EL ACOSO ESCOLAR

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DAÑOS PSICOLOGICOS.

Los daños Psicológicos sobre las víctimas.
Es muy infrecuente que en las primeras fases de acoso el niño que es víctima de Acoso escolar solicite ayuda psicológica por desconocer lo que le ocurre o atribuirlo a otras causas. En el estudio Cisneros, entre un 40 y un 58 % de las víctimas de acoso escolar no se identifican o reconocen como tales.
A un problema que no se reconoce por el propio niño o sus padres  o educadores es muy difícil ponerle solución o adoptar medidas.
Cuando se identifica finalmente el problema, el daño suele estar ya instalado y el niño suele presentar algunas secuelas psicológicas importantes.
Hasta hace poco la intervención especializada con las víctimas del Acoso Escolar de psicólogos y psiquiatras, tenía muchas posibilidades de ofrecer un diagnóstico incorrecto debido a que son aún muy pocos los especialistas formados en el tratamiento de este problema. Es necesario insistir en que las secuelas de las víctimas de acoso escolar son Daños y no problemas que radiquen en una estructura de su personalidad o en factores psicológicos constitucionales previos.
Los diagnósticos en los casos de Acoso escolar, suelen ser desgraciadamente erróneos o sólo parcialmente correctos y terminan por rematar a los niños que son víctimas de ellos incrementando significativamente su estigmatización, confusión y sufrimiento.
Al hacerle sentirse responsable de sus problemas se le victimiza secundariamente. A ello es necesario añadir el estigma que desgraciadamente arrastran aún hoy los niños que visitan un psicólogo como niños "que están mal de la cabeza”, "idos” o sencillamente "locos”.
 
Los diagnósticos incorrectos habitualmente realizados sobre las víctimas de los casos de acoso escolar suelen ser los siguientes:

– Fobia escolar (se confunde debido al terror intenso que el niño presenta al ir al colegio y que es uno de los síntomas nucleares del Síndrome de Estrés Postraumático).

– Estrés escolar (se confunde con el tipo de estrés postraumático que suelen presentar).

– Síndrome de retorno al colegio.

– Depresión (debido a la indefensión generada por el acoso continuado y la consiguiente distimia).

– Problemas de adaptación al Centro.

– Maníaco-depresión o ciclotimia (debido a los altibajos en el estado de ánimo).

– Trastornos de personalidad (debido a las alteraciones y cambios en la personalidad que suele provocar el acoso).

– Neurosis (debido a la labilidad emocional y a la falta de ajuste general).

– Trastornos de ansiedad generalizada.

– Ataques de pánico.

– Baja autoestima.

– Déficits en habilidades sociales.

Estos diagnósticos son incorrectos en la medida en que olvidan significativamente o restan importancia explicativa a los aspectos situacionales tóxicos que los están causando y que tienen su origen en una agresión externa, continuada y mantenida, y no en una fragilidad psicológica de la víctima. La mayoría de estos errores diagnósticos proceden de un desconocimiento por el especialista de la sintomatología específica del síndrome de Estrés Postraumático infantil que se instala en los niños que son víctimas de estos procesos.

Estos diagnósticos clínicos no suelen tener en cuenta la posible existencia de causa en los comportamientos de hostigamiento en el ámbito escolar del niño.
La diferencia radica en que la manifestación del Síndrome de Estrés Postraumático es propia de un daño y no de características premórbidas de los niños. De un diagnóstico deficitario se deriva un enfoque terapéutico incorrecto que suele revestir características tácitamente culpabilizadoras.
Algunas "terapias positivas” o de corte "culpabilizador” suelen ser usadas especialmente con adolescentes afectados por el acoso escolar y terminan por rematarlas cargando las tintas sobre el papel "protagonista” que las víctimas tienen en la "fabricación de su propio mal”.

Hay que añadir que con frecuencia la información acerca de que la víctima recibe algún tipo de tratamiento psicológico o apoyo por los servicios psicológicos del propio centro o de ello puede servir para estigmatizarla aún más, reforzando en la opinión pública la idea de que se trata de "alguien raro” o de una "personalidad patológica”.

La imagen social ante sus compañeros de la víctima queda hecha añicos.

 

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