Cofradia de San Roque

...libranos de peste y males

DÍA SEGUNDO

 


Después de la preparación del primer día, se dirá:


 

Oración a Dios nuestro Señor

Dios y Señor nuestro, que con admirable providencia concedisteis al bienaventurado San Roque el espíritu de inocencia y humildad, para que fuese verdadero imitador de vuestro santísimo Hijo: concedednos que podamos, con su patrocinio, desarraigar de nuestra almala soberbia y presunción que nos dominan, para que podamos seguir los caminos del santo Evangelio. Por tu mismo hijo Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Considéresela humildad e inocencia del glorioso San Roque, distintivo de los discípulos del Señor, y récense tres Padrenuestros, etc.


 

Oración a San Roque

Suplicámoste, gloriosos San Roque, pidas al Señor nos conceda la inocencia y humildad que son necesarias para que nuestras obras sean admitidas ante su divino acatamiento, y asimismo el favor que deseamos alcanzar por medio de esta Novena, si pareciese conveniente a su santísima voluntad y conducente a nuestra salvación eterna. Amén.


 

Cada uno pida aquella gracia o favor que desea, según el impulso de su devoción, y después se dirá la antífona y versículos siguientes, que se repetirán todos los días:


 

Antífona

 

Este varón, despreciando el mundo y las cosas terrenas, triunfante colocó con palabras y obras las riquezas en el cielo.

V. Dios le amó y le adornó con sus insignias.

R. Y le visitó la púrpura de la gloria.

V. Ruega por nosotros, glorioso San Roque.

R. Para que seamos dignos de las promesas del Señor.


ORACIÓN

Todopoderoso y sempiterno Dios, que por los méritos e intercesión del bienaventurado San Roque, hiciste en otro tiempo cesar una peste general que desolaba el género humano: dígnate conceder a nuestros ruegos que todos los que llenos de confianza en tu misericordia te suplicaren los preserves de semejante azote, sean libres por la intercesión de tu glorioso confesor, así de esta enfermedad como de todo lo que pueda turbar su quietud. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.


 

Esta oración se dice todos los días.

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