontera que separa el pasado de la isla de su futuro y tener una experiencia única, mágica y conmovedora, que se recordará con cariño para siempre.
| 
|

|
|