• Ing. L. Laporte 3853
    2000
    Rosario
    (Santa Fe)
    argentina

    Tel:4552250


    Nos contaba

    el P. Rogelio Barufaldi:






    ‹‹Nuestra comunidad, de San José Obrero, para los íntimos simplemente "La Capilla", fue primero un proyecto, después obras que se proponían, crecían y... que había que pagar. Nadie nos había regalado nada. "Nadie" significaba ni el Obispado, ni el Gobierno ni ninguna Institución oficial, religiosa o civil.››



    ‹‹Inventar recursos propios y ajenos es la función de toda "Comisión" sin finalidad de lucro propio. Fue la nuestra. Primer recurso: el propio trabajo físico.
    Sábados a la tarde y domingos después de Misa se inauguró hacia 1962 y duró varios años el rito de "trabajar en la Capilla".
    A mediodía nos sentábamos en esa mesa plurifamiliar, que poco a poco iba creando una nueva y grande y única familia...››



    Plantar la Parroquia

    De "El morocho de abasto" a la casa de la Misa

    1) 15 de agosto de 1960.- Como todo agosto en el hemisferio sur hacía frío. Como algunas veces era limpio y soleado el cielo.
    Como en aquellos años, día de fiesta.

    El rector del Seminario de Capitán Bermúdez, donde yo era profesor, me había pedido que fuera al barrio conocido como La Florida, al norte de Rosario, para reemplazar al P. Armando Amiratti que estaba organizando una nueva posible parroquia.

    - En el tercer semáforo- me dijeron- a la izquierda, del lado del río, te bajás en la esquina del bar "El Morocho del Abasto", tomás hacia el río tres o cuatro cuadras y doblás al norte. Esa calle se llama Agustín Álvarez al 480. Hacia la mitad de la cuadra alguno te va a esperar. Esa es la casa de la Misa, la casa de la familia Maranzana.

    Fue mi llegada y comienzo de lo que en adelante sería mi viaje de todos los domingos y fiestas de guardar.

    2) Volver: 4 de noviembre de 1962.- Llegar y "volver". Comunidad providencial de la "casa de la Misa" y de la canción quizá más popular del "morocho del Abasto".

    Mi primera etapa había terminado el 1º de mayo de 1962. La historia entre todos les va a contar la razón de este breve intervalo. Era noviembre y me pedían que volviera hasta fin de año. Cuando baje por segunda vez del colectivo en ese mismo barrio, pero ahora en el primer semáforo, tenía la seguridad de que ese sería mi lugar por muchos años. Mi situación no era fácil. Se iba un anciano sacerdote que había logrado todo eso y me tocaba reemplazarlo. Solo. Con mi corta experiencia anterior, con el conocimiento de muchos en la comunidad, en un barrio que siempre me había gustado y que ahora empezaba a sentirlo como vocación y personal destino. De golpe comprendí que desembarcar en ese pequeño nuevo mundo me cambiaría para siempre la existencia.

    Al fin me encontré otra vez con la vida real de los que desde ese momento serían "mi gente".

    Aquello era mi nuevo pueblo. No me refiero sólo al "pueblo de Dios", sino al pueblo de carne y hueso como aquel rincón sur-este santafesino donde nací y viví mis primeros diez años: Arequito.

    Las calles que tenía delante eran de tierra como la de mi pueblo. Polvo caliente en verano, barro oloroso y fuerte en las lluvias y, bordeadas de yuyos, las cunetas.

    El Cristo entre las chapas
    El 3 de febrero del 62 paramos, en terreno casi propio, ese galpón de chapas. Para las reuniones de la comunidad empezó a servir. El barrio -como pasa siempre- les dió varios nombres: el galpón de la calle Laporte, la Iglesia de lata, la Capilla San José Obrero, nuestra capillita y otros.

    La comunidad inicial, sobre todo el grupo inicial del hecho, lo tenía muy claro: era "La Capilla de la nueva Vicaría". En el exterior, conseguimos una gran cruz de madera que duró todos los 15 años de la Capilla.

    Así Cristo empezó a caminar como lo había hecho en el mar de Galilea o sobre la montaña de su país, entre las chapas de su nueva y modestísima casa.



    Recordando al Padre Rogelio






    Barufaldi nació en Arequito, pero desde hace más de tres décadas ejercía su tarea en Rosario. Pero además de sus funciones como sacerdote, se lo recuerda por ser un notable escritor, ensayista y poeta. En 2006 fue declarado "Ciudadano distinguido" de la ciudad de Rosario por el Concejo Municipal.

    Cursó estudios de humanidades, filosofía y teología en el Seminario de Rosario. Ejerció además la docencia como profesor de lógica, metafísica, psicología, historia de la literatura argentina y española, francés, preceptiva literaria e introducción a la historia. Además fue profesor de filosofía de la cultura y filosofía de la religión en los seminarios de Rosario y San Nicolás; y profesor titular de historia de la cultura en la Facultad Católica de Derecho de Rosario y en la Facultad de Ciencia Políticas de Rosario. Invitado por la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad Nacional del Nordeste y el Ministerio de Educación de Córdoba, dictó numerosos cursos y conferencias. Además de la docencia, fue un destacado investigador del Instituto Rosario de Investigación en Ciencias de la Educación (Irice) de la UNR.

    Entre sus libros publicados se destacan "Estructura Mítica e interioridad de Don Segundo Sombra", "Martín Villa, hermano de Martín Fierro", "Zonas de la tierra, la luz y algunas muertes", "Sólo Cien Años, Cantata del Centenario de La Florida", "El espacio de una grieta" y "El Cristo de los villeros".


    ASÍ QUEDO NUESTRO TEMPLO




    "Que el Señor les haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como nos amamos nosotros, para que conserven sus corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos" (1 Tes. 3, 12-13)




    Para rezar en casa...

    Oración de alabanza de David por la construcción de un templo


    «¡Oh, Señor, Dios de nuestro antepasado Israel, que seas alabado por siempre y para siempre! Tuyos, oh Señor, son la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo, oh Señor, y este es tu reino. Te adoramos como el que está por sobre todas las cosas. La riqueza y el honor sólo vienen de ti, porque tú gobiernas todo. El poder y la fuerza están en tus manos, y según tu criterio la gente llega a ser poderosa y recibe fuerzas.»

    ¡Oh Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre! ¿Pero quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte algo a ti? ¡Todo lo que tenemos ha venido de ti, y te damos sólo lo que tú primero nos diste!  Estamos aquí sólo por un momento, visitantes y extranjeros en la tierra, al igual que nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son como una sombra pasajera, pasan pronto sin dejar rastro.


    »¡Oh Señor nuestro Dios, aun estos materiales que hemos reunido para construir un Templo para honrar tu Santo Nombre, vienen de ti! ¡Todo te pertenece! Yo sé, mi Dios, que tú examinas nuestro corazón y te alegras cuando encuentras en él integridad. Tú sabes que he hecho todo esto con buenas intenciones y he visto a tu pueblo dando sus ofrendas por voluntad propia y con alegría.


    »Oh Señor, Dios de nuestros antepasados Abraham, Isaac e Israel, haz que tu pueblo siempre desee obedecerte. Asegúrate de que su amor por ti nunca cambie. Dale a mi hijo Salomón el deseo de obedecer de todo corazón tus mandatos, leyes y decretos, y de hacer todo lo necesario para edificar este Templo, para el cual he hecho estos preparativos».

    (1Cro 29, 10-19)

     
     




    "El amor, para que sea auténtico, debe costarnos"
    Beata Madre Teresa de Calcuta











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