Georgeos Díaz-Montexano

La Atlántida y Tartessos. Una búsqueda a través de las fuentes primarias

  • Creditos: La imagen de fondo (detrás de los textos) con Platón, la Atlántida y el autor de esta web, usada en la página de entrada principal (www.AtlantidaHistorica.com o www.georgeosDiazMontexano.com, es una creación de gráfica digital de la artista visual argentina Monik Perz, que creó para mis webs y publicaciones en 2009.
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    Nota preliminar: Esta importante crítica a una obra reciente ha sido retirada de la prestigiosa web de Filosofía de la asociación filosófica AGON (www.agonfilosofia.es), por presiones del autor criticado. Nada es -o debe ser- superior a la verdad, y por ello, la verdad ante todo, esté donde esté, sea cual sea, y caiga quien caiga. Estos hechos deben ser conocidos, pues no hay difamación ni delito alguno, cuando lo que se expone y demuestra, con el mayor rigor y seriedad, se ajusta a la más estricta verdad. 

    Reseña de la novela de Álvaro Torrens Abril Risa Improvisada, GrupMTM Comunicaciones, 2014.

    No me es grato escribir esta reseña. De hecho, he estado varios días a la espera de que el autor se pusiera en contacto conmigo para que me explicara algunas de las cosas extrañas que cualquiera con un mínimo de capacidad intelectual podría ver si lee la novela. Tal vez el autor considere a su antiguo profesor de Filosofía lo suficientemente imbécil como para no darse cuenta de nada, ni siquiera de las decenas de páginas plagiadas. Sin duda ha sido un error: tanto publicar la novela, como la apreciación que el autor tiene de sus lectores.

    Empecemos por el principio: el pasado día 18 de julio asistí a la presentación que de la novela de Álvaro Torrens Abril titulada Risa improvisada se hizo en el El Corte Inglés de Barcelona. El propio autor, alumno mío durante tres años, me había invitado y con gusto fui acompañado de un amigo a quien quería hacer partícipe de los logros de una persona con intereses culturales y a quien había visto en varias ocasiones desde que dejó el instituto después de no superar primero de bachillerato. Como a mí lo que me interesaba era la novela, fue una bendición que acabaran los discursos y toda la parafernalia para poder comprar un ejemplar con la intención de comenzar lo antes posible la lectura.

    Los primeros problemas aparecieron ya al leer la contraportada, donde el autor hace un resumen de su actividad cotidiana. Dejando de lado cómo está redactado y lo que podría decir Freud sobre el hecho de calificar a un secador de "grande y poderoso”, hay algunas cosas que no se acaban de entender. A las 8:00h. dice "cuando he llegado”, pero… ¿a qué lugar? Justo a continuación pone "cargado mi cartera” cuando obviamente es "cargando mi cartera”. A las 11:00h.  es "una pequeña cafetería” en lugar de "un pequeña cafetería” y un par de líneas más abajo es, o debería ser, "cortado con una mini flauta” y no "cortado conjunto a una mini flauta”. Tampoco entraremos en la cuestión de si los Rioja son los mejores vinos o si son los únicos de calidad que se producen en España, pero a las 21:30h. daña a la vista ese "ceno, nunca o casi legumbres”, a lo que habría que añadir que a las 22:00h. es, claro está, "antes de irme a dormir” y no "entes de irme a dormir”. 

    Pero más allá de todo lo señalado, ¿a qué se dedica el autor? Ni una mención a unos estudios o a un trabajo. ¿Nos encontramos ante un "nini” con iPad, iPhone, que desayuna bocadillos de jamón y que acompaña sus comidas con una copita de buen vino? En estos tiempos lo mínimo que podría decirse es que algo así constituye un escupitajo a la cara a esos 6 millones de españoles en paro, a esos miles de niños cuya única comida decente la hacen en los colegios, a esas miles de personas que buscan algo de valor en la basura y que ya forman parte del paisaje habitual de la España actual, a esos jóvenes con estudios o sin ellos que tienen que ganarse la vida con trabajos de mierda o bien irse al extranjero y a esas familias, también de clase media, que con vergüenza se acercan a pedir comida a los centros de Cáritas. Poca empatía se puede experimentar con alguien que posee tan escasa sensibilidad social y se encuentra tan ajeno a la realidad cotidiana de millones de compatriotas. 

    Si  vamos a la dedicatoria, me gustaría saber qué significa eso de  "Quería agradecer con toda su esencia”. He estado a punto de llamar a un Catedrático de Metafísica para ver si me podía aclarar esto, porque la verdad es que la expresión se las trae.

    En el índice, además de que se podía haber maquetado bien y no quedar el último capítulo en una página distinta, hay que corregir el título del penúltimo capítulo. En lugar de "colgó” es "coló”.

    Del "Prólogo” poco hay que decir. Escrito por una "escritora”, valga la redundancia, pero valga también señalar que ya en la segunda línea hay una falta de ortografía (en lugar de "Más” es "Mas”) y otra cuatro líneas más abajo (en lugar de "cuándo” es "cuando”). También en la misma página (la 9) tenemos un "a pesar que” en lugar de un "a pesar de que” y en la línea siguiente un "cae en una guillotina” en lugar de "cae como una guillotina”. La autora de estos atropellos a la lengua española, al ser medio alemana, sabrá perfectamente el grado de exigencia al que sus compatriotas someten a los "Ausländer” a nivel lingüístico.

    Centrémonos por fin en la novela. Una novela bastante corta, ya que empieza en la página 13 y acaba en la 136, a las que hay que descontar 7 páginas en blanco (pp. 20, 28, 38, 62, 74, 92 y 98). Es decir, que no llegamos ni a las 120 páginas. La novela, pues, se lee de un tirón y así lo hice en mi primera lectura. Ahora bien, durante este primer contacto con el texto no dejé de sorprenderme por la cantidad de cosas extrañas que me iba encontrando página tras página. Más adelante entraremos en el contenido, pero lo primero que cualquier lector verá al iniciar la lectura de esta novela es que está llena de… ¡¡¡FALTAS DE ORTOGRAFÍA Y DE GRAMÁTICA!!! Incontables son las tildes que el autor no pone, o que pone cuando no tenía que ponerlas. Y ya no hablemos del auténtico caos que el autor demuestra a la hora de poner las comas (o a la hora de no ponerlas), donde destaca esa decena de casos (al menos los que hemos encontrado) en los que se pone una coma entre el sujeto y el verbo de la oración.

    Sin embargo, los errores no sólo se limitan a la cuestión de las tildes y de las comas. El texto está lleno de erratas que indican que la novela no ha sufrido ningún tipo de revisión. Es decir, que aquí no ha existido la figura del corrector ni ha habido una corrección de pruebas. Es más, teniendo en cuenta la cantidad de errores y la gravedad de los mismos da la sensación de que el manuscrito no ha sido leído por nadie, ni siquiera por el autor, y que lo aquí publicado no pasa de ser un mero primer esbozo sin demasiada elaboración. Las pruebas se pueden encontrar en casi todas las páginas, por lo que un elenco de las mismas puede ser realmente agotador. 

    Pongamos únicamente algunos ejemplos: "con un hijo de tan pequeño” (p. 18), "se dio cuenta de había terminado” (p. 26), "si en alguno momento” (p. 30), "se padre se había ido” (p. 33), "las expectativas que la familia tenía depositada en él” (p. 35), "¿Qué le gusta a hacer?” (p. 37), "gloria de la que hablan los antiguos testamentos” (p. 41), "incapaz de poder de tomar una decisión” (p. 43), "terminaba el verano. Quizás el peor y más largo de su día” (p. 48), "un vieja solidario por la India” (p. 51), "si supieses que no [el "no” sobra] miento” (p. 52) "momentos después de que escoger” (p. 52), "no me podré recuperar de él en todas la vida” (p. 53), "se sentían a gusto con la compañía de ambos” (p. 58), "repetidas veces hasta instantes del siguiente parcial” (p. 64), "juntos acabaron el espectáculo [¿actuaban ellos?]” (p. 68), "como poseído como un calor que le embargaba” (p. 68), "las preguntas que bombardeaban a Nicolás” (p. 69), "la que más lo valoró fue a Teresa” (p. 71), "se le encendía el corazón a mil revoluciones” (p. 72), "se diera cuenta cual era la realidad” (p. 80), "ese deseo se iba a realizar en breves” (p. 81), "tras ratos de silencio” (p. 82), "se pondrían el mundo por montera y bailaría un pasodoble” (p. 89), "ni siquiera había deparado en ella” (p. 93), "pero por la contra los rumores” (p. 93), "dejando claro sus cartas” (p. 94), "entendí que todo que hacía no era nada” (p. 106), "y reñirme nada a los tan solo cero como tres segundos de habernos encontrado” (p. 109), "fiesta de la entrega del regalo del dolor” (p. 111), "Madre Mía” (p. 113), "Así que su conclusión le hizo dictar que algún desastre había asolado al pueblo” (p. 120), "unas frases […] que refleja de una manera muy sentimental” (p. 124), "esta no era su lengua natural” (p. 132).

    Insisto: dejemos el centenar de tildes que deberían estar y no están, las que están y no deberían,  así como el grave problema que el autor tiene con las comas, ¿acaso después de lo que hemos señalado existe alguien capaz de afirmar que el texto ha sido leído antes de la publicación sin poner en tela de juicio la capacidad intelectual del supuesto lector?    

    Pero resulta que ni esto es todo, ni menos aún lo más grave que podemos encontrar en estas escasas 120 páginas. Vayamos al argumento, al contenido propiamente dicho. Cualquier persona algo normal sentirá cierta extrañeza durante la lectura de la novela y al acabar hasta pueda poner en cuestión su capacidad de comprensión al preguntarse dos cosas obvias: la edad de Nicolás y el tiempo en el que transcurre la historia. Lichtenberg decía que cuando una cabeza y un libro chocan y suena a hueco la culpa no siempre es del libro. Cierto, pero en este caso hay que tranquilizar al lector. No, el problema no es suyo, sino del autor de la novela, que no se aclara. Vayamos al texto:


    ¿Qué edad tiene Nicolás y en cuánto tiempo transcurre la novela?

      P. 15. Nicolás tiene 7 años cuando su padre marcha de casa.

      P. 18. En el segundo párrafo se dice que "meses posteriores a la marcha de su padre […] su madre le comunicó que el siguiente curso cambiaría de colegio”.

      P. 19. "15 de septiembre, primer día del curso de primero de secundaria”. Líneas más abajo podemos leer "porque al igual que diez años antes su vida, [sic] había pasado de un golpe imprevisible al instante en que su padre cerraba la puerta del rellano de su casa”.

    Es decir, ¿el protagonista tiene 7 años y a los pocos meses entra, repitiendo, en primero de secundaria? Y si han pasado diez años desde que se fue su padre, ¿Nicolás tiene ya 17 años y está en una clase con niños de 12? En estas primeras páginas nos encontramos, por tanto, con gravísimas incoherencias. Vuelvo a insistir: ¿alguien se ha leído esto? Pero sigamos.

     P. 32. Aquí se nos dice que Nicolás tiene 13 años.

    P. 86. En el informe de la psicóloga se dice que Nicolás tiene 17 años.

    P. 117. Nicolás cumple 18 años.

    ¿Realmente ha pasado tanto tiempo? Vayamos al texto.

    Pp. 15, 18 y 19: El padre de Nicolás marcha, pasan unos meses, su madre decide cambiarle de colegio y, tras las vacaciones de verano, comienza primero de secundaria. Es en este curso donde se encuentra con Lucía (pp. 22-23).

    P. 26: Se habla del segundo trimestre. 

    P. 43: Final de curso y comienzo de las vacaciones de verano.

    P. 51: Empieza el nuevo curso.

    P. 123: Tras sus primeras divergencias con la Señorita Recasens "el fin de curso se acercaba”.

    P. 125: Nicolás, en el discurso que pronuncia ante sus compañeros de instituto, dice que llegó a la escuela hace "cuatro años” [sic] Líneas más abajo dice que "pasado un año […] me encontraba con una mujer muy de mi estilo de profesora”.

    P. 131: Pasa el verano y Nicolás no consigue superar los exámenes finales, por lo que tiene que repetir curso. Comienzan las clases.

    Bien, ahora si alguien me lo explica sería un detalle, porque yo aquí constato que la novela empieza con la marcha del padre de Nicolás, pasa el verano, Nicolás repite 1º de la ESO, hace 2º de la ESO, finaliza el curso, pasa el verano y Nicolás comienza el nuevo curso repitiendo. Es decir, lo ocurrido aquí transcurre en dos años y medio (antes de verano – dos cursos académicos – después de verano e inicio del nuevo curso).

    En la novela tampoco queda muy claro cuál es realmente la edad de Lucía, la profesora de la que se enamora Nicolás. En la p. 23, cuando se nos presenta a Lucía, se dice que es su primera jornada como docente y que cumple su sueño de trabajar como profesora. Por tanto, muy mayor no debe ser. También en varios pasajes aparece la expresión "joven pareja” (pp. 60, 94 y 95), por lo que se supone que la diferencia de edad no es tan acusada. En la p. 68 se califica a Nicolás y a Lucía como "dos jóvenes”, en la p. 95 se califica a Lucía como "joven profesora” y en la p. 96  como "joven maestra”.

    Sin embargo, en la p. 64 se dice que "a Nicolás le gustaba Lucía más allá de su edad”  y en la p. 118 Recasens dice que no es normal la relación entre un profesor y un alumno y "menos cuando hay tanta diferencia de edad”.

    Otra cuestión que sorprende es el tema de la novela y cómo se enfoca. Una relación entre una profesora y un alumno de supuestamente 17 años en la España contemporánea se trata como si fuese la mayor de las transgresiones que se pudiera realizar, como algo que atentara contra los fundamentos de la moral invirtiendo los usos y costumbres de la sociedad actual. Pero, ¿es creíble que la simple declaración de que se siente algo por un alumno conlleve la expulsión del puesto de trabajo de un profesor? Si la novela estuviera ambientada en una escuela rural en los años 50 del siglo pasado, quizás sería admisible. ¿Pero ahora? ¿Acaso no recordamos que las relaciones de verdad, las relaciones carnales, entre profesores y alumnos han constituido el argumento de series de éxito como Física y química?

    No voy a señalar más incoherencias o aspectos del relato que hasta pueden resultar cómicos para el lector, pero la novela está plagada de ellos. Por ejemplo: ¿se puede calificar de "escapada” (pp. 69, 70, 72, 73, 82) una cita que para poder llevarse a cabo ha de contar con el beneplácito de la jefa de la profesora y de la madre del alumno (p. 67)? ¿Puede haber mayor humillación para un joven de 17 años que el hecho de que su madre vaya a recogerle al final de su primera cita (p. 68)? ¿Dónde está la pasión y la testosterona en esta historia de amor cuando sólo hay un triste beso (p. 116)? Comparada con esta trama, las castas novelas de Crepúsculo son las crónicas de Sodoma y Gomorra. 

    Pero como se decía en esos entrañables dibujos animados: "no se vayan todavía, aún hay más”. Y por desgracia lo más escandaloso, pues si hay algo grave e imperdonable para un escritor novel es la falta de originalidad. Se supone que un escritor ha de utilizar como fuente principal de su creación literaria algo tan poderoso como es la experiencia vivida y todo el saber que ella le ha proporcionado. Pero no es éste el caso. La novela está creada a partir de numerosos plagios, de textos reelaborados que encontramos ya incluso en la primera página. Sin ánimo de ser exhaustivos, he aquí algunas muestras de ello. (Como hay plagios que afectan a páginas enteras, el lector comprenderá que me limite a citar los textos más breves). 


    p. 13 (segundo párrafo): «Es tan sencillo y tan claro como que es imposible comprender el poder que tienen ciertas emociones, esas que, [sic] pueden sostenernos en tiempos duros o motivarnos para hacer extraordinarios sacrificios, esas que puede [sic] obligar a gente decente a cometer las fechorías más siniestras o empujar a mujeres corrientes a buscar verdades ocultas y mucho después de que hayamos desaparecido, ciertos recuerdos siguen en nuestra memoria. Sí, todos buscamos algunas emociones, pero algunos, después de haberlas encontrado hubiéramos deseado no haberlo hecho».


    Compárese con el siguiente texto:


    «Es imposible comprender el poder que tiene el amor, puede sostenernos en tiempos duros o motivarnos para hacer extraordinarios sacrificios, puede obligar a hombres decentes a cometer las fechorías más siniestras o empujar a mujeres corrientes a buscar verdades ocultas y, mucho después de que hayamos desaparecido, el amor permanece grabado a fuego en nuestra memoria. Si, todos buscamos el amor, pero algunos, después de haberlo encontrado hubiéramos deseado no haberlo hecho»

           http://colorcesped.blogspot.com.es/2011/12/no-hay-nada-mas-enganoso-que-una.html

    pp. 29-30: Compárense con los siguientes textos de Terri Cheney: Bipolar. Memorias de un estado de ánimo. Santillana, Madrid, 2011.


    Texto de Álvaro: «Una vez a Nicolás le dijeron: "No parpadees, nunca, o te perderás el espectáculo” y era simplemente eso lo que había hecho: parpadear. Cerrar los ojos a la realidad. El mundo estaba lleno de estrellas fugaces y él se conformaba con ocultarse en la oscuridad».

    Texto de Cheney: «No parpadees, nunca, o te perderás todo el espectáculo / Eso era todo lo que había hecho: parpadear. Cerrar mis ojos a la realidad, negarme a ver la verdad acerca de mi relación con Rick. No era sorprendente que entrara una vez más en una fase depresiva. El mundo estaba lleno de estrellas fugaces y yo me conformaba con la oscuridad.» (p. 154)

    Texto de Álvaro: «En aquellos momentos experimentó por primera vez el deseo de querer morir. No le pareció extraño en absoluto. Lo considero [sic] una respuesta natural. Estaba extenuado, fatigado y fallecer debía ser como tomarse un largo descanso, unas prolongadas vacaciones. Lo que realmente deseaba…encontrarse en otro lugar.»

    Texto de Cheney: «Quise morir. Ese deseo no me resultó extraño en absoluto, a pesar de que sólo tenía treinta y ocho años. Teniendo en cuenta las circunstancias, lo consideré una respuesta natural. Estaba extenuada, fatigadísima, y morir era como tomarse un descanso, unas vacaciones. Todo lo que verdaderamente deseaba era estar en otro lugar.» (p. 14).

    Texto de Álvaro: «En la oscuridad que le rodeaba, flotaba algo que no deseaba rememorar: el rostro de su madre rogándole un consuelo que le era incapaz de proporcionar. Nunca pensó que podía obsesionarse con algo tan familiar y querido como aquella mirada.»

    Texto de Cheney: «En el aire que me rodeaba flotaba algo que no quería recordar: el rostro de mi padre, su expresión cuando le dije que se trataba de cáncer de nivel cuatro, que ya había metástasis. Sus ojos, su mirada perpleja cuando yo no podía aliviar su dolor, la manera en que esos ojos continuaron observándome hasta el final, siguiendo cada uno de mis movimientos, fijos en mí, rogando por un consuelo que no era capaz de proporcionar. Nunca pensé que podría obsesionarme algo tan familiar, tan querido como los ojos de mi padre.» (p. 16).

    Texto de Álvaro: «Estirado en la cama rezó y le pidió algo a Dios, algo más que una petición: "Gracias Señor por todo esto. No quiero ser ingrato, simplemente ya no soy capaz de sentir la felicidad que una noche como esta [sic] merece. Ahora que papá se ha ido, la alegría parece una irreverencia. Tu mundo se desperdicia en mí. Creo que es un motivo suficiente para morir.” Esta frase nunca antes escrita era la única nota con la que se proponía explicar su estado de ánimo a los demás si en alguno [sic] momento terminaba optando por tomar una decisión fatal.»

    Texto de Cheney: «Quería morir en un momento como ése, cuando el mundo estaba en su esplendor y yo podía ofrendar mi corazón a Dios, y decirle: "Gracias por todo esto. No soy ingrata, únicamente ya no soy capaz de sentir la felicidad que una noche como ésta merece. Ahora que papá está muerto la alegría es una irreverencia. Tu mundo se desperdicia en mí. Y creo que es motivo suficiente para morir”. Esa frase no escrita era la única nota con que me proponía explicar mi suicidio.» (pp. 17-18).

    Texto de Álvaro: «Nicolás era un suicida encubierto. Anhelaba la muerte, pensaba en ella durante el día, demasiado tiempo. No había otra idea a la que dedicara más tiempo libre. Pero parecía no tener la intención de poner en práctica alguna de sus intenciones o fantasías. Aún no, mientras su madre, por poco que lo pareciese, lo necesitara. Él la quería. Así de simple.»

    Texto de Cheney: «Yo, una suicida encubierta. Anhelaba la muerte, pensaba en ella todo el día, no había otra idea a la que dedicara mi tiempo libre. Pero no tenía intención de poner en práctica mis fantasías. Aún no, mientras papá estaba vivo. Él me necesitaba. Yo lo quería. Así de simple.» (p. 181).

    pp. 43-45: Compárense con las pp. 41-42 del siguiente enlace que corresponden a la obra del psiquiatra argentino Jorge Bucay titulada De la autoestima al egoísmo.


    http://libroscristianosgratis.net/wp-content/uploads/2011/11/Bucay-Jorge-De-la-autoestima-al-ego%C3%ADsmo2.pdf

    pp. 46-47: Compárense con el texto del siguiente enlace:

    https://www.facebook.com/notes/policia-ppr-imagenes/las-tres-herramientas-para-no-quejarse/683835668335796


    pp. 52-53: Compárense con el texto del siguiente enlace:

    http://webs.ono.com/nachovaldes/cprarriesgarse.htm

    p. 60: Compárese esa "frase sobre la felicidad”  que dice «permitir que las cosas sucedan, no resistirse, es la felicidad» con la p. 81 de la obra de Jorge Bucay: Cartas para Claudia. RBA, Barcelona, 2006, donde se lee que «la felicidad consiste en permitir que todos los sucesos sucedan».


    P. 63: Las palabras de Fritz Perls son, curiosamente, el motto de Cartas para Claudia.


    P. 68: El poema que leemos dice así:


    «Conmigo soy yo/Contigo…/Hablo, imagino,/Toco, oigo, huelo…/Dos./Me acerco, siento, me uno/Para ser uno y contigo dos.» 


    Compárese con la p. 154 de Cartas para Claudia, donde se lee lo siguiente:


    «En un momento soy yo, conmigo;/apareces tú…/Me relaciono, me comunico,/te toco, te escucho, te huelo…/Somos dos./Me acerco más, te siento, me fundo…/Somos uno sin dejar de ser dos, […]»

    Al lector interesado quizás le haga gracia saber que Bucay continúa el poema y habla de penes, vaginas, senos… ¡y hasta de un "triple orgasmo”! Si al menos nuestro joven escritor hubiese plagiado también esa parte…


    pp. 77-78: El poema que escribe Lucía dice así:


     «Al cerrar los ojos desaparezco./Aparezco donde estás./Te observo, me acerco con mi mirada./Tan cerca/Acaricio tu piel./Tus manos están frías./Mis labios rozan tu frente./Ni siquiera te das cuenta/Que en este momento/Tú piensas en mí/Sin conocer el motivo»


    La fuente es Bucay, de nuevo Cartas para Claudia. En esta ocasión, véase p. 113, aunque la poesía aparece también en la solapa del libro:


    «Cierro los ojos/y vuelo…/Aparezco donde tú estás./Te veo. /Me acerco./Te recorro con mi mirada./Más cerca./Te acaricio./Siento tu piel./Tus manos frías (hoy están frías)./Te huelo./Mis labios rozan tu frente./Y tú ni te das cuenta./O tal vez sí./Quizás en este momento/estás pensando en mí/sin saber por qué.»


    http://books.google.es/books?id=LAa0F5rzhYgC&pg=PT83&dq=bucay+acaricio+tu+piel&hl=es&sa=X&ei=cDfWU9HEIITk4QTsu4HIAg&ved=0CCEQ6AEwAA#v=onepage&q&f=false


    pp. 99-108: ¡Ni más ni menos que 10 páginas! Compárense con el texto del siguiente enlace:   

    http://pablo.enlapc.com/2004/10/22/carta_de_despedida/


    pp. 114-115: Compárese la historia que se cuenta en estas páginas con lo que puede leerse en el siguiente enlace:

    http://elpoeta79.blogspot.com.es/2009/05/la-princesa-y-el-soldado.html


    pp. 119-121: De nuevo la historia tiene sorprendentes parecidos con un enlace encontrado en internet. Y sí, otra vez es de una obra de Jorge Bucay.

    http://www.globenotes.com/travel-blog-entry/Chile/Isla-Negra/3868/El-Buscador-Jorge-BUCAY-del-libro-Cuentos-para-pensar/

    pp. 124-125: Las palabras de Nicolás dicen así:


    «Oíd sin juzgarme/Opinad sin aconsejarme/Confiad sin exigirme/Cuidad sin anularme/Mirad sin proyectar/Abrazad sin asfixiarme/Animad, sin empujarme/Acercaos sin invadirme/Quiero que conozcáis aunque no os gusten/Aceptarlas sin cambiarlas/Contad conmigo…/Sin condiciones.»

     

    Compárense con el siguiente texto:


    «Quiero que me oigas sin juzgarme/Quiero que opines sin aconsejarme/Quiero que confíes en mí sin exigirme/Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí/Quiero que me cuides sin anularme/Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí/Quiero que me abraces sin asfixiarme/Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí/Quiero que me protejas sin mentiras/Quiero que te acerques sin invadirme/Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten/Que las aceptes y no pretendas cambiarlas/Quiero que sepas...que hoy puedes contar conmigo.../Sin condiciones.»

    Advertencia: No, no es el eterno retorno de lo mismo, pero de nuevo el autor plagiado es Jorge Bucay.

    http://books.google.es/books?id=su0OPKoju_cC&pg=PT108&dq=bucay+%22quiero+que+me+oigas+sin+juzgarme%22&hl=es&sa=X&ei=HnnbU5zwFYSn0AXWtoGoAQ&ved=0CCAQ6wEwAA#v=onepage&q&f=false

    pp. 129-130: Compárense con el texto del siguiente enlace:

    http://www.ymipollo.com/blog.php?u=7342&p=103689-a-la-maestra-con-amor

    Si el lector ha llegado hasta aquí, comprenderá que no encuentre palabras a la hora de calificar a esta novela. "Fraude intelectual”, "estafa literaria”, "insulto a la inteligencia”, "demostración de hasta dónde puede llegar la vulgaridad en España”, "una muestra más de que si USA es el país de las oportunidades para los que tienen talento, España lo es para los mediocres”, "un signo de los tiempos”… Sí, quizás sea esta novela el mejor reflejo de lo que es en la actualidad España. Únicamente hay que ver el nivel de la enseñanza o el de su clase política para darse cuenta de que el escrito que aquí reseñamos está en consonancia con toda esa indigencia intelectual que asola nuestro país y que lo está convirtiendo en un auténtico erial en el que sólo prosperan los más incapaces e ineptos.

    Fuente: AGON (www.agonfilosofia.es). 

     

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