Domingo Herbella Rivero

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    ¿Cuál es la diferencia entre los hombres ordinarios y los Maestros, los Iniciados?


    La diferencia no está en las cualidades intelectuales, ni en que sean más ricos, más bellos, o mejor situados en la sociedad, más sabios o más ignorantes. No, la mayor diferencia, es el desinterés de los Iniciados.

     

    Y como esta cualidad no se ve, la gente se deslumbran, son cautivados por el alboroto, la exageración, las habladurías de aquellos que no son desinteresados y que llegan de este modo a embaucar a los demás.

    En el momento en que alguien habla mucho de sí mismo y se hace propaganda a la moda americana, todos están entusiasmados por esta publicidad. Se gastan millones para sacar un producto, una modelo, algo que va a envenenar al mundo. He aquí sobre qué se ha detenido el mundo, sobre este hallazgo formidable que es la publicidad que lleva al éxito, el prestigio, el renombre, la opulencia, la abundancia. Sí, da resultados en el mundo físico, el mundo terrestre de la personalidad humana, no se puede negar.

     

    ¿Por qué andar en este camino de la propaganda, para deslumbrar a la gente, antes de volverse uno mismo una piedra preciosa?

    Cuando se estará preparado, os lo digo, será el mundo invisible quien hará la propaganda.

    Algunos incluso se han preguntado si era inteligente o si estaba dormido puesto que no hacía nada para que tuviéramos una gran extensión. No es muy extraordinario difundir folletos, no es ni honesto, ni noble, ni inteligente, pues te preparas a tener que afrontar peligros. Yo he escogido el método más razonable, inteligente y sabio: trabajar sobre uno mismo, y os he aconsejado que hagáis lo mismo.

    Después, no os inquietéis, cuando uno se vuelve una piedra preciosa, nadie puede verla sin detenerse para mirarla y apreciarla. Pero si se hace tam-tam, publicidad, la gente viene y ve que es un objeto dorado, pero no es oro. Los verdaderos Iniciados nunca utilizan este método ya que no es desinteresado. Este método pertenece a los hombres ordinarios que os quieren seducir, despojaros, simplemente. Eso es lo que no se ve.

    Se vuelven ocultistas, sabios, y se enriquecen, venden su mercancía, venden todo lo que es más sagrado para tener dinero. Estos métodos están tan propagados que todos encuentran que es natural.

    No, es el Universo quien os recompensará si dais gratuitamente para el bien de la humanidad. El Universo que sabe el valor de cada cosa, os dará miles de veces más que los humanos que no saben apreciar lo que hacéis. Así pues, si queréis recibir mucho, no pidáis nada. Si pedís, os darán cincuenta francos, trescientos francos por vuestro pensamiento, pero vosotros, habréis gastado algo que valía millones, la vida que no se compra por trescientos francos.

    Si queréis ser pagado, el Universo no os dará nada y el Cielo dirá:"Quedaros con lo que os han dado puesto que no habéis comprendido lo que era más precioso.” Es mejor no pedir nada porque entonces recibiréis del Universo mismo que sabe el valor de vuestro trabajo.

    Aceptad lo que se os da si no habéis pedido nada. El Universo os pagará, pero no hay que regatear. Si decís: esto vale tanto, el Universo dirá: habéis sido pagado, guardad vuestro dinero pero no tendréis ni salud, ni belleza, ni felicidad, ni gozo, ni luz.

     

    El desinterés es la cualidad más difícil de adquirir, hacen falta siglos para ello. En algunos años, podéis leer libros, hacer estudios y ganar dinero. Pero para adquirir el desinterés, hacen falta siglos. El desinterés es, pues, una prueba de que la persona es muy evolucionada y que ha trabajado mucho tiempo. Es por esta razón que es la cualidad más preciosa, la más rara, puesto que es la más difícil de obtener. Detrás del desinterés se encuentran el amor, la abnegación, la generosidad, la impersonalidad, la renuncia y también una sabiduría oculta, ya que aquél que se ha lanzado al desinterés y ha descuidado otras cualidades tenía un saber, que no es la inteligencia del mundo sino la verdadera inteligencia. Son pocos los que se lanzan a ello, por miedo a morir de hambre, a ser el último de todos. Este saber es un saber divino.


    Si un iniciado no posee este desinterés, si veis que os quita el dinero, que os despoja, a pesar de sus conocimientos, su riqueza, su belleza, no debéis ni creer en él ni aceptarlo. El desinterés es la única cualidad que merece que nos detengamos en ella. Pero la gente se queda cautivada por toda clase de otras cualidades que todo el mundo puede tener.

     

    Aquel que escoge, trabaja y desarrolla esta cualidad tiene intuición y no se equivoca, puesto que son el amor y la sabiduría los que se esconden detrás.

    Juntos, producen la verdad. El hombre está en lo cierto ya que es libre y tiene más poderes para actuar. He aquí cómo las fuerzas y los poderes le son dados.

    Pero cuando se está atado, aprisionado en sus propias debilidades, se pierden las fuerzas y te quedas débil. Es claro y lógico. Es esta verdad la que tenéis que entender, todas las demás verdades son maravillosas, pero por el momento, no son tan útiles. Las encontraréis más tarde, cuando trabajaréis sobre la materia, en el mundo. Por el momento, para la purificación, el avance, es esta verdad del desinterés que hay que tener y para ello hace falta amor, el verdadero saber; y los poderes os serán dados. Entonces seréis libres.

     

    Ahora, mis queridos hermanos y hermanas, aquél que quiere aprender y prepararse para volverse un hijo del Universo, aquél que quiere ser un bienhechor de la humanidad, debe conocer estas cosas, estudiarlas, sino se volverá un ser ordinario que se hace publicidad no hablando más que de sí mismo.

     

    Este es mi método pedagógico: que las cosas vividas sean un punto de partida desde el cual os pueda llevar hacia las cosas que todavía no habéis vivido y tendréis que vivir.

     

    Maestro Omraam Mikhael Aivanhov





    El hombre es un ser cuya realidad supera en mucho su apariencia física.

     

    Los Iniciados de la Antigüedad, no podían, lógicamente, tener los mismos conocimientos sobre la anatomía y la fisiología del cuerpo físico que poseen los biólogos contemporáneos. Pero sus prácticas de la meditación, y del desdoblamiento, les permitieron descubrir que, más allá de los órganos como el estómago, los pulmones, el corazón, el cerebro, etc... que le permiten vivir en el plano físico, el hombre posee centros etéricos, sutiles, gracias a los cuales puede entrar en contacto con el mundo espiritual y obtener de estas exploraciones, absolutas certezas.

    Generalmente, se acostumbra a separar el plano físico del plano espiritual, pero lo cierto es que no existe separación ninguna, no existe interrupción, sólo hay una transición progresiva del plano físico al plano etérico y, todavía más allá, a los planos astral, mental, causal, búdico y átmico. Este tránsito se hace por medio de centros y órganos que son, en el plano sutil, como una especie de prolongación a los centros y órganos físicos. Podemos considerar estos centros como transformadores que permiten al hombre vivir armoniosamente tanto en el plano físico, como en los planos psíquicos y espiritual, puesto que entre ellos se realiza un continuo vaivén. Y esto es verdaderamente la alquimia espiritual: esta transformación progresiva de la materia bruta en materia fluida, etérica, espiritual; e inversamente, la difusión de esta materia espiritual en el cuerpo físico que entonces se vivifica, se anima, se regenera. La mística hindú, llama a estos centros chakras, y los sitúa sobre el trayecto de las corrientes que circulan en la columna vertebral, entre los órganos sexuales y el cerebro.

    Puesto que todos los seres humanos poseen una estructura idéntica, cada uno de ellos tiene la posibilidad de realizar este trabajo alquímico; pero si pocos lo consiguen, es porque muy pocos de entre ellos son conscientes de estas posibilidades, y todavía son menos los que están decididos a dedicarse a este trabajo. Sólo utilizan una ínfima parte de sus facultades: el intelecto, y como el intelecto es limitado, el horizonte que se abre frente a ellos, es extremadamente reducido.

     

    El sol difunde también, sobre la tierra y los demás planetas, unas corrientes de energía desconocidas todavía. De momento los hombres sólo conocen la luz que ven, el calor que sienten, y la vida que penetra en ellos, pero estos son unos conocimientos demasiado limitados e incompletos.

    Algún día la ciencia descubrirá que el sol envía otras corrientes, otras radiaciones, otras emanaciones que no son tan fáciles de captar. Cuando se den cuenta de ello, empezarán a evolucionar, porque, para captar estas energías, será preciso desarrollar centros que hay dentro de nosotros, los chakras.

     

    Desde hace miles de años, los sabios, los clarividentes, los Rishis han estudiado al ser humano. Han explorado en el hombre y sin utilizarlos aparatos de los que se sirven hoy. Han visto todo lo que está en él y que todavía no ha sido encontrado por la ciencia o las ciencias naturales. Han constatado que en la base de la columna vertebral, hay un sitio como un triángulo y encada ser humano, en este punto del cóccix, se encuentra una fuerza cósmica adormecida. Han nombrado a esta fuerza:

    Kundalini-shakti (Kundalini significa serpiente; shakti: madre, fuerza, poder). Esta fuerza cósmica que ha creado el mundo duerme plácidamente en la base de la columna vertebral de todos los humanos. Los sabios han descubierto los métodos, las meditaciones, los ejercicios apropiados para despertar esta fuerza Kundalini. En tal caso lanza una llama tal que empieza a elevarse y pasa a través de un centro situado a nivel del bazo, cerca de la columna vertebral. Continuando la ascensión, atraviesa un centro próximo al plexo solar pero que no se debe confundir con este, va a otros centros llamados chakras o lotus, uno cerca del corazón (que no se debe confundir con el corazón), otro situado en la garganta, más otro entre los dos ojos y, al fin, el que está situado en la cima del cerebro. Atraviesa así siete centros llamados chakras, ruedas, flores de lotus. Sin entrar en los detalles (cuántos pétalos tienen estos lotus, etc.), cada pétalo contiene letras cabalísticas, fuerzas, formas geométricas diferentes, y permite uniones con los cinco elementos.

    Así pues, en general, diferentes divinidades corresponden a cada chakra. Los nombres de estos lotus están en sánscrito: Muladhara a la base, Svadhisthana que despierta otras fuerzas, cualidades o talentos. Después vienen Manipura que se encuentra hacia el bazo, Anahata, Visuddha, el de la garganta, Ajna-chakra en la raíz de la nariz y Sahasrara, el lotus de los mil pétalos. Cuando Kundalini-Shakti despierta este último centro, el hombre se vuelve todopoderoso. Sale de su cuerpo y puede viajar en el espacio. Dirige a los espíritus y las fuerzas de la naturaleza; es un ser perfecto. Cuando este fuego Kundalini atraviesa un centro, comunica al ser, al discípulo, al Maestro, las cualidades y los poderes que corresponden a ese chakra. Por ejemplo, cuando atraviesa el chakra del corazón da la posibilidad de sentir las virtudes y las cualidades de los humanos. En cada chakra se encuentra una divinidad que se debe despertar con la ayuda de Kundalini-Shakti hasta Sahasrara dónde uno es libre. Los nombres de estas divinidades son: Rakini-shakti, Lakini-shakti, Dakini-shakti, Hakini-shakti, Shakini-shakti, Kakini-shakti.

    Hemos visto pues que hay siete centros. Por las respiraciones, por yogas que no quiero enumerar, hay muchos, y con la ayuda de dos corrientes positiva y negativa llamadas Ida (femenino) y Pingala (masculino), se logra hacer subir esta corriente Kundalini por la columna vertebral no en un día ni una semana, sino durante meses y años. Este fuego  que se eleva pasa por un camino llamado Sushumna. En los humanos este camino está taponado debajo de su columna vertebral, y algunas respiraciones permiten abrirlo. La corriente parte del chakra dónde duerme: Muladhara.

     

    El hecho de que un discípulo logre despertar Kundalini es inmenso, muy raro, difícil, casi imposible. Es un advenimiento fabuloso ya que Kundalini no se despierta fácilmente.

     

    Cuando Kundalini se despierta, sube y llega hasta Ajna-chakra. ¡Qué es este centro? Lo podemos comparar con el ojo, un cristal, una bola, es pues, el lado pasivo femenino; es el espejo mágico sobre el cual se reflejan todos los acontecimientos del universo. Cuando Kundalini llega hasta este centro, todo lo que ocurre en el universo se refleja sobre este ojo, es el tercer ojo, entre las dos cejas, que permite verlo todo pero sin poder cambiar nada de lo que se ve. Ya que el ser que llega a ese punto no posee más que el lado femenino, receptivo, el lado de visión, pero no puede actuar sobre los acontecimientos, sobre las fuerzas, no tiene el poder para ello. Para adquirirlo, la fuerza Kundalini debe subir hasta el chakra siguiente que es activo, dinámico, masculino. En ese momento, el ser se vuelve emisivo y puede actuar. Cuando Kundalini sólo llega hasta el tercer ojo, se ve pero no se es todopoderoso; se puede ser vulnerable, expuesto al bien y al mal sin poderlo remediar. Se debe pues, ir mucho más arriba.

     

    En otra época los doctores se ocupaban solamente de los órganos; pero ahora han comprobado que el estado de los órganos depende de pequeñas glándulas y estas dependen de cosas aun más pequeñas que se hallan en el cuerpo etérico y provocan o entorpecen la secreción.

    Son los chakras los que actúan sobre las glándulas y los sentimientos actúan sobre los chakras.

    Los sentimientos están unidos a los pensamientos. Es una cadena sin fin, ininterrumpida. Así pues, el que conoce la naturaleza humana y se encuentra enfermo, no irá a decir que la culpa está en las glándulas endocrinas.

     

    Los humanos ignoran quienes son por eso no han desarrollado sus centros superiores. Mientras que en India, en el Tíbet, los yoghis trabajan para despertar en ellos ciertos mecanismos, ciertos chakras que logran extraer la energía que está extendida por todas partes en la naturaleza.

     

    Lo primero que debemos hacer es volver a crear el equilibrio dentro de nosotros mismos; por ejemplo, si hasta ahora habíamos desarrollado solamente nuestro intelecto, debemos encontrar las condiciones para desarrollar nuestro corazón: y después trabajar, hacer ejercicios para desarrollar nuestra voluntad. Cuando este triángulo del corazón, del intelecto y de la voluntad está perfectamente desarrollado, el hombre se da cuenta de que automáticamente la luz entra en él y se descompone en siete colores.

    Echemos ahora una mirada a las funciones del organismo físico: cada una reproduce el fenómeno del prisma con la luz que se descompone en siete colores. Cuando coméis, por ejemplo, el alimento representa la luz, el estómago representa el prisma y también debe estar en buen estado para poder digerir los alimentos, es decir, distribuir las siete fuerzas, los siete colores, por todo el cuerpo. ¿Cómo las distribuye? Envía el rojo al sistema muscular, el naranja al sistema circulatorio, el amarillo al sistema nervioso, el verde al sistema digestivo, el azul al sistema respiratorio, el índigo al sistema óseo y, finalmente, el violeta al sistema de las glándulas y los chakras.

    Como hemos visto para el alimento que comemos, el aire que respiramos representa simbólicamente la luz del sol, y la nariz y los pulmones, que son aquí comparables al estómago, representan el prisma. Cuando la sangre purificada y cargada de oxígeno circula de nuevo, distribuye en el organismo siete haces de fuerzas. El mismo fenómeno se produce en la vista y en el oído: las imágenes son recibidas por los ojos, y el sonido por los oídos, como prismas que los descomponen y los transmiten bajo forma de sensaciones. Así pues, todo lo que penetra en el hombre, es decir, todo lo que es absorbido o percibido por él, puede compararse con la luz que entra en el prisma y sale de él descompuesta. Se trata de los mismos procesos.


    Veamos ahora como se efectúa la distribución. Cuando el estómago distribuye las energías, envía cuatro partes a la región del vientre y de los órganos sexuales, dos partes a los pulmones y al corazón y solamente una parte al cerebro. Para comprender este reparto debemos acordarnos de otra división en tres que utiliza la Ciencia iniciática: la división cabeza, torso y vientre. La cabeza corresponde al mundo divino, al mundo de la inteligencia, los pulmones y el corazón corresponden al mundo astral, y el estómago, con todos los órganos de la digestión, al mundo físico. Esta es una división tradicional de los esoteristas. Así pues, el estómago, que absorbe el alimento y lo distribuye, se queda cuatro partes para él, envía dos al corazón y a los pulmones y una al cerebro. Del aire que reciben, los pulmones envían dos partes al estómago, dos partes al cerebro, y se quedan con tres para ellos y el corazón. Finalmente, cuando el cerebro recibe la energía solar, se queda con cuatro partes para él, envía dos al corazón y a los pulmones, y una solamente al estómago. Los elementos espirituales, que producen muy pocas escorias, entran en muy poca cantidad en el estómago, mientras que el sistema nervioso lo recibe casi todo.

    Inversamente, casi todas las energías producidas por el alimento y las bebidas se van al sistema muscular y al vientre, y muy pocas van al cerebro.

    Digamos unas palabras más sobre los colores. El rojo está en relación con la vida, la expansión y la vitalidad, e incluso la guerra, porque la necesidad de espacio vital y de alimento empuja a los hombres a pelearse para tener siempre más. El naranja es el dominio de la salud, de la medicina, de todas las investigaciones que se hacen para curar a los hombres. El amarillo es el dominio de la ciencia, de la observación, de la reflexión, del análisis. El verde, el de la agricultura, y, de una forma general, el de la economía. Toda civilización empieza con la agricultura, de la que derivan automáticamente la economía y las finanzas. El color azul concierne al dominio religioso, ético, moral. El color índigo es el de la metafísica y las abstracciones, en donde descubrimos la causa de todas las cosas. El violeta es la expresión del mundo espiritual más sublime.

    Éstas son algunas palabras con respecto a los colores; pero lo más importante para vosotros es comprender que debéis trabajar sobre vosotros mismos para llegar a ser puros como un cristal y desarrollar armoniosamente este prisma que forman la cabeza, los pulmones y el vientre. Entonces, la luz en la que estamos sumergidos pasará a través nuestro produciendo los sietecolores más bellos e resplandecidos.

     

    Omraam Mikhael Aivanhov



                               


    MEDITACIÓN

     

    Quedaros tranquilos para introducir en vosotros la paz y poneros en armonía con el universo.

     

    Cómo espiritualizar todas nuestras actividades

     

    Muchos se imaginan que para ser espiritual hay que consagrarse a la meditación y a la oración.

    No, cualquier trabajo, incluso espiritual, se convierte en algo extremadamente prosaico cuando no introducimos en él una idea sublime, un ideal superior; y al contrario, cualquier trabajo prosaico puede ser espiritualizado si sabemos introducir en él un elemento noble. La espiritualidad no consiste en rechazar toda actividad física, material, sino en hacer todo en aras de la luz, para la luz y por la luz. La espiritualidad es saber utilizar cualquier trabajo para elevarse, para armonizarse, para unirse al Ser.


     

    Algunos temas de meditación


    Sobre la meditación a la salida del sol

     

    En la paz y la luz de la mañana, empezáis a meditar, pero suavemente, sin concentraros enseguida intensamente en el sol. Echad primero una ojeada en vuestro fuero interno para ver en qué estado se encuentran los habitantes, y si hay ruido, bullicio, tratad de apaciguarlo y de equilibrarlo todo, porque sólo después de haber instalado la armonía y la paz en vosotros mismos podréis proyectaros hacia el sol.

     

    La búsqueda del centro

     

    El sol es el centro del sistema solar y todos los planetas gravitan alrededor de él mediante un movimiento armónico. Este movimiento armónico de los planetas alrededor del sol, debemos imprimirlo en nuestras propias células. Pero para ello, tenemos que encontrar el centro en nosotros, el sol, el Espíritu. En este momento, todas las partículas de nuestro ser entran en el ritmo de la vida universal y lo que experimentamos como sensaciones y estados de conciencia es tan maravilloso que no hay palabras para describirlo.

    Cuanto más nos acercamos al sol con nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro pensamiento, nuestro corazón, nuestra voluntad, más nos acercamos al centro Universal, porque en el plano físico el sol es el símbolo de la Divinidad, su representación visible, tangible. Y todos esos nombres abstractos que se le dan: Fuente de vida, Creador del cielo y de la tierra, Causa primera, Alma universal, Inteligencia cósmica... pueden resumirse en la imagen del sol, tan concreta y próxima a nosotros. Sí, podemos considerar el sol como el resumen, la síntesis de todas esas ideas sublimes y abstractas que nos rebasan. En el plano físico, en la materia, el sol es la puerta, el médium gracias al cual podemos alcanzar al Ser...

    Cuando contempláis el sol por la mañana, contempláis el punto central, el espíritu, el ojo del Universo... Por eso debéis contemplar siempre el sol con el deseo de acercaros al centro, a vuestro centro. Por el solo hecho de mirar al sol, os acercáis al centro del sistema solar, y en vosotros se produce entonces el mismo fenómeno: vuestra conciencia se acerca a vuestro propio centro, y encontráis la luz, la paz, la libertad, la fuerza. El día en que decidáis hacer este trabajo conscientemente, sentiréis que entre el sol y vosotros empiezan a circular ondas que crean formas, colores, un nuevo mundo...

     

    Captar los elementos sutiles contenidos en el sol

     

    El sol es el origen y el padre de todas las cosas, es la Causa primera; la tierra y los demás planetas salieron de él, es él quien los ha engendrado. Por eso la tierra contiene los mismos elementos que el sol, pero en estado sólido, condensado. Los minerales, los metales, las piedras preciosas, los gases, los cuerpos sutiles o densos que se encuentran en el suelo, en el agua, en el aire y en el plano etérico, salieron del sol. Así pues, concentrándose en el sol, el discípulo puede apropiarse de los elementos necesarios para su equilibrio y su salud captándolos en su pureza original.

    En realidad, es muy sencillo, ni tan siquiera es necesario conocer qué elementos restablecerán vuestra salud, esto no tiene ninguna importancia. Elevaos mediante el pensamiento hasta las regiones más sutiles, más delicadas del espacio, y exponeos allí a todas esas corrientes. Entonces, vuestra alma y vuestro espíritu, que son químicos muy competentes y que conocen exactamente la naturaleza de todas las sustancias etéricas, captan lo que es necesario y dejan lo demás de lado.

    Esperad con amor, sumisión, alegría, confianza, y poco después, cuando volváis, sentiréis que algo se ha restablecido, tranquilizado, reforzado. He ahí cómo hay que obrar.

    Y poco importa si, de momento, no conocéis la naturaleza de estos elementos. Sabed solamente que se encuentran en el prana. El prana es una fuerza viviente, la vitalidad que procede del sol, que se respira con el aire y que se absorbe a través de todas las células. Si queréis, se puede comparar el prana con el agua que fluye desde las altas montañas, un río que encierra muchos elementos nutritivos para los peces, pero también para los animales y los hombres que viven en las orillas. El prana es un río que procede del sol y llega hasta nosotros, y del cual podemos extraer, mediante la respiración y la meditación, todos los elementos que necesitamos.

     

    Mirar al sol para parecérsele

     

    Cuando miráis un objeto, no sabéis que representa un peligro o una felicidad que os aguarda.

    Esto depende de la naturaleza del objeto, de su forma, de sus radiaciones, y también de vuestro estado interior, porque entonces todo vuestro ser toma la forma, las dimensiones y las cualidades del objeto. Diréis: «¡Pero el hombre no cambia de forma!» Externamente, es cierto, no cambia, pero internamente, en el plano psíquico, se identifica con lo que mira. Es una ley natural, biológica. Y cuando miramos al sol, aún sin que lo sepamos, nuestra alma toma la forma del sol: se convierte en una esfera incandescente y luminosa. Es la misma ley mágica que entra en acción: mirando al sol, todo nuestro ser comienza a parecérsele.

    Un día todos vosotros seréis como el sol, pero a condición de saber mirado con mucho amor, con mucha confianza; entonces llegaréis a ser más luminosos, más cálidos, más vivificantes, y les podréis dar a los hombres algunas partículas de luz, de calor y de vida. Si durante años vais conscientemente hacia el sol, esta ley se manifestará con una potencia real y os convertiréis verdaderamente en un sol.

     

    El lazo con el Yo superior

     

    Imaginaos que estáis allá arriba, en el sol, y que desde allí miráis hacia la Roca y veis a este ser que sois vosotros mismos; os desdobláis, os separáis de vuestro cuerpo, os divertís mirándoos y os reís de vosotros mismos diciendo: «¡Oh! el pobre, mira lo pequeño que es, lo ridículo que es.

    ¡Y pensar que soy yo!... Pero, ¡le ayudaré, le ayudaré!» Y mediante este ejercicio de imaginación empezáis a restablecer el puente, cada día... Cuánto tiempo llevará esta reconstrucción, no se sabe, porque no debe hacerse con hierro, hormigón o acero, sino con otra materia, más sutil, la del plano mental.

    En realidad, aunque no lo sienta, el hombre, a través de una parte extremadamente sutil de su ser, habita en el sol. Esta parte de él mismo, esta entidad que habita en el sol, es su Yo superior.

    Nuestro Yo superior no habita en nuestro cuerpo físico, porque entonces realizaría prodigios; sólo alguna que otra vez viene a manifestarse poniéndose en contacto con nuestro cerebro. Pero como el cerebro aún no está preparado para soportar estas vibraciones y unirse con él, este contacto no puede durar.

    Ahora bien, precisamente el trabajo que hacemos por la mañana con el sol, a través de las meditaciones y las oraciones, tiene por fin restablecer el lazo, construir un puente entre nuestro yo inferior y nuestro Yo superior que está en el sol. Cuando el puente esté construido se producirá la comunicación y regresaremos hacia nuestro Yo superior que vive en la dicha, en la felicidad, en una libertad sin límites, que vive cerca de Creador. Sí, una parte de nosotros ya habita en Creador en medio de una felicidad indescriptible.

    Sabed que el sol nos ayuda enormemente para llegar a establecer este puente entre nosotros y el Yo superior. Sin él, el hombre pasará quizás millares de años en la filosofía de la separatividad, sin encontrar jamás esta plenitud a la que aspira. Debe introducir en él esta filosofía de la unidad universal, este punto de vista que consiste en sentirse uno con el Creador, con todas las entidades luminosas, los ángeles, los arcángeles, las divinidades... Gracias a esta filosofía, se acerca rápidamente, eficazmente al Manantial.

     

    Visitar el sol

     

    Una vez hayáis llegado al sol, imaginaos que visitáis al Arcángel Miguel que lo gobierna, que habláis con él, que os toma en sus brazos, os revela secretos, os da su luz y que de vez en cuando, enviáis algo de lo que habéis recibido a aquel ser que está allá abajo, sentado en la Roca, este ser que decimos que es nuestro yo, aunque no es así realmente. Empezáis a sentir una gran expansión de conciencia, una paz celestial, y después se producen revelaciones, y más revelaciones... Es así como podéis desarrollar nuevas facultades, nuevos centros, y comprender, penetrar las cosas, convirtiéndoos poco a poco en seres excepcionales, que externamente siguen pareciéndose a los demás, pero que interiormente ya no son los mismos porque se han desarrollado en ellos nuevas posibilidades.

     

    Exponerse al sol espiritual para hacer crecer los gérmenes escondidos en nuestra alma

     

    Si las semillas depositadas en nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestro intelecto y nuestro cuerpo físico no crecen, no dan frutos, se debe a que nos hemos olvidado de acercarnos al sol. Únicamente el calor del sol y su luz pueden despertar lo que el Creador ha depositado en nosotros: las cualidades, las virtudes, los dones, los poderes mágicos, todos los esplendores. El día en que el hombre comprenda esto, empezará a acercarse al sol espiritual, y todas las semillas depositadas en él podrán crecer, dilatarse y dar frutos.

    Exponeos a los rayos del sol y dejadle hacer su trabajo. Sentiréis crecer en vosotros pequeños brotes, pequeños retoños... Naturalmente hay que regarlos enseguida, porque si no se los riega, pueden secarse. El sol envía su luz y su calor, pero no puede regar las plantas; así pues, precisa una colaboradora, el agua, y esta colaboradora está en nosotros. El sol hace una parte del trabajo, y a nosotros nos corresponde la otra; las plantas que el sol ha calentado, debemos regarlas con nuestro amor, nuestra fe, nuestra confianza. ¡Hay que echarle una mano! Si dejáis que el sol os caliente sin participar en su trabajo, no se producirán grandes resultados y lo que habrá hecho crecer, morirá desecado.

    Pero, ¿cómo participar en este trabajo?.. Cuando estáis bajo los rayos del sol, debéis ser activos como él, es decir, meditar, contemplar, orar, dar gracias al Señor, o bien pronunciar algunas palabras adecuadas. De esta manera regáis estos brotes con vuestro corazón, con vuestro amor, y todo va por buen camino.

     

    Ejercicio para desarrollar el aura

     

    La mejor protección para el discípulo, es el aura. Cuanto más luminosa, amplia y pura de colores sea, más seguro estará el discípulo, porque el aura desempeña el papel de una coraza que le protege de las corrientes negativas y de los espíritus tenebrosos.

    Así pues, debéis pensar en trabajar sobre vuestra aura, y yendo cada mañana a ver la salida del sol, mirando cómo se rodea a sí mismo de un aura de maravillosos colores, diréis: «Yo también quiero rodearme de los más hermosos colores: el violeta, el azul, el verde, el amarillo, el naranja, el rojo...» y durante mucho tiempo, mucho tiempo, os bañáis en esa luz, os imagináis que irradia y se extiende muy lejos, que todas las criaturas que se encuentran en esa atmósfera se benefician, que todos los que tratan con vosotros o contactan con vosotros de alguna u otra forma pueden recibir las bendiciones. De esta manera, vuestra aura os sirve de protección y al mismo tiempo es una bendición para los demás.

     

    Amar como el sol

     

    Debéis tomar el sol por modelo diciéndoos: «Nos ilumina, nos calienta, da la vida a todas las criaturas sin discriminación, ¿a qué se debe?» ¿Acaso el sol es ciego, no ve los crímenes, no es más que un mecanismo sin inteligencia ni discernimiento al que poco importan la bondad o la maldad, la honestidad o la deshonestidad? No, el sol ve las faltas y los crímenes de los humanos mucho mejor que cualquiera, pero para él no son otra cosa que hechos insignificantes en relación a la inmensidad de su luz y de su calor. Todo lo que nos parece monstruoso y terrible, para él no son más que pequeños errores, pequeñas destrucciones, pequeñas manchas... Él lo quita, lo repara, lo lava, y continúa iluminando a la humanidad hasta que alcance la perfección con una paciencia ilimitada.

    El sol tiene sus ideas sobre el género humano, sabe muy bien que la humanidad aún es un fruto verde, áspero, duro y ácido, ve la eternidad y la inmortalidad del alma humana. Entonces él, que tan bien sabe hacer que maduren los frutos de los árboles, que los colma poco a poco de azúcar y de perfume hasta lograr que sean deliciosos, quiere también hacer que la humanidad madure. Pero como ha comprendido que se necesita más tiempo para los humanos que para los árboles y los frutos, ha decidido tener paciencia... El sol no abandona a los hombres porque sabe que si les abandona, su evolución se detendrá, no habrá frutos maduros, no habrá santos, profetas, divinidades sobre la tierra. El que el sol brille siempre demuestra que conoce el fin de su trabajo, la finalidad de la creación, y sigue ayudando a los humanos hasta su madurez.

    El sol es el único que no se cansa nunca. Los demás se fatigan, cierran la tienda y desaparecen de la circulación: ¡enterrados! pero el sol siempre está ahí, triunfante, radiante. Dice:

    «Venid, bebed, tomad... ¿Habéis hecho tonterías?.. No os lo tendré en cuenta. Los humanos son egoístas, negativos, vengativos, y si os cogen no respondo de vosotros. Pero yo no os haré ningún daño, venid, exponeos a mis rayos... ¡aún os daré más! »

    Tomando el sol como ideal, como modelo, estáis obligados a mejorar. Junto a él, encontráis la fuerza suficiente para olvidar todas las dificultades, todas las decepciones que suponen el contacto con la humanidad. Pensando como el sol os convertís en una divinidad, porque no perdéis nunca ni vuestro amor ni vuestra paciencia. Todos los demás capitulan y al cabo de cierto tiempo os dicen: «¡Idos! ¡Ya no os quiero ver! He hecho todo lo que podía por vosotros, y ahora estoy cansado.» Pero el sol no se fatiga jamás...Ahora podéis comprender por qué os llevo hacia el sol: porque él es el único que os puede inspirar sentimientos nobles y divinos...

     

    Irradiar sobre toda la humanidad

     

    Cuando el discípulo tiene demasiados problemas personales que resolver, no puede abrirse, ensancharse ni pensar en otra cosa que no sea él mismo: está demasiado preocupado. Pero cuando consigue resolver sus problemas, verlos con claridad, ser un poco más libre, empieza a preocuparse por toda la humanidad, y se convierte en un sol. Y aunque se encuentre ante cincuenta, cien personas, no le es suficiente; vive en una libertad tal que ensancha el radio de su amor y de sus pensamientos a todo el género humano: se le aparece como una sola persona a la que envía el exceso de amor que desborda su corazón, le envía todos los colores, todos los rayos.

    Mientras el hombre sólo piensa en sí mismo, en su mujer,en sus hijos y en sus amigos, no puede conocer esta felicidad. Pero el discípulo que empieza a enviar a los humanos su amor y su luz como lo haría sise tratara de una sola persona, sin preocuparse por cuántos son, ni dónde están, se convierte en un sol.

     

    Dirigirse al sol para encontrar la solución de nuestros problemas

     

    Cuando tengáis un problema, una dificultad, dirigíos con amabilidad al sol como si hablaseis con una persona. Decidle: «Querido sol, si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?» El se sonreirá (¡ya sabéis cómo le dibujan los niños!), y responderá: «¡Si me encontrara en tu lugar, ya me habría suicidado! Pero intenta ponerte tú en mi lugar, y todo irá mejor... ¿Por qué debo ser yo quien esté en tu lugar? Yo no puedo. Eres tú quien debes ponerte en el mío... Así pues, si te pones en mi lugar, harás esto y aquello...» y os dará consejos... precisamente los que os estoy dando.

     

    El trabajo del pensamiento

     

    El pensamiento permite extraer la quintaesencia

     

    Se ha acostumbrado de tal manera a los hombres a trabajaren la superficie de las cosas, que ahora resulta difícil llevarles hacia otra concepción. No se dan cuenta de que en el trabajo del pensamiento se encuentran posibilidades insospechadas que ninguna otra actividad puede proporcionarles.

    Consideremos algunos ejemplos. Cuando se extraen minerales de hierro, de cobre... se necesitan toneladas y toneladas de este mineral para obtener una cierta cantidad de metal. El resto, es la ganga, la tierra que rechazamos. Para obtener algunos litros de esencia de rosa de Bulgaria, también se necesitan vagones de pétalos. Por ello un litro de esa esencia de rosas vale una fortuna.

    En general, los trabajos humanos consisten, de algún modo, en remover toneladas de ganga, la materia más grosera, mientras que el trabajo del pensamiento permite extraer la quintaesencia de ella. Si no sabéis trabajar mediante el pensamiento para concentraros, controlaros, dominaros, orientar vuestras energías y dirigirlas hacia las regiones superiores, no obtendréis otra cosa que vagones de mineral con los cuales no sabréis qué hacer hasta que no aprendáis a extraer su quintaesencia.

    Los trabajos que hacen los Iniciados tienen por fin, precisamente, obtener esa quintaesencia, que es algo imponderable que da un gusto y sentido a las cosas. Aunque poseáis todas las riquezas de la tierra, si no tenéis esa quintaesencia que se encuentra en el plano mental, os sentiréis pobres, vacíos, inquietos e insatisfechos. Porque no es la cantidad de materia lo que da un sentido a la vida, sino su cualidad, su quintaesencia.

     

    Utilizar siempre el pensamiento para el bien

     

    En general, los espiritualistas saben que el pensamiento es una fuerza que puede tomar forma y producir realizaciones, pero ignoran las perturbaciones que un pensamiento puede provocar en el inmenso organismo de cósmico al que pertenecemos. No se preguntan jamás si los proyectos en que se concentran continuamente están de acuerdo con los planes del Universo, y se lanzan con inusitada violencia a obtener lo que desean... es preciso que comprendan que el pensamiento no debe servir para obtener dinero, para seducir a las personas, para adquirir bienes que la vida parece siempre negar. El pensamiento debe dirigirse siempre hacia el bien de todos, debe tener un fin impersonal desinteresado: la felicidad de todos los hombres, la realización del reino de Creador en la Tierra.

     

    La función de la música en el trabajo del pensamiento

     

    La música representa una poderosa corriente, produce impulsos, anhelos en nosotros; por eso debemos utilizarla para contactar con nuestro ideal, para volver a encontrar los instantes preciosos, espirituales, que hemos vivido. Escuchando música debemos apelar a lo que hay de mejor en nosotros; debe ser como el viento que infla las velas de nuestro navío para conducirlo hacia su predestinación celeste.

     

    La concentración

     

    Si estáis agitados e intentáis concentraros enseguida, produciréis un choque violento en vuestras células. Debéis ser diplomáticos con vuestras células. No interesa que sospechen lo que vais a exigirles. Así pues empezad por tranquilizarlas, después buscad la forma de orientarlas, suavemente, lentamente, diestramente, y así lograréis vuestros fines y podréis concentraros sobre la cuestión que os preocupa. Proceded por etapas sucesivas hasta el momento en que se produzca en vosotros un equilibrio tan grande y poderoso que todas vuestras células colaboren con vosotros. Entonces habréis dado una orientación tan adecuada a vuestro pensamiento que éste continuará todos los días en la misma dirección, de la misma manera.

     

    Meditación, contemplación, identificación

     

    La meditación es una actividad del intelecto que se esfuerza por penetrar las verdades espirituales.

    La contemplación es una actividad del corazón o del alma que se detiene en una imagen, una cualidad o una virtud, para deleitarse con su luz, con su belleza, y comulgar con ella.

    Y por encima de la meditación y de la contemplación, existe el trabajo mágico, que es una actividad de la voluntad, del espíritu que se identifica con el Creador para crear.

     

    La meditación

     

    La meditación es como la masticación de los alimentos. Cuando introducís alimentos en vuestra boca y los masticáis, las glándulas trabajan y absorbéis por la lengua las energías más sutiles, más espirituales. La meditación es la masticación de los pensamientos. Pero evidentemente, cuando se habla de la meditación, se sobreentiende que el pensamiento se dirige a cuestiones de orden filosófico, espiritual, místico. La meditación debe llevaros hacia un mundo más elevado y aportaros la luz y la paz.

     

    La meditación como medio de realización

     

    Hay que empezar a meditar sobre temas accesibles. El ser humano está creado de tal forma que no puede vivir naturalmente en un mundo abstracto. Debe, en consecuencia, asirse primeramente a lo que es visible, tangible, cercano a él, a lo que ama. Supongamos que sentís amor por la belleza, o por la inteligencia... y que queréis obtenerla. Intentad entonces concentraros e imaginad lo que querríais ser, contemplad este ser en el que os queréis convertir y sentiréis aumentar vuestra alegría, vuestra confianza y vuestra vitalidad como si saboreaseis por adelantado lo que llegará a producirse un día. Haced el siguiente ejercicio: durante diez, veinte minutos, imaginad que lo que deseáis ya se ha realizado, contemplaos en la luz, junto al Ser, haciendo cosas estupendas. El pensamiento que prepara así el camino os conducirá cada vez más hacia la realización de lo que deseáis.

    Pero estad atentos al estudiar vuestros deseos y vuestros proyectos, porque si son demasiado personales, si no vibran en armonía con el orden establecido por el Universo en toda la creación, entrarán en conflicto con las leyes divinas, con otras vidas, con otras entidades, con todo un orden vibratorio, y no triunfaréis. O, si triunfáis, aún será peor. Por lo menos, el fracaso os habrá evitado todo tipo de decepciones y accidentes, y al no triunfar, os habréis ahorrado muchos disgustos.

     

    Los dos mejores temas de meditación

     

    Ser un instrumento en las manos del Creador

     

    Todos los temas de meditación son buenos: la salud, la belleza, la riqueza, la inteligencia, el poder, la gloria, pero el mejor ejercicio, consiste en meditar en el mismo Ser, para impregnarse de Su amor, de Su luz, de Su fuerza, para vivir un momento en Su eternidad... y en meditar con el fin de servirle, de someterse a Él, de unirse a Él. Si os sentís como un instrumento absolutamente abandonado en las manos del Creador, con el fin de que El piense a través vuestro, de que sienta a través vuestro, de que obre a través vuestro, si os abandonáis a la voluntad de la sabiduría, de la luz, ésta, que lo sabe todo, os guiará.

     

    Realizar el Cielo en la tierra

     

    Puesto que el hombre ha sido enviado a la tierra, es preciso que sepa qué trabajo debe hacer.

    «Así en la tierra como en el Cielo», lo que significa que el Cielo debe descender a la tierra. Pero, ¿qué tierra? Nuestra tierra, nuestro cuerpo físico. Así pues, después de haber hecho el trabajo espiritual necesario para alcanzar la cima, el Cielo, hay que descender para organizado todo abajo. La inmortalidad está arriba, la luz está arriba, la armonía está arriba. Pero, ¿por qué no debería encarnarse abajo, en el mundo físico, todo lo que está arriba?

    La filosofía de Cristo consiste en hacer descender el Cielo a la tierra, es decir, en realizar el Reino del Creador y Su Justicia. Por lo tanto es aquí donde debemos trabajar, empezando por nuestro cuerpo.

    He ahí, pues, los dos mejores temas de meditación: cómo consagrarse enteramente al servicio de la Divinidad, y cómo realizar, concretizar, materializar en la tierra el mismo Cielo. El sentido de la vida está contenido en estas dos actividades. Todo lo que se aparta de estas dos actividades tiene una significación, naturalmente, pero no un significado divino.

     

    La contemplación

     

    La contemplación es una actividad del alma. En la contemplación participa todo el ser, su alma se expansiona, se ofrece, y realiza una fusión con el objeto que contempla.

    La contemplación es la forma más elevada de oración. Por la oración, os eleváis hasta la contemplación del esplendor divino. Puesto que ignoramos cuáles son los proyectos del Señor respecto a nosotros, hay que pedirle que nos ilumine, y si aún quedan cosas oscuras hay que suplicarle diciendo: «Señor, no llego a entenderlo bien, pero haz por lo menos lo que sea necesario: empújame, aunque no quiera, a cumplir Tu voluntad, sírvete de mí, toma posesión de mí, haz de mí Tu morada».

    Sucede a veces que se desconoce la voluntad del Señor. Se sabe, naturalmente, la dirección general: siempre se trata del bien, el desinterés, el sacrificio, el amor, la abnegación, la bondad, la generosidad, etc... Pero hay casos en que no se puede saber con precisión qué espera de nosotros.

    Entonces, puesto que nos falta la clarividencia, la lucidez, hay que decir: «Hágase tu voluntad a pesar mío.» No es dado a todo el mundo el tener ideas muy claras sobre la utilidad o el valor de lo que se quiere acometer. A veces se realizan los proyectos del Creador ciegamente.

    Por lo tanto hay que suplicar al Cielo y exigir, incluso con amenazas, que un día, por fin, pueda servirse de vosotros. Decid: «He ahí que por fin lo he comprendido: no hay nada que hacer con mi naturaleza inferior, es testaruda, dura, corruptible, no llegaré nunca a cambiarla.

    ¡Oh, entidades celestiales, cambiadla, enviadme las criaturas más perfectas, las más maravillosas, para que se instalen en mí, para que me guíen, me instruyan y tomen la dirección de mi vida!

    Puesto que ni siglos ni milenios serían suficientes para cambiarla, entonces atadla fuertemente, reemplazadla por espíritus luminosos capaces de subyugarla, y haced que, a pesar mío, logre realizar vuestros designios.»

    Cuando rezáis: «Señor venid a reemplazar mi personalidad, tomad Vos mismo la dirección de mi vida», no sólo actuáis sobre las partículas materiales de extraordinaria dilatación, saboreáis el éxtasis. En este éxtasis vuestra conciencia se extiende, abrazáis todo el universo, os expandís hasta alcanzarlas dimensiones de la Divinidad. Todos los que han conocido el arrebato de la contemplación tenían la sensación de no encontrarse en la tierra, en su limitado cuerpo físico; se sentían inmersos en el Alma Universal, fusionados con ella... Luego, naturalmente, descendían nuevamente, reemprendían su trabajo cotidiano, pero, durante algunos minutos, algunas horas, habían vivido en el infinito, en la fusión, en el éxtasis.

     

    La identificación

     

    El fin del trabajo espiritual consiste en la identificación con la Divinidad. En la India, los Iniciados han resumido este trabajo de identificación con la fórmula: «Yo, soy El», es decir, sólo El existe, yo sólo soy un reflejo, una repetición, una sombra. En realidad, no existimos como personas separadas, formamos parte del Señor, sólo El existe y somos una proyección Suya.

    Cuando el discípulo dice: «Yo, soy El», comprende que no existe fuera del Señor y que uniéndose conscientemente a Él, se acerca a Él hasta convertirse un día en creador como El.

     

    Dos métodos para ayudar a todos los hombres

     

    Enviar pensamientos luminosos

    Ver la humanidad como un solo ser al que se envía ayuda.


    Se piensa que es imposible actuar sobre la humanidad para ayudarla, para mejorarla; se dice:

    «¡Son tantos, es imposible!» Naturalmente, es imposible, es gigantesco. Pero si se conocieran determinados métodos, ello resultaría posible.

    Tratad, por ejemplo, de imaginar que la humanidad está condensada en un solo ser; sí, imaginad el mundo entero como un ser que está ahí, junto a vosotros, y le tendéis la mano dándole mucha luz, mucho amor. En este momento, pequeñas partículas de vuestra alma se van en todas direcciones y lo que hacéis para él se reflejará en todos los hombres, que comenzarán a tener pensamientos y deseos más elevados.

    Si hubiese centenares, millares de hombres en la tierra que hicieran este ejercicio, entonces veríais un nuevo hálito, un hálito divino que atravesaría todas las criaturas, y un buen día, sin saber por qué, se despertarían completamente transformadas.

     

    Las relaciones con la naturaleza

    Tomar conciencia de que la naturaleza es viviente.

     

    Cuando un Iniciado abre su puerta por la mañana, saluda a toda la naturaleza, a los árboles, al cielo, al sol. Da los buenos días al día y a toda la creación. Os preguntaréis de qué le sirve... Pues bien, para unirse inmediatamente con el manantial de la vida. Sí, porque la naturaleza le responde. Cuántas veces por la mañana, cuando salgo a mi jardín, saludo a los Ángeles de los cuatro elementos, los Ángeles del Aire, de la Tierra, del Agua y del Fuego, e incluso a los gnomos, a las ondinas, a los silfos, a las salamandras. Entonces los veo; cantan, danzan, están contentos. Y a los árboles, a las piedras, al viento, también les digo: «¡Salud! ¡Salud!»Intentadlo, hacedlo también vosotros y sentiréis interiormente algo que se equilibra, que se armoniza y muchas oscuridades e incomprensiones desaparecerán simplemente porque habéis decidido saludar a la naturaleza viviente y a las criaturas que la habitan.

     

    Atraer a los espíritus de la naturaleza hacia un trabajo para el Reino del Universo

     

    La naturaleza está poblada por una gran cantidad de criaturas, invisibles para el hombre, a las cuales, según los elementos y el país o el lugar en que viven, se ha dado toda clase de nombres: elfos, hadas, gnomos, salamandras, silfos, ondinas, ninfas, dríadas, hamadríadas, sirenas, nereidas, náyades, kobols... Y cuando vais al bosque, o a cualquier lugar de la naturaleza, debéis ser conscientes de que todos estos seres, que están despiertos, que están muy desarrollados, os ven. Por lo tanto, es bueno contactar con ellos, demostrarles que apreciáis su trabajo. Porque a estos seres les gusta que se reconozca la belleza y la utilidad de su trabajo, y si ven que lo apreciáis, se convierten en amigos vuestros, os sonríen, bailan ante vosotros, e incluso pueden daros regalos: la vitalidad, la alegría, la inspiración poética, la clarividencia...

    También podéis dirigir les la palabra. Os acercáis a un árbol, por ejemplo, y le decís: «¡Qué hermoso eres! ¡Qué poderoso, qué resistente, qué sólido! ¡Tú puedes vivir mucho tiempo! ¡Ah, si yo pudiese tener tu resistencia, tu solidez!... Te encargo de que digas a todos los árboles del bosque que son magníficos, que los amo; saluda a cada uno de mi parte, bésales de mi parte.» Y besáis al árbol que va a transmitir vuestro amor a todo el bosque. Y así, mientras os paseáis, muchos seres que moran en los árboles saldrán para contemplaros. Están maravillados, bailan a vuestro alrededor, e incluso, quizás, podréis ver cómo aparece un ser inmenso que os mira con ojos luminosos. Es el Regente del bosque, una especie de egregor que reúne todas estas criaturas, que forma su alma, y que proyecta luces y colores. Y cuando volvéis a vuestra casa, os sentís dichosos, sentís que ésa es la verdadera vida.

    Así pues, debéis hablar a los seres de la naturaleza, e incluso, invitarles a hacer algo por el Universo; decidles: «Escuchadme, debéis ayudar para iluminar a los hombres, para volverles juiciosos. Ayudadnos. Y entonces, por todas partes, como los pueblos primitivos que se comunican entre sí mediante el tam-tam y las fogatas en lo alto de las colinas, enviarán mensajes y trabajarán para el Reino del Creador.

    Y cuando os encontréis cerca del océano, cerca del mar, podéis hablar a todos los habitantes de las aguas diciéndoles: «Vamos, reuníos, y a cada barco que pase, decidle a los hombres que transporta que deben cambiar, mejorarse», y ellos os escuchan y cumplen las tareas que les dais. Evidentemente, los humanos son algo duros, un poco correosos, no se dejan influir tan fácilmente, pero esto no importa, todas esas criaturas que habéis alertado ya están en marcha, las habéis puesto a trabajar, y a ellas les gusta que se les dé trabajo. La mayoría de los hombres ignoran lo que es trabajar por una idea divina; no tienen ningún sentido moral. No saben lo que es el bien y el mal, solamente tienen miedo de una fuerza cósmica que no conocen muy bien. Por eso, cuando ciertos ocultistas quieren emplearlos en trabajos de magia negra, lo consiguen fácilmente. Puesto que no tienen sentido moral alguno, se les puede utilizar para el bien o para el mal; entonces, ¿por qué no utilizarlos para el bien, para la realización del Reino del Creador?

     

    Vencer a los enemigos elevándose por encima de ellos

     

    Pensamos que nos podemos desembarazar de un enemigo, que podemos vencerle hablando continuamente contra él. ¡Pues no! No podemos vencerá nuestros enemigos paseando su imagen por todas partes; tarde o temprano, serán ellos quienes vencerán. No podemos vencer a los malos por la maldad, a los calumniadores por la calumnia, a los celosos por los celos o a los coléricos por la cólera, porque entonces nos identificamos, nos igualamos a ellos y nos situamos a su altura.

    Para protegerse, para ser invulnerable, hay que cambiar de nivel, es decir no quedarse en las mismas vibraciones, las mismas debilidades, las mismas emanaciones que vuestro enemigo, porque si es más fuerte, os doblega. Tenéis que subir, es decir, alcanzar las regiones más nobles, más puras, más luminosas. Una vez hayáis subido, por la voluntad, la meditación y la oración, vuestro enemigo ya no puede alcanzaros porque sus vibraciones son distintas de las vuestras. Y desde el momento en que estáis protegidos, parapetados por la luz, el amor, el poder celestial, no solamente los malos pensamientos no pueden alcanzaros, sino que incluso recaen sobre ellos, y resultan triturados, aplastados.

     

    He ahí cómo llegan a vencer a sus enemigos los Iniciados, los Sabios y los grandes Maestros.

     

    Viven una vida tan pura, tan noble, tan honesta y radiante, que todos aquellos que se molestan con ellos tarde o temprano se rompen la cabeza, porque se produce un efecto «boomerang». Este efecto no puede producirse si sois como vuestros enemigos, es decir, débiles, negativos, sensuales; en este caso recibís todas las suciedades que os envían. Pero si os situáis mucho más arriba, la vida que lleváis se convierte en una protección para vosotros; devuelve todo lo que es malo, negativo, a aquél que se lo ha enviado. Así pues, si queréis estar protegidos, amparados, seguros, a pesar de todo lo que digan y hagan contra vosotros, debéis cambiar vuestra vida, situaros en otro diapasón, en otra región en la que seréis invulnerables.

     

    Omraam Mikhael Aivanhov







         
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