Cofradia de San Roque

...libranos de peste y males

DÍA TERCERO

 

 

 

Después de la preparación del primer día, se dirá:

 

Oración a Dios nuestro Señor

 

Bendito Dios y Señor nuestro, que quisisteis dar al glorioso San Roque, en una edad tan temprana, el conocimiento del poco valor de las riquezas, el desprendimiento de ellas y su verdadero uso, distribuyéndolas entre los pobres para seguir desembarazado a vuestro santísimo Hijo: os suplicamos, por su intercesión, nos deis el verdadero conocimiento y despego de las cosas terrenas, para que entendamos inteligentes y amenos las del cielo. Por tu mismo santísimo hijo Jesucristo, Amén.

 

Contémplese que ninguno podrá ser perfecto sin el despego de las cosas mundanas, ni seguirá Jesucristo sin desembarazarse de la afición a las riquezas, contentándose con lo necesario. Tres Padrenuestros, etc.

 

Oración a San Roque

 

Os suplicamos, glorioso San Roque, intercedáis con Dios, nuestro Padre, para que nos dé un corazón limpio, puro y desasido de las cosas perecederas, y nos conceda el espíritu de compasión hacia los pobres, y el favor que por medio de esta Novena deseamos, si conviene para nuestra justificación. Amén.

 

Cada uno pida aquella gracia o favor que desea, según el impulso de su devoción, y después se dirá la antífona y versículos siguientes, que se repetirán todos los días:

 

Antífona

 

Este varón, despreciando el mundo y las cosas terrenas, triunfante colocó con palabras y obras las riquezas en el cielo.

V. Dios le amó y le adornó con sus insignias.

R. Y le visitó la púrpura de la gloria.

V. Ruega por nosotros, glorioso San Roque.

R. Para que seamos dignos de las promesas del Señor.

 

ORACIÓN

 

Todopoderoso y sempiterno Dios, que por los méritos e intercesión del bienaventurado San Roque, hiciste en otro tiempo cesar una peste general que desolaba el género humano: dígnate conceder a nuestros ruegos que todos los que llenos de confianza en tu misericordia te suplicaren los preserves de semejante azote, sean libres por la intercesión de tu glorioso confesor, así de esta enfermedad como de todo lo que pueda turbar su quietud. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

Esta oración se dice todos los días.


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