Todo el mundo reconoce en los 40 una de las mejores etapas artísticas de la historia del cine, encumbrada gracias a grandes directores, carismáticos actores y sobre todo la plenitud de un star-system basado en el glamour y que vivió sus mejores días desde la llegada del sonoro. El cine en aquélla época era válvula de escape a las angustias que vivía una sociedad en guerra, y entre el cine ligero, el negro, el western o el musical se completó una resplandeciente época dorada del Hollywood más clásico. En las siguientes dos décadas se fueron agotando progresivamente los estándares a la hora de hacer cine fácil y paralelamente a los cambios que sufrió la sociedad estadounidense también se generó una nueva manera de entender el cine. Los 60 pasan por ser una década que, aún a pesar de ofrecer buenos títulos, dejó al cine de Hollywood atrás en favor de un incipiente cine europeo.

Todo ello cambió con el regreso del más puro cine de autor hecho en América. La llegada de la televisión a las familias había supuesto un duro golpe a las salas de cine y los espectadores reclamaban algo más que entretenimiento: reclamaban compromiso, realidad, dureza y madurez. Y el cine maduró. Todo lo que pasó en los 70 fue algo que cambió radicalmente la manera de vestirse del cine americano, que dejó géneros atrás, explotó otros y sobre todo se cubrió de un ambiente oscuro, violento y directo.






El giro en el cine americano

La sociedad americana llevaba más de 20 años aposentada en la comodidad de una democracia que les permitía olvidarse de las cuestiones más importantes de la vida política, delegando su responsabilidad cada cuatro años y dejando a un lado los problemas serios. Todo ello cambió progresivamente y una nueva conciencia empezó a surgir en la sociedad americana; dos hechos azotaron y aceleraron este cambio: Vietnam y Watergate. Ambos casos fueron determinantes en la vida pública americana y recordaron a la población que la democracia no era el fin sino el principio, y que había motivos para estar insatisfechos.

Esta insatisfacción y rebeldía se reflejó perfectamente en el cine de los 70. Ya antes había habido conatos de lo que estaba por llegar. James Dean fue demasiado fugaz, inocente e inmaduro para calar profundamente, pero avisaba del nuevo espíritu que invadiría a los jóvenes. Cuando estos jóvenes se hicieron mayores, el cine se revolucionó. Ya antes de 1970 hubo algún film precursor, destacando Grupo Salvaje, una revolución del western, Bonny & Clyde, un ensuciamiento del cine de gangsteres, y sobre todoEasy Rider Cowboy de medianoche, auténticas mamás de las películas que estaban por llegar. Jóvenes, inconformistas, sin rumbo, libres, duros, rebeldes, escépticos, no integrados, individualistas, desmembrados, hedonistas… el arte, la música y por supuesto el cine no fueron ajenos a esta nueva ola.


Cine de autor

Con los 70 se recuperó la vieja fórmula del cine de autor, del cine personal más allá de los beneficios, del cine comprometido. Como en otras ocasiones, ello fue posible gracias a talentos inmigrantes. En este caso fueron sobre todo dos italianos los que recuperaron el espíritu artesanal y lo entremezclaron con las corrientes europeas como el neorrealismo italiano. Ellos fueron, cómo no, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese. El uno y el otro firmaron sus mayores obras maestras en el cine de los 70, propicio para su forma de ver el cine. TantoEl Padrino como Taxi Driver son películas puramente setenteras. La primera es una obra maestra atemporal, como su segunda parte El Padrino II, pero supuso un azote al concepto de familia instaurado en la conservadora sociedad americana. Taxi Driver es más sucia, más salvaje y más puramente setentera, con un personaje simplemente cansado del mundo y dispuesto a cambiarlo por las buenas o por las malas. Auténtico espíritu 70.

No sólo ellos dos marcaron la pauta de los 70. Cineastas como Sam Peckinpah con su violenta y brutal Perros de paja a la cabeza, Don Siegel y su degeneración del detective más inmoral con Harry el Sucio, Roman Polanski con su actualización salvaje del cine negro Chinatown, William Friedkin y su thriller sin glamour French Connection, Sidney Lumet y su ataque a la falsedad de la televisión en Network, John Boorman y su inquietante aventura idílica de Deliverance, John Schlesinger y su thriller político torturador Marathon Man… fueron muchos los nombres que se hicieron un hueco en los 70 a base de crear un nuevo diálogo con el espectador, una nueva manera de contarle las cosas francamente, sin rodeas, directos a la conciencia y a los sentidos.


La violencia

La vía de escape más rápida y gráfica ante la rabia y el escepticismo es la violencia y la sexualidad desenfrenada. Nada expresa mejor un malestar, un odio irreverente hacia los ideales. Los autores de los años 70 entendieron que para transmitir de manera más contundente el fondo de la cuestión era preciso tomar una forma lo más impactante posible, y ante la relajación de la censura y la madurez del público que acudía a las salas reventaron las pantallas a base de la violencia más gráfica que probablemente se haya rodado nunca en la historia del cine.

Valga como ejemplo más gráfico la adaptación que hace Kubrick de La naranja mecánica. Un grupo de drugos disfrutan como vía de escape noche sí noche también con la ultraviolencia y la violación mientras agitan y asquean a los espectadores en sus butacas. El fondo de la cuestión, si uno llega y no se queda en pamplinas sobre el fascismo, es la indiferencia y el escepticismo con que los jóvenes miran un futuro con el que no están de acuerdo, mientras prefieren vivir intensamente un rebelde presente. La violencia como protesta fue practicada por muchos cineastas ya nombrados, pero en los 70 también existió la violencia sin mensaje, sin más que la aceptación de la misma. Sam Peckinpah se encargó en Perros de paja de mostrarnos la violencia como algo inherente al ser humano, que por mucha racionalización, democratización, apaciguamiento y burguesía a la que sometamos al ser humano, éste no deja de ser un animal cargado de ira en el momento preciso. Películas como French ConnectionLa huida Rocky no dejaban sutilezas en el ambiente e iban directas a la retina.


Géneros nuevos, géneros viejos

En los 70 expiraron algunos de los géneros más clásicos, destacando la muerte definitiva del western, incluso del spaghetti. El musical abandonó la senda clásica con Cabaret y se revolucionó con The Rocky Horror Picture Show o Granujas a todo ritmo. La ciencia-ficción entró en madurez desde 2001: una odisea en el espacio y se encargó de decirnos a qué peligros podemos enfrentarnos como por ejemplo en Soylent Green. El terror también maduró y al hilo de La semilla del diablo nos ofreció su época más gloriosa por un lado (El exorcistaEl resplandorLa profecía,Alien) y más sucia por otro (La matanza de TexasLa noche de HalloweenCarrie). Surgieron nuevos géneros como el thriller político (OdessaChacalMarathon Man,Todos los hombres del presidenteLos tres días del cóndor) o el cine de catástrofes (El coloso en llamasLa aventura del Poseidón). La comedia encontró una época dorada gracias al surgimiento de Woody Allen y los Monthy Python con Annie Hall,Manhattan La vida de Brian. El cine bélico dejó atrás la II Guerra Mundial y se adentró en las conciencias americanas sin miramientos con joyas como El cazador oApocalypse now.

Todo, en mayor o menor medida, cambió en los años 70, de tal forma que las diferencias entre una película de Hollywood antes y después de esa década son tan grandes que casi parecerían de países distintos. De hecho, la cultura había cambiado radicalmente.


Se acercan los 80

Dos hombres se adelantaron a su época y, no en vano, en cierta medida hicieron surgir una nueva época. Tanto Steven Spielberg como George Lucas revolucionaron a su modo la gran pantalla devolviéndole un poco el factor lúdico y de puro entretenimiento que tenía antes de la nueva ola de autores. Star wars supuso un hito comercial y enseñó el camino a todo el cine de los 80, dedicado especialmente a los adolescentes, un nuevo tipo de público más conformista, fácil de abordar e impresionable. El equilibrio estaba volviendo de nuevo a Hollywood, para bien o para mal, y los estudios recuperaron las viejas ilusiones de la gran pantalla a base de fantasía, ciencia-ficción, aventuras y muchos, muchos efectos especiales que encontrarían su apogeo final en los 90.

Sin embargo toda la fuerza y el poderío de los años 70 se perdió, quizá para siempre, quizá hasta que la sociedad vuelva a reclamar un cine igualmente salvaje, violento, directo y personal.