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PIPATÓN Y YARIMA Los Héroes de Esta Tierra!
BARRANCABERMEJA
Por Jhony Alandete

Cacique Pipatón, iracundo guerrero, caudillo
de los indios yariguies. De increíble belicosidad, estos indios,
luchando cuerpo a cuerpo, hacían morder tierra a los invasores.
Pipatón, al dramatizar y actualizar
su legendaria hazaña, es quizás el único entre los reyes indígenas de su tiempo que logra doblegar la crueldad española
para salvar a su pueblo del cautiverio y la esclavitud.
Sobrevive
su imagen entre los suyos como un dios mitológico de
paz y de guerra.
Cuenta la leyenda que, al cortarlen cruelmente los talones, logra
escaparse del suplicio hacia los bosques, habiendo recorrido por la
áspera tierra sus piltrafas más de sesenta leguas, para reintegrarse a
sus huestes combatientes. Es cuando organizando un ejército suicida
lo enfrenta nuevamente al extranjero, cruzándolo de flechas mortíferas
hasta lograr expulsarlo de sus tierras invadidas.
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Himno



Letra: José Ortega Moreno.

Música: José Garibaldi Fuentes.


CORO
Oh, Barrancabermeja, la egregia
ciudad, bella hija del sol;
en petróleo bañaron tu frente
y un volcán se agiganta en tu voz.
I
Pipatón fue el cacique guerrero
que en la lucha el valor esculpió;
y rompió las cadenas y el yugo
del oscuro invasor español.
II
Protegida del cielo, la luna,
una diosa te quiso dejar;
y Yarima surgió de las aguas
en el gran Magdalena imperial.
III
De la tierra el obrero aguerrido
levantó con sudor el blasón;
y en las torres al cielo querido
el trabajo ofrendó con honor.
IV
Una patria forjemos ahora,
una patria de fe y libertad;
y estampemos tu enorme victoria
con audacia sin par y lealtad.



PIPATON y YARIMA Los Heroes de Esta Tierra!

Bandera Barrancabermeja

Simbolos del Municipio


La Bandera


Fue propuesta por el historiador Barranqueño Rafael Nuñez Ospino. Adoptada oficialmente como bandera del Municipio de Barrancabermeja por acuerdo N0 020 de 1996. Se compone de dos (2) franjas horizontales de iguales dimensiones en colores amarillo y negro, en la parte superior, la franjo amarilla que simbolizo la riqueza y la franja negra que simboliza los yacimientos de petróleo, denominado Oro Negro. Las medidas son: 1, 35 m × 1 m.




El Escudo

El Escudo fue diseñado por Abelardo Poveda en 1963, y fue aprobado por el Honorable Concejo Municipal en el mismo año.El gorro conquistador: Homenaje que se hace a los conquistadores de estas tierras, como Diego Hernández de Gallegos y Gonzálo Jimenez de Quezada. Reloj de arena: Representa el tiempo transcurrido de la historia de Barrancabermeja. Zona montañosa y parte valle: Simbolíza el valle del río Magdalena. Piñon, en los alrededores dos torres: Es el homenaje al trabajo y a la actividad económica de Barrancabermeja. Bandera roja: Simboliza la sangre derramada por los héroes. Bandera amarilla: Representa las riquezas de Colombia.



Escudo de Barrancabermeja

Gonzalo Jimenez de Quesada

Historia Descubrimiento de Barrancabermeja



En la época de la Conquista Española, en el año de 1536, el gobernador, Don Pedro Fernández de Lugo, tenía como intención realizar el anhelo de Rodrigo de Bastidas, descubrir el nacimiento del río Magdalena sin reparar en costos ni esfuerzos.
Gonzalo Jiménez de Quezada fue nombrado general y escogido por el gobernador para salir al frente de esta expedición, otorgándole amplios poderes y facultades para escoger sus propios compañeros. Al iniciar esta travesía encontraron difícil el andar por tierras pantanosas, los asaltos repentinos de los indígenas y los voraces ataques de fieras e insectos.
Todo esto lo soportaban sólo por la perspectiva de encontrar un territorio abundante en riquezas, lo cual aliviaba sus penurias y les hacía seguir en su obstinado empeño.
Después de haber vencido mil dificultades, el 12 de octubre de 1536, la expedición fluvial divisó a lo lejos unas Barrancas Bermejas , ubicadas a los 7° 04´ de Lat N, 73° 52´ de Long O a 75, 94 msnm y 27, 6 °C de temperatura media.
El 6 de abril de 1536 partió la expedición, que llevaba bajo sus órdenes a 700 infantes y 80 caballeros por la vía terrestre y en cinco embarcaciones. Todos ellos eran expertos capitanes, excelentes marineros y afamados guerreros curtidos en la guerra de España contra los moros. Latora ó Latocca, era el nombre indígena de la hoy Barrancabermeja, por la cual pasaba el río Yuma, hoy río Magdalena.
El historiador socorrano, doctor Horacio Rodríguez Plata, en su libro La Inmigración Alemana al Estado Soberano de Santander en el Siglo XIX, trae una cita de don Gonzalo Fernández de Oviedoy Valdés, de su Historia General V Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, que dice:
Dos de los compañeros de Quesada testificaron que una jornada delante del pueblo de Latora hay una fuente de betún que es un pozo y que hierve y corre fuera de la tierra, y está entrando por la montaña, al pie de la sierra, y es grande cantidad y espeso licor. Y los indios tráenlo a sus casas y úntanse con ese betún porque le hallan bueno para quitar el cansancio y fortalecer las piernas: y de ese licor negro y de olor de pez y peor, sírvense de ello los cristianos para brear sus bergantines .
Posteriormente uno de los grandes precursores de la independencia, don Pedro Fermín de Vargas, natural de Cepitá, advirtió la importancia y la necesidad de la explotación comercial de esta brea o chapapote , para preservar los barcos de la broma .
empleado en los caminos que construyó Lengerke, de Zapatoca a Puerto Santander, descubrió los yacimientos de Barrancabermeja, que se los apropió el señor De Mares y fueron el inicio de la gran Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol.
Por Barrancabermeja salieron las quinas de Manuel Cortissoz y de Lengerke, el mismo que en 1878 no encontraba ni a peso de oro jornaleros ni arrieros que quisieran trabajar ni conducir arrias por aquel camino, de Bucaramanga a Puerto Santander, por temor a ser sacrificados por las flechas de los salvajes , descendientes del cacique Pipatón.




PIPATÓN


En su lucha enconada contra el extranjero invasor de las
petrolíferas tierras de Barrancabermeja en el Departamento
de Santander, el escritor Luis Torres Almeida, nos presenta
la efigie del Cacique Pipatón, iracundo guerrero, caudillo
de los indios yariguies. De increíble belicosidad, estos indios,
luchando cuerpo a cuerpo, hacían morder tierra a los invasores.
Pipatón, dice el escritor citado, al dramatizar y actualizar
su legendaria hazaña, es quizás el único entre los reyes indígenas de su tiempo que logra doblegar la crueldad española
para salvar a su pueblo del cautiverio y la esclavitud. Sobrevive
su imagen entre los suyos como un dios mitológico de
paz y de guerra.
Cuenta la leyenda que, al cortarle cruelmente los talones, logra
escaparse del suplicio hacia los bosques, habiendo recorrido por la
áspera tierra sus piltrafas más de sesenta leguas, para reintegrarse a
sus huestes combatientes. Es cuando organizando un ejército suicida
lo enfrenta nuevamente al extranjero, cruzándolo de flechas mortíferas
hasta lograr expulsarlo de sus tierras invadidas.




Centella

Los indios Yariguies

Cuando el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada, en 1536, pasó por los terrenos que hoy ocupa la ciudad de Barrancabermeja, eran Los Yariguies quienes habitaban esta zona a orillas del río Magdalena.

El pueblo indígena de los Yariguies se situaba en una extensa zona selvática del Magdalena Medio, al occidente del actual departamento de Santander, en Colombia.

Los límites aproximados de su territorio eran: los ríos Minero (al sur) y Sogamoso (al norte), y entre las cimas de la cordillera Oriental y el río Magdalena en la margen occidental, es decir, aproximadamente en donde hoy está situada la ciudad de Barrancabermeja.

Se trataba de una región de fronduosos bosques y abudante selva, de altas temperaturas y mucha humedad, lo que hacía difícil la vida de sus habitantes.

En atención a la anterior consideración muchos historiadores han afirmado que los Yariguies llegaron a tener una tasa alta mortalidad infantil y que la esperanza de vida no superaba los 45 años, principalmente por la proliferación de enfermeades propias del trópico (entre ellas el dengue y la malaria)

Desde un comienzo esta comunidad indígena se manifestó hostil a la presencia de los colonizadores españoles, presentándoles una fuerte resistencia para impedir la penetración en sus tierras.

El cronista español Fray Pedro Simón, quien conoció estos parajes y las dificultades propias de la selva, dice que los indios Yariguies utilizaban macanas, flechas y dardos envenenados para combatir al enemigo y que también recurrían al factor sorpresa a la hora de planear y ejecutar sus ataques.

Por cuenta de estos enfrentamientos se ha llegado a afirmar que los indios Yariguies lograron dar de baja a por lo menos 170 de un ejército de 900 hombres que comandaba Gonzalo Jiménez de Quesada durante el siglo 16.

Los indios Yariguies formaban parte de la gran familia lingüística Caribe que figuró entre las más importantes de América del Sur, no sólo por el elevado número de tribus que la componían, sino por su marcado carácter expansionista. Sus centros de dispersión abarcaron las costas del norte de Colombia, Venezuela, y las Guayanas, extendiéndose hacia el norte de las Antillas Menores y otros puntos de las Antillas Mayores.

Pertenecientes a la familia lingüística Caribe, los Yariguies, eran un pueblo formado esencialmente por cazadores y recolectores nómadas, educados para la guerra.

Los indios Yariguies estaban divididos en clanes independientes entre quienes se destacaron los Arayas, los Chiracotas, los Tolomeos, los Suamacaes, los Opones y los Carares, gobernados cada uno por sus caciques de manera autónoma.

Hacia el año 1570, cuatro caciques fueron los más conocidos por los españoles: el cacique Beto, de los Arayas; el cacique Caciquillo, de los Opones; el cacique Martinillo, de los carares y el cacique Suamacá, de los suamacaes; todos dedicados a asaltar las embarcaciones que por el Río Magdalena o por los ríos Sogamoso, Carare y Opón que transportaban colonos, milicianos y mercancías a Vélez y a Santafé de Bogotá. También atacaban poblados y tropas de soldados que hacían batidas contra aborígenes.

Es muy famosa la resistencia ofrecida por el cacique Pipatón a los colonos.

El cacique Pipatón había sido apresado en el año de 1601, siendo víctima del corte de sus talones con el que los conquistadores pretendían impedir su huida, a pesar de lo cual escapó y volvió a encabezar la resistencia contra los españoles, un acto considerado hoy de extraordinaria valentía.

Sin embargo, según se ha podido establecer al final de su vida el cacique Pipatón, se entregó a las autoridades coloniales y fue enviado a Santa Fe con destino a un convento de frailes, donde falleció aproximadamente en el año 1612.

Tres (3) circunstancias vinieron a pesar negativamente en contra de los deseos de los indios Yariguies de ver su tierra libre de intrusos: la primera fue su baja tasa de natalidad, la segunda el aumento de la presencia de colonos y la tercera las enfermedades traídas por los europeos, especialmente la fiebre porcina, la viruela y el sarampión, contra las cuales los aborígenes carecían de defensas inmunológicas.

Todo esto hizo que la población de los indios Yariguies se redujera drásticamente en los siglos 17 y 18.

Algunos historiadores han manifestado que lo que no pudieron terminar los españoles lo lograron las empresas capitalistas a finales del siglo 19.

Denuncian que el exterminio de los indios Yariguies ha sido uno de los tantos genocidios cometidos contra las comunidades indígenas americanas, quedando todos en total impunidad.
Se calcula que en el momento de la llegada de los españoles en 1536, los indios Yariguies conformaban una población de 50.000 personas.

Tres siglos más tarde, en 1836, todavía sobrevivían unos 15.000. Hasta entonces, de acuerdo con relatos de viaje de la época, los bosques y selvas que conformaban su hábitat permanecían en buena parte intactos.

Hacia el año 1880 los indios Yariguies eran 10.000, 5.000 en 1900, 1.000 en 1910, 500 en 1920 y en 1940 los pocos que quedaron les tocó integrarse a la vida urbana.

La extinción definitiva de esta altiva comunidad se debió a los nuevos colonos mestizos que invadieron su territorio en busca de tierras para el pastoreo, la adquisición de quina, de tagua, de madera y por último, de petróleo.

Además, un proyecto de construcción de un camino que pretendía conectar el río Magdalena con el municipio de Socorro, entonces capital del Estado Soberano de Santander trajo como consecuencia incursiones por la región del Magdalena Medio en las que se llevaban a cabo auténticas 'cacerías' de indígenas que destruian aldeas completas.

Historiadores y ambientalistas han denunciado que el triste exterminio de los indios Yariguies fue completado en la primera mitad del siglo 20 por las petroleras Standard Oil (hoy Exxon Mobil) y Texas Petroleum, que explotaban el petróleo hallado en la región circundante a Barrancabermeja destruyendo, en esa época, los medios de vida de los indígenas.

Hoy de los indios Yariguies solo quedan algunos nombres de lugares y establecimientos que en forma abstracta tratan de evocar lo que alguna vez fue una raza bravía y celosa de su territorio.

Aeropuerto Yariguies, barrio Yariguies, emisora Yariguies, restaurante Yariguies, entre otros forman parte de la galería de sitios que hoy en Barrancabermeja recuerdan a esta tribu aborigen, porque los propios Yariguies fueron borrados de la faz de la tierra.




UBICACIÓN BARRANCABERMEJA



País Colombia

• Departamento Santander

• Región Provincia de Mares

Ubicación
• Latitud 7º 4' 11 N
• Longitud 73º 51' 51 W
Temperatura 26° C
• Altitud 75 a 146 msnm
Superficie 1154 km²
Población 300.000 hab.
• Densidad 191 hab./km²
Gentilicio Barranqueño/a
IDH 0.531 medio
Alcalde Carlos Alberto Contreras Lopez (2008-2011)
ALCALDIA DE BARRANCABERMEJA



Mapa Santander Ubicacion Barrancabermeja

Bandera de Colombia

Historia Barrancabermeja Republica de Colombia



1. Fundación
Desde el siglo XVI se tuvo información sobre la existencia de un pequeño caserío situado a orillas del Río grande de la Magdalena, cuyo margen era habitado por unos cuantos aborígenes que vivían en rústicos ranchos y llevaban una vida primitiva alrededor de la selva y el río Yuma, nombre con el cual era denominado el Río Magdalena en la época de los Indios Yarguies.

El 12 de octubre de 1536, la expedición fluvial de Gonzalo Jiménez de Quezada divisó a lo lejos unas Barrancas Bermejas , ubicadas a los 7° 04´ de latitud norte, 73° 52´ de longitud este a 126 metros sobre el nivel del mar y 30°C de temperatura media. LATORA ó LATOCCA, era el nombre indígena de la hoy Barrancabermeja.

A medida que la fama de la bonanza petrolera que se riega por el país, van llegando a la ciudad toda clase de aventureros y sibaritas que le van desluciendo su buen nombre, mezclados con gentes de trabajo que poco a poco comienzan a construir la vida de una joven ciudad. En abril de 1922, una comisión de la cámara de representantes visita a Barrancabermeja y a las petroleras de Infantas. De esta visita y según la Ley 5 de 1922 expedida por el congreso por la cual se autorizaba a la asamblea para eregir en Municipio el Corregimiento de Barrancabermeja.

2. Reversión de Mares

2.1 Antecedentes
La expedición de don Gonzalo Jiménez De Quesada, el más famoso de los conquistadores del Nuevo Reino de Granada, partió de Santa Marta un día de abril de 1536. Tras varios meses de dura travesía por agua y tierra, la expedición arribó extenuada al sitio que los indígenas denominaban Latora para significar el lugar de la fortaleza que domina el río .
Muchas fueron las penalidades sufridas por tan intrépidos y expertos guerreros. El difícil andar por tierras pantanosas, los asaltos repentinos de los indios y los voraces ataques de fieras e insectos fueron diezmando poco a poco el grueso de las tropas. Sólo la perspectiva de encontrar un territorio abundante en riquezas aliviaba sus penurias y les hacia seguir en su obstinado empeño.

2.2. De cómo se revelo la existencia del petróleo

A José Joaquín Bohórquez, más que a ninguna otra persona, se le debe dar el crédito de haber hecho conocer, con fines industriales, las primeras muestras de petróleo de los bosques de La Colorada.

Al leer esto, cualquier observador podría señalar que las primeras referencias sobre los manaderos de Infantas datan desde mucho antes de que llegara a Latora la expedición de Jiménez de Quesada, y se basaría para ello, sin duda, en el uso que los aborígenes daban a estas fuentes de betún.

Para respaldar mi aserto traigo a colación el párrafo de un artículo publicado en El Tiempo en octubre de 1968 titulado Los Vikingos llegaron antes, pero el descubridor fue Colón. En él afirmaba su autor, el reconocido expedicionario y científico Mauricio Obregón que descubrir no es topar, es entregar lo descubierto a la posteridad, como lo hizo Colón .

Y esto mismo hizo José Joaquín Bohórquez.

Pasada la guerra de los mil días donde alcanzó el grado de coronel y proveniente de la población cundinamarquesa de Guaduas, donde había nacido el 17 de diciembre de 1869, llegó José Joaquín Bohórquez a Barrancabermeja por el mes de febrero de 1903. Traía el firme propósito de formar una modesta empresa de transportes fluviales que tuviese como radio de acción los ríos Opón, La Colorada y Oponcito para movilizar cargamentos de importación y exportación del comercio de Zapatoca, El Socorro y otras poblaciones del sur de Santander. Esta empresa se llamó Bodegas del Socorro y operó bajo la razón social de Juan Francisco O'Brien y Compañía.

A la orilla del río y distante unas tres cuadras del pequeño caserío construyó una amplia bodega que servía como oficina y depósito de carga. No tardó en realizar varios viajes a El Banco y otras poblaciones ribereñas para contratar los hombres que habrían de movilizar las canoas para el transporte de mercancías. Con ellos llegaron sus familiares y sus pocos enseres. Vendedores ambulantes que surcaban el río de puerto en puerto se detuvieron allá para fijar su residencia y organizar sus negocios que alcanzaron con el tiempo gran prosperidad. Barrancabermeja comenzó, entonces, a cambiar su tímida fisonomía de villorio.

Los cargamentos llegaban a Bodegas de Peña de Oro, situada al margen norte del río Oponcito, y de allí, las recuas de mulas los conducían por difíciles caminos, en el corazón de la selva, hacia los pueblos de Zapatoca, San Vicente de Chucurí, Barichara, San Gil y Socorro.

A fines de 1904, el.movimiento de carga comenzó a disminuir. Ante la inminencia de quedar cesantes, un buen número de trabajadores se integró, bajo el mando de don José Joaquín, para extraer de las montafias de los rios Opón y La Colorada, tagua, caucho y canime que se ofrecían en abundancia en aquella selva virgen. Por la misma época y con idéntico propósito penetraba el general Virgilio Barco a las agrestes selvas del Catatumbo. La tagua o marfil vegetal que se utilizaba para fabricar, entre otras cosas, botones y hebillas, escaseaba en esos tiempos y había llegado a alcanzar altos precios en los mercados de Europa.

Sin prestar atención al peligro que existía en aquellos bosques don José Joaquín instaló, a la cabeza de una de sus expediciones, un burdo campamento en el lugar de las Infantas. A un kilómetro, poco más o menos, según relató años más tarde, encontró la primera fuente de petróleo cuyo conocimiento me lo dió de que era esta sustancia, el olor natural y propio del refinado y haber mojado en ese líquido mechas de trapo, dando éstas, luego de prenderles fuego, una luz de color amarillo rojo y un humo oscuro que, al colocarle encima un objeto, daba el mismo negro humo que el recogido en las linternas que yo llevaba para alumbrarme en los bosques que eran alimentadas con petróleo refinado. Hice estas observaciones para mis adentros sin decir nada a mis trabajadores, a quienes tan solo ordené que me recogieran unas tres latas de ese líquido espeso y grasoso.

2.3. Primeros Escarceos

En el Diario Oficial del 7 de marzo de 1906 (número 12589) apareció publicado el contrato de concesión para la explotación de petróleos (que figura al final de este libro) celebrado entre el Gobierno del general Rafael Reyes y don Roberto De Mares el 28 de noviembre de 1905 y aprobado por el Consejo de Ministros dos días después. Un mes atrás, el general Virgilio Barco había obtenido del Gobierno igual privilegio para explotar la zona petrolífera del Catatumbo.

Con gran sentido comercial don Roberto De Mares trató de buscar la financiación suficiente para poner en marcha lo estipulado en dicho convenio y bajo el visto bueno oficial, con escritura pública No 285 del 2 de mayo de 1906 de la Notaría del Circuito de Cartagena, cedió buena parte de sus derechos a Justo M. De la Espriella y Compañía, residentes en dicha ciudad con quienes se asoció y continuó luego representando.

En el Contrato de Concesión se fijaba un plazo de dieciocho meses para comenzar los trabajos, que se cumplía el 6 de junio de 1907. A solicitud de De Mares el Ministerio de Obras Públicas concedió varias prórrogas pero no habiéndose iniciado las labores de explotación al término de las mismas, el Ministerio procedió a declarar su caducidad por resolución del 22 de octubre de 1909.

Sin cejar en sus propósitos Roberto De Mares solicitó durante tres ocasiones la revocatoria de la resolución de caducidad aduciendo y allegando pruebas de sus razones de fuerza mayor y caso fortuito para demostrar la imposibilidad de iniciar las operaciones acordadas.

El Ministerio acreditó las causas alegadas por De Mares y dictó, hacia el 17 de mayo de 1915 una nueva resolución para declarar infundada la del 22 de octubre de 1909. Así mismo, fijó el plazo de 12 meses, y no de 18, a partir del 25 de junio del mismo año, para dar comienzo a los trabajos de explotación.

La perseverancia de don Roberto De Mares no cesó en ningún instante y después de varios viajes a los Estados Unidos logró interesar a los capitalistas americanos dedicados por ese entonces a la industria del petróleo, quienes le ofrecieron financiar la empresa. Entre ellos se contaba Michael L. Benedum, presidente de Benedum Trees Bil Company y Joe C. Trees, presidente de Penn Mex Fuel Co.
De cómo se estableció el contacto entre De Mares y los capitalistas americanos que se aprestaban a financiera la explotación, da cuenta el mismo señor Benedum en el siguiente relato que apareció publicado en la edición del Petroleum Engineer de febrero de 1958:

He aqui cómo se realizó la aventura colombiana: acabábamos de tener un buen éxito en el campo mexicano de Tuxpam, vendidas nuestras acciones y nos hallábamos más o menos libres de problemas inmediatos, cuando uno de los asociados en los trabajos mexicanos, John Leonard, nos puso en movimiento de nuevo. John se hallaba tomando unas vacaciones, navegando por las costas de Suramérica. El petróleo era la idea más remota que pudiera cruzar su mente, y fue por extraña coincidencia que se encontró con un geólogo amigo a bordo del navío. Un tercer pasajero inadvertido, de nombre Roberto De Mares, escuchaba su conversación sobre petróleo, y decidió tomar parte. De Mares explicó que tenía una concesión petrolera del gobierno colombiano de unos tres millones de acres.

Tal conversación entusiasmó a John Leonard. El y su geólogo amigo acompañaron a De Mares a las selvas colombianas para investigar la concesión, que se llamaba Infantas. Una vez allí, John se entusiasmó aún más: la tierra olía a petróleo, que resumía por todas partes. 




2.4 La vida en los campamentos era ruda

Los trabajadores improvisaban sus camas en hamacas, en la tabla rasa o en el suelo llano, expuestos a las inclemencias que el medio les brindaba. No existía acueducto. El agua se tomaba directamente del río o de la lluvia, teniendo que recurrir en muchos casos a hoyos excavados en el suelo para que el hilito de agua llegara hasta ellos. Las infecciones intestinales, la viruela, la fiebre amarilla y el paludismo merodeaban por doquier. La quinina utilizada por la Troco como una panacea a tales enfermedades, se repartía cada día, de puesto en puesto, en rigurosa ración de gruesas píldoras que los obreros debían forzosamente consumir.

No se podría pasar por alto la gratitud que le adeudamos a aquellos primeros hombres del petróleo, hoy ignorados totalmente, que hicieron posible con su esfuerzo y sacrificio el florecimiento de esta importante industria en Colombia.

2.5 Los campos petroleros

Al aprobarse con algunas modificaciones el traspaso del contrato original a la Tropical, los trabajos en las petroleras se continuaron con mayor empuje. Para 1921 existía en Infantas un pequeño caserío de madera en el que se destacaban las viviendas de los empleados americanos y colombianos, campamentos para obreros, edificio para oficinas, casino americano, comisariato profusamente abastecido, hospital y botica con esmerada atención de enfermería, modestas cocinas donde los trabajadores tomaban su alimentación y taller de reparaciones. Estaba en servicio un carreteable de 38 kilómetros que comunicaba al campo con Barrancabermeja y se iniciaban los estudios y consecución de equipos para la construcción del ferrocarril.

Había ya telégrafo, puesto de Policía y un acueducto que se beneficiaba del río La Colorada.
Funcionaba eficazmente el servicio telefónico con las oficinas de la Troco en Barrancabermeja ubicadas en una típica casa de madera de dos pisos que se construyó en el parque Bolívar diagonal a la iglesia de San Luis. El personal de obreros ascendía al millar y su mayor parte provenía de las montañas de Antioquia. Los extranjeros no pasaban de cien y mostraban en su lento proceso de adaptación toda una gama de extraños lenguajes, tradiciones, y nacionalidades que se conjugaban acordemente.


El amplio hospital levantado al pie del Puerto de Galán estaba provisto de farmacia, cincuenta catres metálicos, equipo de radiografia y era atendido con especial esmero por un médico extranjero y un ayudante colombiano. No muy lejos, una población bullanguera y alegre por cuyas polvorientas callejuelas circulaban aventureros, mercaderes y gentes de todas las estampas, observaba con sorpresa el desarrollo industrial que comenzaba a formarse en su suelo. Barrancabermeja al igual que su refinería empezó a crecer con un ritmo inusitado.


Produccion Petrolera Hasta 1926






3. Barrancabermeja, Capital Petrolera de Colombia
Al despuntar el siglo XX Barranca era apenas un modesto caserío, un pueblo de pequeñas proporciones dedicado a la pesca, puerto de paso a los viajeros y mercaderes que remontaban la serranía. Sus primeros pobladores buscaban afanosamente en las entrañas de la selva virgen la tagua y el caucho que constituían en aquella época un importante y reliable renglón comercial.

Poco después brotó el petróleo y con él el impulso del progreso. Llegan los geólogos americanos en vapor de lujo y se constituye la compañía. Con penosos trabajos, Colombia inicia desde 1917 su primer pozo, el Infantas 1, perforado con las pocas facilidades que la técnica en tales momentos podía ofrecer. La pesada barrena de los equipos de percusión horadaba poco a poco el corazón de la tierra y la paciencia, a golpe de martillo, accionada por un viejo y rugiente motor de vapor.

El Perú nos llevaba ya un poco más de 50 años. Allí se perforó, en 1863, el primer pozo petrolero de América Latina. Los americanos distaban casi 60 años, desde que el coronel Edwin Drake perforara el primer pozo del mundo, en Titusville (1859).

Barranca comienza a despegar. Lentamente se va transformando su fisonomía en una población pujante. Allí, como en Infantas, bulle presurosa una aglomeración de gentes de todas las estampas y latitudes que recorren sus calles, escogen lugar seguro y diseñan un negocio próspero. Los campamentos de madera y techo pajizo empiezan a emerger como años atrás en las montañas de Pensilvania, en las costas del Lago de Maracaibo y en los desiertos de Talara (Perú).

4. Creación del municipio
La visita que en abril de 1922 hiciera una comisión de la Cámara de Representantes a Barrancabermeja y a las petroleras de Infantas, exacerbó los ánimos de los suspicaces diputados a la Asamblea de Santander. Veían en aquella misión una soterrada maniobra para nacionalizar la región petrolífera y sentían, con ello, amenazadas las arcas del fisco departamental por la pérdida de participación en la explotación de los hidrocarburos.

Amparada así en la Ley 5a. de 1922 expedida por el Congreso, por la cual se autoriza a la Asamblea para erigir en municipio el Corregimiento de Barrancabermeja, ésta corporación aceleró el curso de sus debates pese a que el corregimiento no reunía los requisitos para ello y promulgó la ordenanza Número 13 de abril 17 de 1922 sancionada el día 22 del mismo mes. Adicionalmente, la Ordenanza Número 25 del 21 de abril de 1922 señalaba las asignaciones mensuales de $ 200.oo y $ 120.oo para los primeros alcaldes y secretario, $ 100.oo para los maestros de escuela y $50.oo y $ 70.oo Para los dos grados del cuerpo de policía.

La importancia que había adquirido Barrancabermeja con la bonanza que brindaba la incipiente industria hizo expeditos los esfuerzos de la Asamblea. en este sentido, para su erección a municipio.

El puerto pasó así a la vida municipal con pasos agigantados. Toda la prosperidad y el crecimiento vertiginoso alcanzado durante la primera cuarta parte del siglo, se deben sin duda, al auge de la explotación petrolera. Barrancabermeja se convirtió, de esa manera, en la pujante y admirable ciudad que hoy se destaca en el concierto nacional por su juventud y progreso.

Al momento de su erección a Municipio, Barrancabermeja contaba ya con hospital, con camino a San Vicente y Zapatoca construidos al finalizar el siglo XIX, numerosas edificaciones y un presupuesto de rentas y gastos por valor de $ 10. 100.oo. Por iniciativa de la Troco se estableció una cooperativa de consumo de carnes, y se donó al municipio el edificio de dos plantas de la plaza Bolívar. Había telégrafo y carretera a Infantas. Había trabajo y dinero.

Los años 30 llegan con un incremento de la producción de petróleo. Se amplía la refinería. La topografía de Barranca se va poblando de torres metálicas y cabeceantes balancines que rinden con precisión mecánica su jornada. Los buques de la compañía atracan en el puerto dejando sus cargamentos de viajeros en busca de un empleo estable. El pito de la Refinería que marca el inicio y la terminación de jornada va creando un reflejo condicionado en el trajín y costumbres de las personas. El ronquido del tren despierta la ciudad y alebresta los sentidos. Todos llegan con dinero, con ánimos y pasiones frescas.

Durante los años finales de la guerra, Barranca, la Universidad del trabajo como la llamara el maestro Valencia durante su campaña de 1930, también recibe el influjo de una bonanza cultural. Se le podría llamar su época de oro . Queda atrás la población pecaminosa y surge una ciudad cosmopolita e industriosa donde crepita una hoguera de arte, producción literaria y virtudes ciudadanas.

Barranca tiene un gran porvenir, escribía Calibán en 1941, en una de sus visitas. Ya no es aquella ciudad de tránsito. El que llega aquí se queda. Funda su hogar y contribuye al esfuerzo común.

Dos interesantes monografías de Simón Galvis y Martiniano Valbuena recogen y cuentan parte de su historia. Los cantos, crónicas y pensamiento político del médico escritor Gonzalo Buenahora empiezan a aparecer en sus famosas obras Anverso de Barranca, Un Canto a Bucaramanga, Sangre y Petróleo y La Comuna de Barranca. La revista Pipatón, profusamente ilustrada, desborda los límites de la patria. En ella, los relatos de la ciudad, los romances, crónicas y versos de Edith Telica otros trovadores resuenan en todos los contornos y llevan el tráfago de la faena diaria. El Hotel Pipatón se abre a los visitantes en 1943, en una construcción admirable del arquitecto español Germán Tejero De la Torre y el Centro Juvenil, auspiciado por el señor Shannon de la Troco, moldea en la cultura y el deporte a las nuevas generaciones de la ciudad.

Años más tarde la fiebre del oro negro se acabó, los aventureros emigraron, fueron desapareciendo los burdeles y Barranca comenzó a tener vida tranquila y sosiego. Hoy es una gran ciudad, con credencial de capital, sana y segura, poblada de hermosas construcciones y amplias avenidas. Tiene los problemas que toda urbe en crecimiento genera y en ella conviven como en sus primeros años gentes de todas las latitudes que quieren encontrar un mejor estar.
Siempre ha sido joven la historia de Barranca y cada vez se remoza más con el auge de su industria y su organización urbanística. El hada de la fortuna siempre le sonrió.


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