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Recuerdos musicales…  Si buscamos en el baúl de los recuerdos, encontraremos pasajes de nuestra vida, que quisiéramos olvidar; sin embargo, con toda seguridad, habrá muchos recuerdos hermosos, que nos llenarán de paz e inspiración. Desde corta edad, a pesar de llevar una vida nómada, como herencia de una madre gitana y un padre aventurero, tuve la gran dicha de convivir con personas amantes de los boleros, rancheras, baladas en inglés y español; y por supuesto, los tangos de Gardel. Aún no había entrado a la escuela primaria y ya mis oídos conocían –como las campanas de una iglesia- las notas musicales de los boleros cantados por Roberto Ledesma, Daniel Santos, Felipe Pirela, Nat King Cole, Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solis, y otros tantos artistas de la época. Era el año 1966 –apenas contaba con 5 años-. La casa donde vívia quedaba cerca de la estación de trenes. En mi infancia y parte de mi adolescencia, siempre estuve cerca de los trenes y barcos… En una esquina, frente a la carretera principal, quedaba un centro de baile muy popular (de dos plantas y con una terraza). Cuando los trabajadores abrían todas las puertas, para hacer la limpieza del local, se podía ver desde la calle, las famosas tragamonedas o rockolas (máquinas de discos que funcionaban con monedas). Por estar el centro bailable a escasos metros de nuestra residencia -casi todas las noches- era obligatorio oír a los grandes boleristas de los años 50 y 60. Nueve años después (1974), un padrastro que tuve ,me trajo desde Costa Rica, donde vivía con unos parientes, a residir un año en un pequeño pueblo, con su respectivo puerto marítimo, donde llegaban los grandes barcos europeos, a cargar miles de cajas llenas de bananos, para ser llevadas a sus países de origen. Supuestamente (mi padrastro), me enviaría a los Estados Unidos, a residir con mi padrino, quien en esos años trabajaba como diplomático en las Naciones Unidas, después de terminar el primer año de secundaria. El puerto estaba frente al océano Atlántico y se llamaba Almirante –si la memoria no me traiciona-. Siempre me llamó la atención que en esta localidad, hubiese un colegio de curas católicos. A éste iban todos los hijos de los hacendados que podían pagar las mensualidades… ¡Y por cierto, como en todas las escuelas católicas, la educación era excelente…! Mi padrastro era ingeniero, había estudiado hasta en Brasil, y trabajaba para la empresa Chiquita Brands International, transnacional bananera estadounidense, que operaba en la región de Centroamérica y otros países. El asunto es que me la pasaba todo el día solo. Mi único entretenimiento era observar a los muchachos jugando fútbol, frente a la casa -a veces me escapaba a jugar-.
La casa era de madera, estilo norteaméricano, ubicada en un lugar exclusivo para los empleados de la compañía bananera, que denominaban la Zona. La otra forma de pasarla bien, era dormirme todas las noches escuchando a los grandes intérpretes de baladas de la época; tales como, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Juan Bau, Emilio José, Isadora, Claudia de Colombia, Miguel Gallardo, Sandro, Sabú, Palito Ortega, entre otros… ¡…Aquellos años maravillosos…! Autor: Eric Aragón 5 de diciembre de 2009
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