La oración
La oración reconoce nuestra impotencia y dependencia. En primer lugar, el que ora se enfoca en sí mismo. Reconoce que es impotente . El verdadero hijo de Dios, cuyos ojos han sido abiertos por medio del Espíritu de Dios para ver lo que el hombre natural no ve, comprende que somos meras criaturas humanas, mientras que Dios es el creador y la fuente de todas las cosas.
El apóstol Pablo le recuerda a la iglesia de Roma las palabras de Dios al profeta Jeremías, declarando: Él es el alfarero y nosotros el barro (Ro. 9:21). El Señor Jesús le enseña a sus discípulos: separados de mí, nada podéis hacer (Jn. 5:5).
Dios en estos días nos llama y nos sale al encuentro preguntando (Gén 3:9)
El Señor, el Dios de dioses ha hablado. Él ha llamado (Sal 50:1)
¿Dónde estás? ¿En qué estas?
Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los creé, los formé y los hice. (Isa 43:7)
Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días. (Jer 2:32)
¿Cuál será nuestra respuesta?
“Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jer 29:13)
¿Por qué no oramos? ¿Por qué orar? ¿Para qué orar, si Dios ya tiene el perfecto control sobre todas las cosas? ¿Por qué orar, cuando Dios ya sabe lo que le pediremos antes de hacerlo? La falta de oración demuestra falta de fe, y falta de confianza en la Palabra de Dios.
¿Por qué orar?
Porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos. (Isa 56:7)
Oramos para demostrar nuestra fe en Jesucristo, que Él hará conforme a lo que ha prometido en Su Palabra, y bendecirá nuestras vidas abundantemente, más de lo que pudiéramos esperar (Efesios 3:20). La oración es nuestro principal medio para ver la obra de Dios en la vida otros.
La oración es una forma de servir al Señor (Lucas 2:36-38). Oramos porque Dios nos pide que lo hagamos (Filipenses 4:6-7)
Y siendo el medio por el que nos conectarnos al poder de Dios, es nuestro medio para defendernos del enemigo y su armada (Satanás y su ejército) ante al cual estamos indefensos para derrotarlo por nosotros mismos.
Por eso, que Dios nos encuentre con frecuencia ante Su trono, porque tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo, Jesucristo el Señor, que puede identificarse con todo por lo que atravesamos (Hebreos 4:15-16).
Tenemos su promesa de que la oración ferviente del hombre justo puede lograr mucho (Santiago 5:16-18) Que el nombre de Dios sea glorificado en nuestras vidas, creyendo en Él tanto como para acudir con frecuencia ante Él en oración.
. No tenéis... porque no pedís (Stg 4:2)
¿Qué Orar?
A veces pensamos que orar no es más que PEDIR cosas a Dios. PEDIR es solo una parte de la oración. (Mateo 7:7), pero la oración es más que PEDIR.
La oración incluye CONFESIÓN. Siempre que he pecado o desobedecido a Dios, necesito ir a Dios en oración y confesar ese pecado. La confesión es una parte importante de la oración. En el Salmo 51 y en el Salmo 32 encontramos oraciones de confesión.
La oración incluye ALABANZA. Alabar significa decir a Dios cuán grande ÉL es. Al meditar en el amor y la misericordia y el poder y la santidad de Dios, empezamos a darnos cuenta de cuán grande Dios es en realidad. Dios quiere que le alabemos en oración. Encontramos ejemplos de alabanza en Daniel 2:19-23, 1 Crónicas 29:10-13 y Salmo 103 (y en la mayoría de los Salmos).
La oración incluye ACCIÓN DE GRACIAS. “Dad gracias en todo” (1 Tesalonicenses 5:18 y Efesios 5:20). Nos acordamos de pedir cosas a Dios, pero a veces nos olvidamos de dar gracias a Dios por las oraciones contestadas. Podemos aún dar gracias a Dios cuando nuestras oraciones no son respondidas (como nosotros quisiéramos) porque Él sabe lo que es mejor. Cuando oramos, podemos preguntarnos, ¿Por qué cosa puedo dar gracias a Dios en este momento?”
La oración incluye INTERCESIÓN u orar por otros. El Señor quiere que oremos “por todos los santos” (Efesios 6:18) y “por todos los hombres (1 Timoteo 2:1).
¿Cómo Orar?
Cuando oramos, nos acercamos a Dios, quien es el mejor AMIGO que una persona puede tener. Hable con Él, como hablaría con un amigo. Sea honesto con Dios. Cuéntele sus problemas (Filipenses 4:6). Dígale sus necesidades. “Derramad delante de él vuestro corazón (Salmo 62:8).
La mejor manera de aprender a orar es orando.
No necesita usar palabras grandilocuentes cuando ora a Dios y no se preocupe si pareciera que otros oran mejor que usted. Dios no está tan preocupado por las torpes palabras que salen de nuestra boca. Está interesado en nuestro corazón.
El tiempo de oración no es un tiempo de exhibición (Mateo 6:5-6). La oración es entre usted y el Señor y los demás no necesitan saber de ello. No repita lo mismo una y otra vez (Mateo 6:7).
No hablamos a las personas de esa manera, por qué habríamos de hablarle a Dios así. Si es posible, cierre sus ojos al orar. Esto ayuda a concentrarse y a no distraerse con las cosas que uno ve. Las oraciones en público deberían ser cortas, pero las oraciones privadas pueden ser más largas.
“Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jer 29:13).
|