Santuario

Nuestra Señora del Castañar

  • Castañar Nº2
    37715
    Béjar
    (Salamanca)
    España

    Tel:923400705

    El texto de la espiritualidad Teatina:

    El Combate Espiritual

    Hoy no cabe duda alguna sobre el autor del Combate espiritual. El P. Bartolomé Más ha demostrado perentoriamente que se trata del teatino Lorenzo Escúpoli. "La impronta de la espiritualidad italiana es tan evidente en él que el autor no puede ser más que un teatino" -escribe Pourrat-. Tan teatino que uno siente a menudo la tentación de pensar que la obra es tanto un trabajo colectivo de una familia religiosa como de un escritor de ella. Por eso no es de extrañar que los teatinos lo declaran su texto de espiritualidad, como lo es para los jesuitas el Libro de los ejercicios.

        El Comate se abe con una decidida y nada titubeante definición de la perfección cristiana. "Consiste en conocer la bondad  y la grandeza de Dios, así como nuestra pequeñez y tendencia al mal; consiste en el amor de Dios y en el desprecio de nosotros mismos; consiste en someternos a Dios, y a las criaturas por amor de El; consiste en recnunciar a nuestra propia voluntad y en someternos a su proyecto amoroso. Y es indespensable que todo eso se quiera y se haga  para gloria de Dios y con intención de agradarle, pues es así como El quiere y merece ser amado y servido" (Capítulo I, 1º).

        Así la perfección cristiana es toda interior. Y se teje y construye con aquellas virtudes que nos conducen a morir a nosotros mismos para sumergirnos en el amor de Dios. Es fácil descubrir en esas líneas tan exactas la tesis de la mortificación interior que llevó tan lejos la escuela de los Clérigos Regulares.

        Como se ve, para llegar a la perfección el amor puro es exigencia irrevocable. Las prescripciones del Combate sobre la necesidad de ese amor son sumamante precisas: No hay posible camino hacia la perfección, si no se sirve a Dios exclusivamente para su gloria y con el fin de agradarle. Hay que rechazar implacablemente todo interéshumano. Hay motivos para querer ser santo, buenos en sí mismos, como son querer evitar el infierno y alcanzar el cielo. La perfección exige que obremos sólo y exclusivamente para gloria de Dios.

        Es imposible no percibir aquí también los ecos de la espiritualidad española de la época. La mayor gloria de Dios, de Ignacio de Loyola. O, cuando se trata de las motivaciones de atrición: evitar el infierno, llegar al cielo, aquel magnífico soneto:

      No se mueve, mi Dios, para quererte

    el cielo que me tienes prometido,

    ni me mueve el infierno tan temido

    para dejar por eso de ofenderte.

       Tu me mueves, Señor, muéveme el verte

    clavado en una cruz y escarnecido,

    muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

    muévenme tus afrentas y tu muerte.

      Muévenme, en fin, tu amor de tal manera,

    que aunque lo que espero no esperara,

    lo mismo que te quiero te quisiera.

       No me tienes que dar porque te quiera;

    que aunque no hubiera cielo yo te amara,

    y aunque no hubiera infierno te temiera.

        "El puro amor es la causa y fundamento, todo lo demás es comentario" -decía el P. Carlos Tomasi.

        Pero la cima de la perfección debe ser conquistada, y se conquista a través del combate espiritual. El combate espirituall que es uno de los leitmotives de los Clérigos Regulares. El Combate de Scúpoli es un verdadero manual de estrategia espiritual. El nos enseña la manera de luchar victoriosamente  contra "todas las malas afecciones" de nuestro corazón, por pequeñas que sean o nos parezcan. Las armas para la lucha son cuatro:

    1. No confiar en nosotros mismos ni en nuestra obra.

    2. Confiar en Duios, en quien todo lo podemos.

    3. Comprometer todas las facultades de nuestra alma y de nuestro cuerpo.

    4. Orar sin desfallecer.

        En cuanto al uso de las facultades el Combate es magistral.

        Son: La inteligencia, la voluntad y los sentidos.

    La inteligencia debe estar prmanentemente en guardia contra dos enemigos que la asedian sin tregua: La ignorancia y la curiosidad.

    Mas la lucha encarnizada e implacable se libra en el interior de la voluntad. Este se divide en dos: Voluntad racional, que llamaremos superior, y voluntad de los sentidos, que llamaremos inferior (apetito, sentido, pasión). El combate entre las dos dura toda la vida, pues son irreconciliables pasión y voluntad superior.

    Mientras se atacan las pasiones, es bueno ir practicando las virtudes contrarias. Habrá que aprender a dominar y a desconfiar de los sentidos; habrá que recelar de aquella acción hacia la que nos determinamos por placer. Los mismos sentidos pueden ser perfectamente usados para la contempñación de la belleza invisible, el espectáculo grandioso de la creación puede elevarnos hasta el Creador. Los cinco sentidos pueden ser unos magníficos aliados para la contemplación "de la vida y pasión del Verbo encarnado".

       El ruido de sables de los Ejercicios ignacianos parece sentirse en estas consignas u "orden del día" del Combate:

       "Lo primero que hay que hacer al despertar es abrir los ojos del alma y considerarse en un campo de batalla en el que el que no combate será aniquilado. Ved a vuestra derecha a Jesucristo, vuestro invencible capitán, a la Virgen y a san José, su esposo, y una tropa innumerable de ángeles y de santos; a vuestra izquierda al demonio y a sus huestes dispuestos a servirse de vuestra pasión enemiga y a sugeriros que lo mejor es rendiros.

    Es posible que, en el fragor de la lucha, os sintáis herido y a punto sde ser dominado y vencido; no os dejéis entonces dominar por el desaliento y no abandonéis jamás el combate. Redoblad vuestra oración. Es imprescindible no perder nunca la moral".

       Es machacona la insistencia del Combate en que el soldado conserve en la lucha la serenidad del alma y la paz del corazón y evite con todo ahinco todo aquello que pueda turbarlas.


       El Combate espiritual nos ha servido, pues, para descubrir las grandes líneas de la espiritualidad italiana y de la dirección espiritual de Battista da Crema, que llegarán a configurar el proyesto y actitud de los primeros teatinos. Helas aquí:

    1º: Reacción contra el ambiente pagano y corrupto.

    2º: Lectura asidua de los escritos del monje Casiano, y consecuentemente,

    3º: Optimismo sobre los recursos del hombre.

    4º: Necesidad del esfuerzo personal.

    5º: Reforma interior indispensable para la reforma de la sociedad.

    6º: Lucha (Combate) espiritual como camino hacia la perfección.

    7º: El clero luminoso, reformado, como principio e intrumento para la reforma de Iglesia.

    8º: Una actividad liberadora, concreta y exterior (hospitales de incurables, imprenta, etc).

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