Peleas de Abajo, entre la Calzada de la Plata y la repoblación al sur del Duero


Peleas de Abajo o de Iuso, como aparece en los primeros documentos medievales, es uno más de esos núcleos que paralelos al Duero por el norte y con simetría de siglos sobre la Vía de la Plata o Ruta de las Invasiones para los historiadores del Califato, medio escondida junto a su arroyo y su valle ha sobrevivido a los avatares de la historia y como un eslabón más de la cadena de núcleos resiste los embates del tiempo y de la modernidad con espíritu de futuro y con fuerza para resistir los embates que se avecinan. Asentada sobre suelos muy fértiles ha conservado de su pasado testimonios de todo tipo y éstos más o menos unidos por la habilidad del artesano, que quiere hacer arte de su oficio, nos va a recordar una parte de ese patrimonio sin más intención que conservarlo y darlo a conocer.

 

Su término municipal alcanza una superficie aproximada de 1.223 hectáreas y sus terrenos corresponden en su mayoría a  los más modernos del cuaternario, formado por terrazas y aluviones; sin embargo, hacia el SE del término le alcanzan los niveles inferiores del terciario, concretamente del período Eoceno en los niveles más altos de este período que corresponden al luteciense, formados por areniscas, conglomerados y arcillas. Formando acusados escarpes y pueden seguirse al este del arroyo Valparaíso, sobre todo entre Peleas y Corrales y también al oeste de la carretera. Se caracterizan por una alternancia de materiales detríticos, de finos a muy gruesos, muy compactos, formando escarpes que resaltan por su erosión diferencial y en algunos se señalan muestras de estratificación cruzada. La potencia total de estos terrenos oscila entre los 40 y 50 metros, sus colores predominantes son los pardos amarillentos. En la base de éstos se presenta una gruesa capa arenosa de gran interés hidrológico.

 

En estas tierras los cereales y las legumbres, junto con la vid, han sido los elementos fundamentales de su economía, y a lo largo de sus dos arroyos el Valparaíso, que corre de SO  a NE y el Jambrina que cruza una mínima parte de su término por el este y que van a unirse muy pronto, han sido dos centros de pastos importantes hasta que las nuevas roturaciones y los nuevos cultivos industriales, acompañados por los sondeos, acabaron con esa reserva natural que ha durado siglos.


Su término de forma rara y caprichosa no responde a unas líneas claras y presenta entrantes y salientes variados; en él nos encontramos nombres de viejas raíces, como Valcuebo, arroyuelo que corre casi en dirección del naciente, el Palomar y Trasdeáguila, para seguir por el Partudo y la Vega, bajar el término hacia el sureste por los Cantos hasta los Pascuales y los Barrosos, subir la raya en dirección norte hacia las Canteras y la Puñalada, las primeras vértice geodésico con 777 metros, queda dentro del término, hacia dentro la Cuesta de la Salve y la raya entra hasta el mismo casco del pueblo de Jambrina cortando el pueblo, produciéndose en algunas casas una especie de abultamiento hacia el este que corresponde al despoblado de La Mañana y describiendo una acusada curva vuelve por el Canchal a las Marquesas hasta el arroyo de Valcuebo donde iniciamos nuestro recorrido. Dentro dejamos el Calvario y la Rinconada, todo con referencias a situaciones, límites, características, cultivos o simples relaciones geográficas.

 

Sus arroyos, el Valcuebo,Valparaíso y el de Jambrina, corren hacia el norte a medida que van adquiriendo mayor entidad como corrientes continuas atraídas por el eje fundamental que limita estas tierras a pocos kilómetros hacia el norte.


 



El pueblo

 

Asentado sobre una ladera mira al valle, la cuesta ha sido utilizada para en ella cavar sus bodegas, bodegas amplias, reforzadas por atrevidos arcos de sillares de areniscas, verdaderos templos subterráneos donde se elaboraba cuidadosamente el vino de las viñas que trepaban por las laderas de sus cerros, muchas de estas bodegas situadas debajo de las mismas casas son un alarde de conocimientos y una osadía en la construcción, sin embargo, siglo tras siglo ellas han guardado celosamente el fruto de tanto esfuerzo. Cuestas, calles en cuesta, calles abiertas, amplias, es el pueblo de ayer, más cerca de nosotros, la carretera y el valle atraen con esa fuerza que hacen las comunicaciones. Casas de labradores con sus dependencias, más reducidas que en los lugares de ganado vacuno, más íntimas, más cerca de la propia vida que se desarrollaba día a día; las casas de mampostería y en dinteles y portadas sillares de arenisca con adornos y símbolos, incluso en los poyos junto a las puertas donde tantas y tantas veces se han desgranado consejas y leyendas. Las cercanas canteras de los cerros, algunos dentro del término y cuyas características son conocidas les han proporcionado ese material noble y dócil que les ha permitido tales alardes. Hoy como en todos los pueblos el blanco ha invadido la arquitectura urbana, no sabemos por qué ni en razón de qué.

 

Dentro del casco urbano destaca la iglesia últimamente renovada en parte con aires modernos, sin embargo en ella hay restos de un lejano pasado que debemos recordar.

 

La iglesia perteneció a la Encomienda de San Juan y se erigió sobre una pequeña elevación, su fábrica es de sillería y consta de dos naves separadas por arcos doblados apuntados. La nave menor que correspondería a la de la epístola tiene un paso a la capilla mayor que es cuadrada a través de un arco semejante a los anteriores y decorados con pinturas vegetales y de cadeneta muy corriente en estas tierras en los finales del siglo XVI. Esta parte correspondería en su arquitectura a la etapa cisterciense, no olvidemos el monasterio de Valparaíso; es la parte más antigua e interesante; su cornisa está decorada con zigzag y canecillos  debiéndola fijar a caballo  entre el siglo XII y XIII. En el muro norte se conserva una puerta que corresponde al siglo XVI, muestra de los añadidos y restauraciones que este tipo de edificios han sufrido al cabo de los siglos, de la misma manera que en la última restauración la torre añadida y que si responde al momento poco dice de sensibilidad artística, aunque sea un testimonio del momento en que se realiza. Hay un exceso de cemento en lo que fue atrio.

 

En el interior hay que destacar la pila bautismal, y en el mismo lado del evangelio un retablo en cuya hornacina un crucifijo del siglo XVIII. En la capilla mayor un retablo a la Virgen del Carmen neoclásico y en la predela parte de los nombres de los donantes, María Rubio, Ramona Esteban y José, el resto se ha perdido. El retablo mayor  está formado por dos cuerpos y tres calles con columnas y estípites con cuadros sobre lienzos muy deteriorados de la segunda mitad del siglo XVIII. A principios del siglo Manuel Gómez Moreno citaba y reseñó una variada colección de cuadros y tallas que el tiempo se ha llevado.

 



Lejano pasado

 

Al norte y como a un kilómetro de Jambrina en los pagos del Canchal o las Marquesas se han encontrado y estudiado materiales cerámicos y líticos del bronce inicial, el horizonte cultural es el mismo que el de las pozas de Cazurra y del Cerro del ahorcado de Madridanos. La cerámica decorada con temas de ondas escobilladas o en peine, tetones y profundas escocías y acanaladuras profundas en los bordes, encontrándose varios coladores. En cuanto el material de hueso, una espátula, una varilla con incisiones geométricas, hachas pulimentadas y sierras. El horizonte es precampaniforme, entre el 2000 y el 1800 antes de Cristo, período calcolítico. Estos datos nos demuestran cómo desde hace miles de años el hombre ha ocupado estas tierras que han ofrecido siempre la generosidad de su fertilidad natural.




 Más cerca

 

El topónimo de Peleas es dudoso su significado literal. Luchas o peleas, está claro y sin duda corresponde a esos topónimos al sur del Duero, donde se desarrollaron durante casi tres siglos algaradas y razzias con varia fortuna, máxime cuando las dos más próximas se sitúan muy cerca o junto al único camino útil, conocido y transitable, la tantas veces citada Calzada de la Plata; más fácil es localizar de Abajo, la geografía lo explica perfectamente aguas abajo del arroyo Valparaíso, sin embargo en los documentos aparece el vocablo latino "yuso” que significa "de abajo”, también aparece "ius” o "iuso”, de donde ha quedado una familia de derivados como "yusano”, de "yuso” o "yusero”, de abajo que aparecen en topónimos con frecuencia; Berceo a finales del siglo XII cita "ellos vienen cuesta yuso” y el arcipreste de Hita hacia mediados del siglo XIV dice: "somiose facia yuso”. 

Los primeros documentos donde aparece, ya asentada Peleas de Abajo definitivamente en la historia, son del 1195 y corresponde a un documento por el que varias personas donan al cabildo las tercias de los diezmos de pan y vino que les pertenecían en Peleas de Yusanas y además el derecho de patronato. Con fecha 1200, en pergamino se conserva la composición de una heredad entre el abad de Santa María la Nueva y el convento de Peleas (Valparaíso), durante todo el siglo XIII, principalmente la organización eclesiástica funciona porque se conservan abundantes documentos sobre diezmos y estos diezmos afectan al cabildo y a la orden hospitalaria a la que terminó perteneciendo con documentos de 1239 y mucho más cercanos de 1563.

 

Sin embargo a Peleas de Abajo no podemos separarla del fenómeno cisterciense de Valparaíso y así en el Tumbo el Monasterio se conserva una detallada relación de las propiedades que el citado monasterio poseía en Peleas de Abajo o de Yuso. La hacienda la componen 67 fanegas de tierra de pan llevar y un gran prado, estas fincas pertenecieron al deán y cabildo de la catedral de Zamora y de ellos las recibió el monasterio a cambio de otra heredad de tierras de pan llevar que éste tenía en término de Carrascal y San Mamed como consta en escritura pública hecha en Valparaíso entre el escribano y notario público de Zamora, Alfonso Gallego y lleva fecha de 18 de febrero de 1488, entre fray Juan de Treviño, abad del monasterio y su comunidad por una parte y Juan Ramos, maestrescuela de la catedral de Zamora y Juan Vázquez de Mella arcediano de Tineo y canónigo de la misma iglesia en representación del cabildo. El documento lleno de repeticiones y reservas es un modelo de la literatura curialense de su tiempo.

 

Durante todo el siglo XV y el XVI se conservan los datos y documentos sobre provisiones simples y en los finales del siglo XVII se funda una capellanía la llamada del Puro y a partir del XVIII, los fueros se prodigan destacando uno de treinta reales, una tierra y un herreñal cercado, citamos este ejemplo por el significado del nombre hoy vigente en el mundo rural en varias comarcas, un cortino cercado que se dedica al forraje, llamado aún hoy Herren en distintos lugares de nuestras tierras. La mayor parte de estas pertenencias y fueros pasaron a principios del siglo XIX al Hospital de la Encarnación.




 La población durante cuatro siglos

 

Como viene siendo normal partimos del censo de 1530 en el que Peleas aparece con 58 vecinos, de los cuales 56 son pecheros, los que pagan impuestos, un hidalgo y un clérigo. Ya durante el reinado de Felipe II, el censo que se manda hacer en los reinos nos dice de Peleas: "declaran auer una parroquia y su trato ser hauer pan e vino y hauer un herreo y hay 47 vezinos”, sin embargo en el censo de 1591, también durante el reinado de Felipe II aparecen 71 vecinos. En ese medio siglo que separa el primer censo del emperador Carlos V y el último de su hijo se han producido toda esa serie de vicisitudes de emigración hacia Indias, los tercios con sus levas de soldados y la huida  de la población rural, fenómeno importante como consecuencia de lo que hoy llamaríamos "acoso fiscal”, sin embargo se nota una estabilidad poblacional, que no cabe duda marcan las características de sus tierras.

 

A mediados del siglo pasado (XIX) aparecen 54 vecinos y 210 almas, notándose una importante diferencia con el de 1884 que nos señala 90 vecinos y 378 almas. Estas diferencias son notorias entre los censos oficiales o tomados sin demasiado rigor y los eclesiásticos, más precisos en esta época o por lo menos no mermados. Este hecho nos lo demuestra porque la cifra aproximada va a ser la constante a lo largo de más de medio siglo en el presente; así desde el censo de 1900 hasta el de  1960 los habitantes de Peleas están desde los 388, a los 348 del sesenta, pasando por 393, 338, 336, 337 y 359, notándose cómo en el censo de 1970 la población baja a 275 habitantes, fenómeno que nos explica una emigración interior en la década del cincuenta que alcanza la cifrade 57 personas a las que tenemos que añadir otras siete que emigran hacia el exterior, fenómeno que encaja en las constantes de la población rural española durante estas décadas.

 

El censo oficial de 1981 nos muestra una pequeña recuperación que bien pudiera ser definitiva dándonos 305 habitantes y, sin embargo, el censo parroquial nos da 210.




 Hacia el futuro

 

Peleas de Abajo con visión defuturo supo aprovechar los primeros momentos de indecisión y desconfianza de la llegada de la concentración parcelaria y concentró sus tierras. Bueno será recordar los datos de ese fenómeno a pesar de sus errores, toda obra humana los tiene, que ha dado un gran impulso a la agricultura y ganadería de la zona. La solicitud de concentración lleva fecha del 9 de marzo de 1955 y se publicó el decreto el 13 de mayo de ese mismo año. El 2 de julio se constituye la comisión local y las bases definitivas el 24 de octubre de 1958. El proyecto lleva fecha de 8 de julio de 1959 y el acuerdo el día 8 de octubre de 1960, tomando posesión un año más tarde con fecha del 4 de octubre de 1961. Se concentran un total de 1.107 hectáreas que responden a  267 propietarios que se repartían un total de 2.277 parcelas, las cuales quedaron reducidas a 362.



Ganando su batalla

 

Peleas de Abajo, que parece esconderse en el valle que le sirve de cuna, sigue tejiendo día a día la hermosa puntilla de su trabajo y hace encaje entre las parcelas y los cerros, junto al valle y recostada en la ladera mientras las nuevas construcciones levan dando un aire de rigurosa modernidad. El blanco impera ya como una consigna y cuando llegamos hasta ella y cruzamos el valle lo nuevo te asalta y te desborda; los edificios y las instalaciones deportivas modernas son el símbolo de una época y la misma torre de la iglesia le da un aire nuevo de lugar moderno. La loma que le sirve de cimiento que fue su atrio y antes sin duda su cementerio, forma  como un escarpe acogedor, pero frío y allí cuando se cimentaba la moderna torre donde había una espadaña cargada de soles y de años, allí en las viejas y desconocidas sepulturas se encontraron algunas piezas de cerámica de Olivares y que respondían alguna de ellas a épocas lejanas del siglo XVI, cuencos, vasos y platos que se conservaron a la sombra del campanario y descansaron con los que se fueron en aquellos lejanos siglos.

 

Pero hoy, mezclado entre el futuro, Peleas sigue luchando, haciendo suya la eterna lucha del hombre con la tierra y escribiendo una página diaria de trabajo y de esperanza, la que todo hombre que vive agarrado a su tierra espera hasta en el último instante de su vida terrena, haciendo suyo aquel dicho popular de que la esperanza es lo último que se pierde.

 

Peleas tiene escrito ya su futuro, lo dicen sus gentes, su valle, sus cultivos y el agua que corre escondida y feliz bajo sus cimientos. Ahí está uno de los milagros de su historia de ayer, de hoy y de siempre.


Herminio Ramos Pérez (El Correo de Zamora - 03/09/1989)           

 



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