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Febrero, 2012
Primera entrega de la nueva novela corta...
Jesucristo…
ni fue fraile
ni taxista
(en la parada taxi de la Plaza de Catedral
desde donde el padre de un comunista amigo, Antonio, arrancaba cada día llevando molestos culos ajenos
y sotanas repletas de nalgas con grasa…)
Antonio Javier Gómez Jiménez
La laguna, Tenerife,
mayo de dos mil once – 21 de febrero de dos mil doce
Escrito en silencio nocturno, y luego transcrito informáticamente con añadidos bajo la audición de Dimitry Simonchik, interpretando a la Primera parte de la Sonata 14, de Beethoven.

…no se puede (pero sí se debe) herir la sensibilidad a quien no la conoce o carece de ella.
Durante más de dos mil años se viene hablando desde esquinas defecadas y desde púlpitos para defecar sobre el conocimiento del pueblo a propósito de la vida de alguien que tuvo por nombre ciertamente Jesucristo.
El devenir y la deriva de su existencia fue cobrando moho con hongos fétidos de mentiras, mitos, leyendas, que empezaron con un simple rumor, tanto que trastocaron la verdad. Por ejemplo, su padre, de nombre Diosdado, fue engañosamente llamado José, y su madre, Eva, fue falsamente emparentada con un tal Adán, apodada María, por parte de quienes dijeron vivían en un kilométrico chalet adosado al que llamaron paraíso, pues a él aspiraba toda la burguesía, cual parasitaria, la creyente y la descreída.
Aquel cuento que se forjó por intereses de unos y de otras, por fin va a ser desenredado en las siguientes páginas, tras dos milenios con sus casi ya veintiún siglos de patrañas. La buena mala fe de quienes hablaron de Jesucristo o de quienes creyeron en el inventado Jesucristo que desde el poder dibujaron, maquillaron y crucificaron a su imagen y semejanza, está a punto de morir, recobrando su vida y descansando en paz el hombre que entre su piel habitó.
I
Después de tanto tiempo y antes de que pase de moda voy a hablarles desde estas páginas sobre quién fue realmente ese hombre conocido por el nombre de Jesucristo. La conclusión que van a obtener tras la lectura no es sólo que como bien enuncia el título de entrada, Jesucristo ni fue fraile ni fue taxista, sino que además si algo ni fue ni hizo es lo que sobre él se haya escrito, hablado, inventado o fabulado hasta hoy.
Jesucristo no es cierto que muriera crucificado. Nadie en sus cabales hubiera permitido ni que lo colgaran a unos troncos en forma de cruz, y menos aún que en vez de atarlo y colgarlo le hubiesen perforado las palmas de las manos o los brazos con clavos de ninguna especie. Lo de la corona de espinas ni de broma. Para que quede más claro, Jesucristo tampoco murió entonces a los treinta y tres años, por lo que más mentira mayor, si cabe, es que resucitara quien nunca estuvo muerto en tan cacareado evento de la crucifixión.
A propósito de su nacimiento y su origen pues claro y evidente es que Jesucristo vivió muy cerca siempre de algún camino, cada vez más al borde mismo, comúnmente transitado por pastores, emisarios, viajeros, curiosos, etnias errantes, ejércitos y soldados de la entonces realeza imperial. También monjes y frailes que transitaron aquellos senderos darían testimonios de Jesucristo, quien sin necesidad de Internet y sin afán de protagonismo alguno, se sentaba por la tarde, tras almorzar, en el frontal de su choza de madera y no había peregrino ni peregrina que no detuviese o no se detuviese a confortarse con agua y algo de pan cuando por allí pasaba. Lógicamente, no siendo egoísta, Jesucristo convidaba al peregrino aquellos refrigerios, solidariamente. Que luego quieran llamarlo milagro… Pero por lo que era conocido fue porque tras años y años todo Quisque sabía que si delante de su cabaña pasaba, siempre sería recibido, pues Jesucristo ya por costumbre y para evitar que el visitante pernoctara en su cobertizo, era más sencillo reforzarles el estómago y que siguieran hacia delante hacia el remate de la faena que por allí le había o hubiese y hubiere hecho cruzar pasando.
II
Jesucristo tuvo por padre a un leñador cuyo nombre jamás fue José. Verdaderamente su padre se llama Diosdado, y por ello que desde la infancia de Jesucristo las visitantes y los visitantes lo conocían por el hijo de Dios, el leñador que también era conocido por dar cobijo a quien durante los días, las tardes y las noches de intemperie más abrupta, solicitaban unas cuantas horas de posada hasta el escampe.
Y si Diosdado fue de madera para hogueras próximas y vecinas, también la compañera colaboraba en el oficio, especializándose en la carpintería, en utensilios como cucharas, tenedores y piezas del cabello para las mujeres de los mismos o simplemente de la comarca.
Así transcurrieron años y años, y Jesucristo, a falta de niños y de niñas en el vecindario de arbustos y piedras, a lo sumo, aprendió de otras latitudes merced a lo que tanto viajero relataba al calor del fuego en la improvisada posada de Diosdado. La madre, por nombre Eva, y no María, a veces tras o mientras trabajaba la madera, realizaba mermelada de manzana extrayéndolas de los frutales del camino o de las manzanas que en el trueque tradicional obtenía de y con quienes solicitaban cucharas y similares utensilios.
III
Eva, compañera de Diosdado y luego madre de Jesucristo, sabiéndose atractiva, y estando ausente el leñador Diosdado, padre de Jesucristo, para que los viajeros no alargasen su estancia con otras pretensiones, les hacía el cuento de que no tomasen la mermelada sino salvo al llegar a sus destinos, pues en caso contrario no lo hallarían si consumían el dulce manjar allí mismo. Había quien desoía el consejo, y a pocos metros de la choza donde residían (Diosdado, Eva y Jesucristo) la comían y fruto de la digestión quedaban sin remedio a la sombra de algún árbol adormiladamente, retrasándose la hora estimada de culminar el trayecto (fuera por motivos comerciales u otros intereses). Por lo tanto, el paraíso, simbólica y figurativamente, era el destino de cada quien. Que lo culminase o no, ya era harina de otros costales. Hay quien descubrió el paraíso a la sombra.
Jesucristo, entonces, si un ejercicio ejerció durante los primeros años de su vida hasta los quince años de edad fue el de escuchar las conversaciones que su madre, Eva, y su padre, Diosdado, mantenían con el personal, ya fuera en el borde del camino que lindaba con la parte delantera de la choza de madera, o ya fuera durante el recorrido que iba acompañando desde la casa hasta el bosque del cual Diosdado extraía leña, a base de golpes de hacha, de la cual luego se extraían a su vez las trabajadas chucharas que Eva tallaba pacientemente, con técnica. Hubo quien de dicha técnica extrapoló la composición del talle de percheros en la era incluso de la revolución industrial. Y es que en el viraje de la naturaleza, el ecosistema había fluctuado tanto hasta hoy, que allí donde antes los árboles manaban del suelo de la tierra, luego sólo quedaron desiertos inhóspitos.
IV
Es famosa también aquella cena en la cual un grupo de peregrinos jóvenes de la edad de un Jesucristo ya no tan adolescente se celebró en la trasera de la choza. No habiendo conseguido esposa todavía, Jesucristo se aficionó durante mucho tiempo a hacer amistades, y a visitar y a acoger a muchos de los nuevos compañeros. En tal ocasión, estando preparadas doce cucharas que había encargado un potentado terrateniente, cacique a las órdenes del jerifalte de turno en palacio, pero no habiendo el emisario venido a recogerlas en la convenida fecha estacionaria, Jesucristo no dudó en celebrar un pucherazo y convidar a aquel grupo de peregrinos, entre los cuales estaba Judas, Mateo, David, Moisés y ochos tantos más. Lógicamente, la madre, Eva, que esa noche había salido con Diosdado a visitar a un conocido que velaba a su abuela, se ofendió bastante con Jesucristo, pues las cucharas mojadas no serían del agrado del jerifalte ni de su emisario si fuera el caso de que en aquel o cualquier momento se presentasen.
Lo cierto es que en la cena corrió el vino, el pan, el pescado, los frutos secos y también hubo algún que otro escarceo amoroso con una joven que era hermana de Judas, con catorce años pero de instintos sexuales muy naturalmente despiertos. No es cierto que Magdalena tuviera auténticamente tal nombre, pues ciertamente se llamaba María Juana, pero sí es cierto que ocho o nueve de los allí presentes intentaron en algún momento de la reunión nocturna darse con ella el gusto y a buen seguro que lo consiguieron para orgasmo placentero. Y ella más…
Sin embargo, luego se ha contado que María Juana les había cobrado cual si de prostituta se tratara, mas no hubo dinero de por medio en ninguno de los ocho depósitos carnales de polvos consecutivos que discretamente acontecieron en el camastro de Jesucristo entre los luego llamados apóstoles de María Juana. La cual, no satisfecha del todo, aquella noche, cuando cada cual se retiraba ya a sus lugares de procedencia, trató de quedarse a dormir con Jesucristo en la choza materna y paterna de aquél.
No llegando del velatorio Eva y Diosdado, Jesucristo y María Juana se dedicaron toda la noche hasta el amanecer a fornicar con ganas y sin reparo. De cuya relación carnal nacería nueve meses más adelante el primer hijo de Jesucristo, el cual recibió por nombre Juan. El cual, lógicamente, María Juana crió ella sola, pues no sólo cabía la posibilidad de que Jesucristo no fuera el inseminador de la criatura, pues cualquiera de los nueve con quienes había follado esa noche podía haber sido el dispensador del certero esperma ovulado. Sólo al transcurrir de los años, cuando Juan fue creciendo, María Juana comprobó que el parecido indudable de su hijo con Judas era idéntico, tanto en color del cabello, rojizo, las pupilas verdes, la nariz chata y el prominente mentón. Judas, habiéndose ya hermanado con otra hembra llamada Isabel, no pudo ejercer de padre de Juan, lo cual ofendió a María Juana, que fue a buscar nuevamente consuelo con un Jesucristo que ya sumaba los treinta y tres años.
No siendo frecuente que padre no auténtico de hijo alguno suplantara esa figura para ejercer como cual mismo, Jesucristo, soltero, no dudó en consolar a María Juana y en representar ante Juan el rol de padre. Que ya llegaría la edad de explicarle a éste la verdadera historia de su concebimiento y engendramiento.
María Juana, entonces, quedóse a vivir con Juan, en casa de Jesucristo y la supuesta abuela Eva y el supuesto abuelo Diosdado. En realidad no fue mal para el negocio floreciente de tallar cucharas. Porque a cada cierto tiempo aquellos compañeros, Mateo, David, Judas, etcétera, venían con pedidos de cucharas desde sus aldeas respectivas, lo cual también era buena excusa para visitar a Jesucristo y de paso gozar de los placeres de María Juana, quien seguía y siguió soltera cual Magdalena hasta que por fin conoció a un viajero por nombre Clementino, al cual le fallaba un ojo y un oído. Jesucristo, con algún conocimiento en curar estos males, pues más de algún que otro animalito del bosque había sanado durante las jornadas de recogida de leña, extrajo algunas astillas a Clementino, tanto del oído como del ojo derecho. Éste, agradecido, habiendo escuchado la historia del hijo, Juan, de María Juana, no dudó en proponerle ejercer de padre, además de amante y esposo. Así fue como desde entonces Jesucristo cogió fama en la aldea, de sanador, milagrero y buena persona. Y Jesucristo, por no desilusionar a quienes con alegría así lo veían, siempre relataba las historias que cada cual esperaba escuchar.
De haber nacido actualmente, sin duda Jesucristo hubiera pasado perfectamente como un notable y sobresaliente psicólogo de barrio, incluso de barrio residencial. Conocía a todo tipo de personas, tal cual cientos y casi miles de personas durante su infancia transitaron por el camino universitario que bordeaba su hogar. Y también conocía las mentalidades de las personas y sus formas de reaccionar tan diferentes antes hechos como los niños bastardos, las aparentes curas milagrosas, los negocios de emisarios, las pretensiones de los jerifaltes, las exigencias de los cobradores de impuestos por cucharas, etcétera. Por lo que bien pudo también haber entonces ejercido hoy también el rol de periodista.
V
Jesucristo, en primeras resumidas cuentas, nació de la relación entre Eva y Diosdado, carpintera talladoras de cucharas, ella, y leñador, él. Vivió un cuarto de su vida a la orilla de un camino de Judea, trazado del desarrollo histórico de la humanidad que conoció, lo que le permitió conocer a todo tipo de ilustres y de ignorantes, hombres, mujeres, niños y niñas, así como burócratas o emisarios del Imperio de Herodes, un marica burgués aficionado a escuchar las habladurías de monjes, curas y vendecuchillos que hasta palacio venían porque no tenían donde copular gratis. Las doncellas de Herodes, insatisfechas del degenerado marica que fue Herodes, se saciaban ante la llegada de la tropa de parásitos. Los cuales, celosos de que todas las hembras mentaban al bueno de Jesucristo, fornicador y trabajador notable, además de terapeuta comunal, fabularon que Jesucristo no era sino hijo de un demonio llamado Diosdado, cuya compañera, Eva, era una barata cucharera inútil y fornicadora compulsiva, todo lo cual la historia verdaderamente ha demostrado ser falso, erróneo y malévolamente tergiversado.
Por lo tanto, lo que también es cierto es que a la edad de 33 años Jesucristo no murió, sino que emprendió un viaje del cual a partir de estas páginas conoceremos detalles numerosos. Adelantar que todo lo ocurrido durante eses tiempo hasta el último día de su vida y muerte, no podría contenerse ni en cien mil biblias enciclopédicas, pues no hay vida de persona alguna que allí pueda reducirse si no es condensada. Jesucristo, pero sí para detalle relevante, se sabe por fuentes lógicamente irrefutables, pereció de más de cien años. Durante aquellos últimos días, de regreso a su primera morada de madera Jesucristo, quien había aprendido a escribir a la edad de ochenta y cuatro años, trató de escribir su propia biografía, y quedándose dormido a la vera de una mesa donde una vela iluminaba su escritura, quedó abrasado por el fuego, sin enterarse de nada pues había perdido el conocimiento por el asfixiante humo del cobertizo. Quemándose en el fortuito accidente el tocho de más de quince mil páginas que entre los ochenta y cuatro años y los ciento cinco, había ido escribiendo. Prueba de que esta historia sí es la cierta, es que algunas hojas fueron rescatadas a los pocos días por algunos de aquellos nietos de antiguos peregrinos, que a sabiendas por sus padres y sus madres de aquella choza que tanta sed y hambre habían saciado al peregrinaje cotidiano, solían seguir transitando aquel sendero, el cual hoy todavía pervive sin haber sido trazado por asfalto, no más sombreado por cables de alta tensión eléctrica. Y fue un nieto de Juan, el hijo de María Juana, quien precisamente más hojas pudo rescatar de aquel manuscrito de Jesucristo. De algunos de sus pasajes luego de sobresanaron, infirieron y dedujo hechos que de boca en oído portados, fueron cobrando versiones y malinterpretaciones, interesadas unas, malintencionadas las otras.
De aquellas hojas escritas durante aquel viaje que emprendió a la edad de 33 años hasta la de los ochenta y cuatro, en cincuenta y un años de experiencias nunca dejó de volver el veinticuatro de cada diciembre a visitar al cada vez más anciano Diosdado y la cada vez más anciana Eva, quienes más de una vez quedaron al cuidado de los tres hijos y las dos hijas que Jesucristo les concedió como nietos y nietas, de su relación con Macarena, hija de una aldea vecina e hija de un albañil y de una cocinera de palacio.
VI
Jesucristo durante aquellos cincuenta y un años de periplo por su aldea y los lugares remotos a pie más colindantes, aprendió y ejerció muchas ocupaciones, durante tiempo a largas temporadas, y otras no menos intensas: zapatero, costurero, leñador, alfarero, curandero de animales de rebaño, pintos, emisario, pescador, posadero, tabernero, no hubo oficio que se le resistiera. Y en todos ello extrajo y generó conocimiento, además de contemplar, desde el anonimato, como paralelamente se iba edificando una leyenda sobre él mismo, que lo daba por muerto y crucificado, cuando estaba vivito y coleante.
Jesucristo, hijo de Diosdado, el leñador, y de Eva, la talladora de cucharas, vivió plenamente sus ciento y cinco años de existencia. Jamás le faltó un compañero y nunca supo de depresiones, pues la vida le permitió conocerse a sí mismo tanto como los antiguos sabios griegos de Atenas se autoretrataron. Pero a diferencia de Sócrates y similares vasallos de la ciudad de Atenas, Jesucristo no se refugió bajo las fajas ni el manto protector del poder. Ni se dedicó a la política palaciega ni a montar monasterios para barrigudos parásitos. Por lo tanto, ni fue fraile, ni maltrató a caballo ni a yegua alguna transportando a burguesías escleróticas en carruaje alguno. Jesucristo, ni fue fraile ni taxista, es la definitiva y oculta historia hasta hoy desconocida de este hombre que en vida ejerció como obrero y murió tratando de ser escritor. Tanto que lo consiguió incluso sin haberse inventado imprenta alguna. Su fotocopiadora andante fue la saliva de boca en oído que Juan, su hijo adoptado por unos años, puso en marcha cuando rescató y difundió aquellas páginas resucitadas del fuego. Ese fue el único y verdadero hecho que Jesucristo conoció si de resucitar se trata, pues demostrado queda a lo largo de los siglos y de los días ahora mismo corrientes que nadie cuyo corazón se haya detenido por más del tiempo prudencial más o menos inexacto por su propio pie o por sus propias manos se haya reincorporado del piso que por último instante piel de su epidermis besara. Menos aún un corazón que como el de Jesucristo quedó calcinado y chamuscado, como trozo de hígado en el sartén al fuego, debido a la vela que más de quince mil hojas el había acompañado durante la estación vital que Jesucristo dedicó durante veintiún años a escribir glóbulo a glóbulo rojo de líquido sanguíneo de ave de plumaje negro.
VII
Jesucristo es posible que no alcance la fama que los años sin duda darán a Michael Jackson o cualquiera de los Beatles, posiblemente no tanto tampoco como Elvis Presley. Cuando ya nadie recaiga en la sarta de mentiras que la empresa eclesiástica católica, apostólica y romana ha vertido entre las masas confusas y difusas de todo continente, y cuando nadie esté interesado en quién fue aquél hijo de leñador, y ebanista, aflorará la certeza de alguien que fue fan anónimo para sí mismo como líder espiritual o religioso para sólo las masas engañadas y sometidas a historietas de muy escasa realidad y menos posibilidad de probable existencia.
Anoche mismo un documentado historiador sobre la vida real o ficticia de quien fue Jesucristo, lógicamente negaba la existencia del mito viviente que la Iglesia clavó en la cruz hace doscientos decenios. Incluso documenta en su obra que los mismos lacayos del Vaticano, sendos Papas, dejaron por escrito la imposibilidad de probar que aquel hombre existiera más allá de lo místico y de la fe con burbujas generada. Y no se equivoca, ciertamente, porque el Jesucristo trazado imaginariamente es sólo una fábula grotesca y muy totalmente distorsionada del Jesucristo que ya aquí hemos empezado a describir.
De la misma manera, algún anarquista mismamente dice que Jesucristo nunca ha existido, y tiene razón al evidenciar todas las contradicciones derivadas de las santas escrituras supuestas, así como de los viejos o nuevos testamentos novedosos por anónimos escribientes.
En el mismo ejercicio cabe citar al portugués que trazó otra fábula sobre el supuesto evangelio según Jesucristo, que vino a poner a la Iglesia católica con las vergüenzas al aire del balcón, retratando un Jesucristo humanamente humano y crucificado por Dios, sin perdón de él antes de morir: "Perdonadle, porque no sabe lo que hizo conmigo”, finaliza la novela un José Saramago que pinta un Jesucristo clavado en la cruz que expira su último aliento mirando a las masas a sus pies: ""Perdonadle, porque no sabe lo que hizo conmigo”. Pero esta no deja de eser una versión excelente para desmitificar al Jesucristo que el guión y los guionistas del teatro de la Iglesia y toda su putrefacta jerarquía se ingenió para lucrarse de los leprosos mientas el caviar rodaba bajo los intestinos de sus blancas y planchadas sotanas con bordes de oro.
Esencialmente, Jesucristo fue todo menos lo que contra él se haya escrito o dejado de escribir. Y si rastreamos en su infancia hallaremos las causas y los azares de quien ni fue un enviado del cielo en época en donde los aeropuertos no habían sido ideados, ni murió en cruz de madera alguna para resucitar al tercer día de crucifixión que no se produjo.
VIII
El día de su nacimiento, el dieciséis de abril del año cero de su propia era, Jesucristo empujó el vientre hacia el útero de Eva con la misma o similar intensidad que nueve meses antes, aproximadamente, el dieciséis de septiembre del año anterior, saliendo de verano y entrando en otoño, Diosdado fue sorprendido por Eva cuando fuera de la casa tomaba el fresco tras una dura faena cortando y cargando leña desde un cerro contiguo. No habiendo sombra de lagartija alguna, Eva y Diosdado terminaron copulando a la intemperie misma, con sus cuerpos y torsos desnudamente recibiendo el aierecillo de la brisa que flotaba enredando el fragor del placer sexual que los embebecía. Para reanimar previamente a Diosdado y sonsacarlo de su duermevela con Morfeo, Eva previamente había acercado sus pómulos enrojecidos y su boca a la entrepierna de un Diosdado pronto dispuesto a la reacción con erección inmediata. De ese agite de sudoroso vaivén reconfortante, nueve meses consiguientes Eva creció de tripa y púsose de parto. Durante abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre y cinco días de enero de año posterior, Jesucristo ya andaba irguiéndose a la par que se sujetaba a alguna hilera de troncos arrimada por Diosdado a un costado del frontal de la choza. Atado con unas ramas silvestres, aquel bulto de quince trozos de cincuenta centímetros cada uno sería luego recogido por algún hombre que de asno ya veterano se hacía acompañar. Leña al fin y al cabo para hacer fuego y preparar algún guiso en la aldea vecina de la comarca. El cual, sin Diosdado presente, y sin molesta a Eva, metida al filamentar las cucharas, dejaba un bulto en correspondencia, fuera ya de frutos secos como castañas, nueces, almendras con dos o tres vasijas de arcilla que él mismo moldeaba con los dedos de sus manos curtidas pero suaves de rozar arena, agua, barro y lugumentos de elaboración propia. El puto trueque, sin embargo, ahora era acompañado de la mirada sorpresiva de un Jesucristo que con nueve años de edad observaba como aquel hombre cargaba los maderos de leña a los costados del asno paciente ya remojado en el balde por Diosdado repleto para el viajante, quien se desprendía del bulto de frutos secos en compensación y mirando fijamente los ojos cristalinos, atentos y felinos de Jesucristo, se acercó y acarició la cabeza del niño ya en pié puesto que correteaba entre sonrisas ayudándose del so porte de más maderos. Buen niño, fueron las dos palabras que el hombre acompañado del asno pronunció, Jesucristo escuchó, y su fornida mano acarició la cabellera ya casi toda ondulada del rizado cabello de Jesucristo. Mismas dos palabras que escuchó al mes siguiente y al otro y al otro también, por lo que no es de extrañar que Diosdado y Eva, una noche se sorprendieron escuchando que entre sueños, Jesucristo, envuelto en los telares a los pies del camastro, les despertara al tiempo que decía sin pronunciar palabra más alguna: Buen niño. Jesucristo quizás empezó, gracias a aquel encuentro, a trazar su personalidad con identidad propia: buen niño, buen niño, buen niño, buen niño… y así se volvió a quedar en silencio y Eva y Diosdado, ya despiertos en la madrugada se dejaron seducir por el mutuo roce de las carnes y de los bellos púbicos de macho y de hembra que la naturaleza les había hecho florecer. Las horas de ausencia entre que uno cortaba leños y la otra los perfilaba de entre cuchara y cuchara, quedaban colmadas con dos, tres o cuatro arremucos de orgasmo intenso cada cual.
IX
(permanezcan serenamente atentos y atentas a próximas entregas durante febrero y mayo...)
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POEMARIO BREVE
Detrás de detrás
Verano, 2009
Quizás todavía
La calma se encuentra dormida
entre las sábanas del tiempo.
El goce de sentir una caricia
un rayo de sol
refresca el corazón, la mente.
Aquellos lamentos sean del pasado
este presente va repleto de horizonte.
Pasos y latidos florecen.
Alientos en las bocas de niños y de niñas
corren sin ponerse zancadillas unas a otros.
Días para huesos que respiran
mueven, saltan.
Detrás de detrás
Detrás de detrás del silencio sin esqueleto
no hay ni quedan respuestas ni explicaciones
reproches, verdades, certezas o palabras
detrás de detrás sobren interpretaciones
ecos, horas, papeles casi en blanco
páginas entre márgenes, pupilas, recuerdos
siempre detrás de detrás
detrás de detrás de la mismísima existencia
de dormidos sueños, miradas, esquinas
mares de fondo
detrás de detrás de Pablo Neruda
detrás de detrás de Mario Benedetti
hoy se ha ido y parece que no
porque sólo conocí sus libros en el estante
y detrás de detrás del negro, del gris, del blanco
detrás de detrás del cielo, del infierno
detrás de detrás del principio
detrás de detrás del final de los finales
detrás de detrás de cualquier abismo por conocer
un poco más allá de aquí y de allí mismo
sólo un poco más
detrás de detrás, sólo un poco
detrás de detrás.
Para esquivos días
Esta noche parece que el cuerpo
olvidará que estuvo tendido en reposo
que en algún lugar de nuestro planeta
en algún nido de un árbol
la cáscara de la vida saludó a algún pájaro
con aire.
Pero tú seguías ahí detenida
esperando a cogerme de una mano
me hiciste levantar, temblaste
cuando los dedos pulsaron tus teclas
en este movimiento de ejes de trompos.
Al lanzarlo hacia el piso sentiste
que el cordón quedó en tu mismo puño
lo enrrollaste sin pensar
fue al bolsillo trasero del pantalón
buscas con la mirada hacia delante
una adivinanza nueva para traspasar otro día
iniciar el recorrido del tiempo que has de tejer sólo tú, tú, colectivamente.
Hoy ha muerto alguien que yo no era
Hoy ha muerto alguien por mí desconocido
puede ser que fuera incluso yo mísmo
quien huye de sus sombras, del miedo
como quien va hacia la luz o busca abrazos.
Hoy ha muerto alguien por mí desconocido
tal vez no fuese más que usted, o yo
tanto que parece que para usted ya da lo mismo
que sea yo quien piense que no lo sea.
Hoy ha muerto alguien por mí desconocido
asesinato prolongado desde cualquier infancia
ahora que renace va a llorar
al escondrijo, en soledad, sin amistades, a secas.
Hoy ha muerto alguien por mí desconocido
era necesario enterrar a alguien en su tumba
con hacha de guerra, sombras de la luz
buscando a tientas refugio cual trinchera.
Hoy ha muerto alguien por mí desconocido
dice parecerse cada vez más a mí
detrás de aquella máscara que entre todos hicieran
para protegerme de mí mismo, ante yo, o cualquiera.
Rastreo de bajos fondos
A veces hay que patear las alcantarillas
recobrar la humanidad perdida
esos compañeros golpeados que flotan
sumergidos entre tierra casi a la cintura
golpes, golpes, más golpes con heridas
cicatrices, cerradas duelen dentro
para siempre el cuerpo tragárase las quemaduras.
A veces hay que rastrear las alcantarillas
darse cuenta, recapacitar entre errores
errores ahora, mañana aciertos
según como se plantee de nuevo tu partida.
A veces las alcantarillas lo son todo
cuando dejamos de esconder la mirada
será cuando pensemos que en el fondo
era todo arriba y todo abajo casi todo y más de lo mismo.
Gotas de aceite en el alma
No me gusta la palabra alma.
Lo que no existe resulta muy pobre.
Hay gente a quien duele la vida
cortante el pecho le aprieta
las hierve una gota de aceite
en su carne herida y abierta
tanto que no hay agonía en su insufrible tortura.
Tratos con...
He tratado de buscar sin detenerme
hallar un motivo de lucha
sin saber que era la lucha misma
acaso no encontrar sentido en esta guerra.
He tratado de hacer pactos cada noche
con cada sueño triste, o de alegría
con cada esquina, en la red del colchón
del tiempo que me da la vida generosamente.
He tratado de tratar conmigo un silencio
retirada estratégica, plan clandestino
sombra en donde la nitidez hacia fuera
permita deducir cauces de aquel torrente.
He tratado de sentarme en este cielo abierto
aunque carezca de respaldo en este rincón
sin miedo a que un viento sople tras de mí
sin buscar equilibrio, sólo mirar de frente.
He tratado de aplaudir mis propias decisiones
esqueleto, pestañas, pupilas, oídos
todo cuanto puedo controlar hacia el destino
andaré aunque sea a rastras entre la arena de las nubes.
Encuentro
La vida no ha sido tan mala
la vida ha sido buena
porque te ha traído hasta este papel
compartimos de este gran fragmento, un instante
movimiento, pulso de mi mano
vocabulario casi carcelario de lo que siento
ondulante baile de tus pupilas
conmigo.
La vida ha sido buena
te ha traído hacia mí
hasta aquí, yo me quedaré
tú marcharás tras este encuentro
pero te estaré esperando
siempre muy cerca, muy cerca
así que si pensaras que vas sola
recuerda aquel día, tarde, noche
en que la vida fue también buena para ti
porque tú me atraiste en forma de papel
me quedé en tu mirada, como un beso
casi casi húmedo.
Eternidad pasajera
Lo más eterno que conocí fue una lágrima
todo el segundo entero que recorrió por mi mejilla
llevaba un caudal de corazones, latidos
arenas de desiertos, polen de la tierra
nubes con o sin viento, semen, gritos.
Lo más eterno que conocí fue una lágrima
derramada por mí, por ti, ya da lo mismo
la humedad me hizo empapar las arrugas
como la lluvia moja los campos secos.
Lo más eterno que conocí fue una lágrima
también mojó el espejo en otro tipo
olvido, historia, fue lágrima única en su sentido.
Lo más eterno que conocí fue una lágrima
no la importaba nunca sentirse sola.
Lo más eterno que conocí fue una lágrima.
A quién ofende las palabras
A quién ofende las palabras
construidas sobre el amor, la sangre
a quién ofende las palabras
que se susurran al oído como el hambre
a quién ofende las palabras
del corazón abierto que late hacia el eco
a quién ofende las palabras
debajo del papel de envolver con guirnaldas
a quién ofende las palabras
testimonio de rastro, huida, encuentro
a quién ofende las palabras
que iban dedicadas anonimamente
en un principio
a quién ofende
a quién ofende las palabras
a quién.
A quién incomoda este silencio
A quién incomoda este silencio
antes, durante, después de este discurso
pronunciado, callado, asesinado, o declarado
a quién incomoda este silencio siempre tan abierto.
Particularmente contigo
Ojalá este canto pueda compartirlo
todo lo que dio de mí ya no es mío
ojalá se descifre ya el mensaje
aunque ahora resuene allá en la lejanía
ojalá seas tú nuevamente pentagrama
armonía liberada, toquemos el cielo
en la tierra más fértil del secreto
ojalá este canto pueda compartirlo
particularmente contigo
renazca alrededor la primavera
calor con frío, arboledas del otoño
el sol partícula a partícula
nos permita hacer la vida que queramos
ojalá este canto
sea el canto preferido
particularmente contigo.
Uno se pregunta
Sólo por afán de preguntar sin más afán alguno
de hallarse respuestas
sólo por dudar
qué sentido entre la miseria o de la relativa abundancia
uno se pregunta.
Qué día fue el del primer abrazo
roces, labios, caricias al cabello
qué erosión deja luego convertido todo
en un panal de miel reseco, grisáceo, mustio
uno se pregunta.
De algunos momentos de presunta gloria
no queda más que una torpe vocación
por ocultar derrotas con victorias
en el decir a la vida que no hay muerte
uno se pregunta.
En este preciso momento del tierno envite
cuando piensas sólo en la cerrada salida
en la ventana sin calle, en la a veces cárcel abierta
en la escalera sin ruido de pasos ni timbre
uno se pregunta.
Lo que ha de ser de mí nadie lo sabe
aunque algunas predicciones parezcan casi exactas
siempre quede un desquite, un desplante
un acorde disconforme con nuestras partituras
uno se pregunta.
Hay ayeres, deberes, platos sucios en cualquier fregadero
perfectas nimiedades, acabados imperfectos
horas que transitan en el deambular de la semana
segundos en donde por instantes hay respiración
uno se pregunta.
He fumado últimamente dos paquetes de cigarros
manera más que otra, bloquear la mente
fue divertido tener por ratos aquel humo
hacía compañía pero era insana la continuidad
uno se pregunta.
Llegué a dejar que me invitaran a más de un whisky caro, y más de a dos humildes
excusas como cualquiera para dos razones
encontrarse merece un saludo, una sonrisa
un hasta siempre, se abrirán más citas
sin concierto
uno se pregunta.
Antonio Vega, tierno músico de dulce voz, poeta
Hace unos días que Antonio Vega no existe
aunque sigue presente, suena el transistor
voz dulce, soledades, luchas íntimas, poeta
quisiera recordarte para siempre entre mis versos
con la humildad de quien te alcanzó a admirar
a fuerza de seguir siendo íntimos desconocidos
quien estuvo por ir a saludarte aquella noche
durante la última actuación en Buho Jazz
pensé decirte que entre páginas de nuevos poemas
una cita a tu canción era la llave del cerrojo
pensé que este hecho te llenase una sonrisa
porque no parecías feliz en últimos conciertos
aunque no te fallé, llegué ya tarde, no estabas
luego la noticia de la muerte sí me inmutó
quisiera recordarte para siempre entre mis versos
poeta, luchas íntimas, soledades, dulce voz
suena el transistor, aunque sigue presente
hace unos días que no existe, Antonio Vega.
Esclavas de sí mísmas
Debe ser terrible ser sólo mirada
que te remiran y sólo esperan de ti una pose
que te observan y dicen siempre que oigas
que te catan con las pupilas como perros presas
debe ser terrible ser sólo mirada
que llamas la atención por dos protuberancias
que siempre ven sólo en ti el final de las espaldas
que más que a los ojos miran y piensan en tu escote
debe ser terrible ser sólo mirada
que sólo te queda el recurso del carmín
que te han entrenado para la pasarela
que dejas de ser tú según la ropa no tendida
debe ser terrible ser sólo mirada
que no puedes silbar ni piropear
que incluso parece liberarte imitar a ellos
que el único motivo de conversación sean los partos
debe ser terrible ser sólo mirada
que no tienes ni un florero, eres alérgica
que te hacen una alianza siendo de ambas manca
que dejes los pendientes al nacer en el útero
debe ser terrible ser sólo mirada
debe ser terrible haber desgastado los espejos
vidrieras, escaparates, lunas de coches
esclavas de sí mísmas, salir siempre en la foto diaria.
De un reflejo en el espejo
Ellas son sólo miradas superficialmente
viven posando las horas que no duermen
pupilas acechan desde cada rincón
espalda, nalgas, pechos, muslos
labios, escotes, tobillos, pulseras
cuellos, manos, dedos, pestañas
carmín, pasarelas, vestidos de luto a la carne
viven entrenando para los barómetros varoniles
esperan el veredicto de los escaparates
buscando cualquier lugar donde acicalarse
cabello, falda, cintura, barriga
cristales de los autos, vidrieras
aluminios de acensores, manillares, pasamanos
platos, copas, tenedores, cuchillos
esa es su permanente condena por insidia
su reflejo en el espejo
cada vez más roto
tanto para la top model
como para la que es ignorada
por ni siquiera parecerlo.
Fue que debí hacerme poeta
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
hablar de mares, soles, lunas, utopías
disparar al mundo con palabras de rabia
dedicar al pueblo el más sentido pésame
por tanta injusticia que recorre nuestras venas.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
me harté del valor que pensé que no tenía
busqué papel, algo de tinta, escarbé en el pecho
para hallar que este silencio tan hueco no estaba tan vacío
plasmé el dolor, la alegría, con la mejor de mis ironías.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
descubrir que tras de mí había alguien desconocido
niño, joven, hombre, sin edades ni tiempos
delgada línea nunca estática, sin aplomo
señal de gravedades de la mano a las pupilas.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
rasgar blancas hojas cuadriculadas
tomar apuntes de las dudas, contradicciones, desaciertos plenos
declarar verdades, gritar mentiras, máscaras, antifaces
salí a la calle a contarlo derramando ejemplares
entre semejantes.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
sinceramente conmigo hoy, aquí mismo, reconozco
que es parte y esencia íntima de mi existencia
al margen o no de portadas, flashes, listas numerarias
aún más dentro o fuera del baúl del anonimato.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
ordeñar este ejercicio de letras, palomas, imágenes
rellenar el álbum, contadas lamentaciones
para reír al cicratizar heridas
no dejar en soledad las grietas de guerra.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
para existir, curarme de la sangre enajenada
de la plusvalía de la alienación entre capitales
para abrigo de este rincón de sensibilidades
que no es triste caja de zapatos
sino campo de trigo con raíces, muertas o vivas.
Tal vez para sentirme menos solo
fue que debí hacerme poeta
dejarme ser, transparente, corazón, fuego, humilde
no más grande ni más pequeño que mí mismo
sólo una forma más de latir, sentir, crecer
comunicarse conmigo, con nadie, con cualquiera.
Cuando piensas sin duda que está todo casi perdido
El recuerdo más bonito que puedas encontrar
la palabra más dulce que alcanzaste oír
el roce de piel con más tacto que sentir
abrazo sin pensar en nada más que compartir.
Cuando pienses que está ya todo casi perdido
recuerda que el olvido no borra nunca el amor
amor que no es derrotado por los siglos
que está en ti todo el aire mientras late el corazón.
Cuando pienses que está ya todo casi perdido
piensa en ti, lo que tú mereces, lo que vales
aunque nadie repare o te asegure que no vas a sufrir
desempolva el valor que tuviste algún día
o empieza a sacarlo.
Sal, disfruta del tiempo que ha de llegar
fuera de la caja del miedo que te encierra
sacúdete, agita las ideas, despierta de la pesadilla
encamínate al sueño que comienza a realizarse.
Papel, mi más estimado amigo y confidente:
Casi siempre dispuesto y predispuesto a escuchar
vulgaridades de corazón con rabia
latidos de escepticismo como catedrales
mentiras que cuentan verdades, secretos
pedazos, trozos, retales de puzzle existencial
memoria de confusiones perdidas
bandera de utopía, pies, próximos pasos
baúl de perversiones, crímenes[...]
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| NOVELA CORTA 2012..... "JESUCRISTO, NI FUE FRAILE NI TAXISTA" libros de poemas Publicaciones autoeditadas... 1997... LATIDOS DE SOLEDAD 1998... Testamento de vanguardia: al encuentro de apartadas utopías 2001... CIEN MARES PARA UNA LÁGRIMA 2002... Hombre armado de hombre 2003... PASAJERO EN ESTE ABISMO 2004... 40 en la consulta del dentista y sin anestesia 2005... AIRES DEL DIFUNTO Y OPTIMISTA 2006... Por los 30 y uno de propina 2007... CANARIOS Y ORIENTALES(un guanche en la orilla charrúa) 2007... Juy Entre cuadras y mates (de canelones a montevideo) 2007... SONETOS PARA BIENVENIDAS Y HORAS DE SOBRA MAL HALLADAS 2008... QUE BENDITOS VERSOS tan MALDITOS (Única antología con licencia para escupir versos poética y libremente...) 2008... YO TAMBIÉN SÉ JUGARME LA SALIVA | | librosderelatos Libros de relatos editatos en individual y colectivo... 2000...DESDE LOS SOMBRÍOS CONFINES DEL ANONIMATO URBANO (solo, estreñido, en cualquier puta ciudad) 2001... Sentado, escupiendo cerveza, viendo tu absoluta soledad mirarme 2004... TRÁFICO DE SUEÑOS EN VELA (personas que colaboran: Israel, Iván Moscú, Samir, Deriman, Eparquio Delgado, Antonio Conejo, Javier Perroni, Alicia Gómez, Ana Martínez en gráficos) | 
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