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Escribir es estar vivo...
 San Sebastián de los Reyes
Madrid


La lectura es a la inteligencia
lo que el ejercicio es al cuerpo

Richard steele



 
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MI  SUEÑO

 

  

¡Hola hija! ¿Qué haces aquí?

Ya lo ves madre,

Dios ha querido que este junto a ti.  

 

Eres tan joven, con tantas ganas de vivir.

Tenemos nuestro día madre, no podemos decidir.

 

Sigues tan guapa y no dejas de sonreír.

Tú también madre, eso lo aprendí de ti.

 

Dame un abrazo hija, ven junto a mí,

cuanto me apena que estés aquí.  

 

Qué difícil ha sido madre, vivir sin ti.

 

Ahora ya estamos juntas, sonreiremos juntas,

velaremos por todos, para que la vida les sonría,

no les olvidaremos ni de noche ni de día.

 

Esa que esta aquí dormida, es tu abuela que descansa,

cuando supo que venías no podía consolarla.  

 

Los ángeles han preparado, una fiesta en el cielo

para que sonrías y bailes, como tú sabes hacerlo.  

 

Hablaremos muchas horas, hablaremos de tus cosas,

porque sé que tu camino, no fue un camino de rosas.  

 

Sé que fuiste el soporte de los que te rodeaban,

siempre acudían a ti, cuando lo necesitaban.

 

Madre, tú sabes que soy así, me traído conmigo

muchas cosas bonitas, lo malo, prefiero olvidar.

Tú sabes que con una sonrisa puedes dar felicidad.  

 

Qué ingrata es la muerte hija, cuanto dolor,

se llevo tu juventud, se apago tu corazón.

Tenemos nuestro día madre, como lo tuviste tú.  

 

Sólo quiero decirles, porque me están escuchando,

recordar nuestra sonrisa, no quiero que estéis llorando.

Seremos la luz que les ilumine, y les de felicidad.

  

¡OS QUEREMOS! ¡SER MUY FELICES!

 

                                                                         A.M.F 2011

 
 
 
  
No sé porqué
 

 

   Ayer pensando, soñando,volando
   me encontré contigo…pasaste de mí.
   Hoy andando, saltando, paseando
    me he encontrado contigo…
   Me has abrazado, besado,acariciado…
  No sé porqué cambias cada momento.
  Me dejas tirada, o vienes a mí
   me coges en brazos o me dejas ir.
    No sé a que vienen esos cambios de humor
   No sé porqué te quiero sin razón.
 
                                                   
                                                                                                                              NOEMI PEREZ SEVILLA

 
 
 

  Los amigos…se cuentan con los dedos de una mano

 

  Al final, te das cuenta de que lo que dicen es verdad,

  por lo visto, los verdaderos amigos se cuentan con una mano.

 

  Cuando te enteras de esto, es cuando piensas que hay un error,

  cuando piensas que no es posible que todo haya acabado.

  Toda la amistad, la confianza, las risas, los abrazos…

  Todo se ha terminado..

  Pero NO, tú sigues empeñado en que eso no es imposible, y entonces intentas

  como loca buscar una solución.

  Y es ahí cuando comienzas sin darte cuenta a culpar a los demás, sin entender que a veces sin buscar es               posible solucionarlo.

  Y piensas en pedir perdón, pero si todo esto ha pasado y ya no nos hablamos

  es porque el destino así lo quería ¿no?...

  ¿Y si él no es uno de mis cinco dedos?

  ¿Y si me equivoco al intentar solucionarlo?

 

  Y aquí justo, en este instante es cuando debería apagar la mente y encender

  el corazón…Hay que dejar de pensar en todo.

 

  Hay que escuchar y hacerle caso a nuestro corazón, y comprobar si él quiere

  que esa persona sea uno de los cinco dedos de nuestra mano…

  Hay que dejarse llevar…pero ¿y si mi corazón no responde?...

  A eso no tengo respuesta…

 

 

                                                                                                                                            NOEMI PEREZ SEVILLA


 
 
En la tierra azul de las gaviotas,

mar adentro,

ya en el horizonte,

vi tus ojos, tu sonrisa.

 

Sobre barcas de olas,

me las trae la bruma,

la brisa.

 

"De un padre a una hija”.

 

                                       Anónimo.

 


 

LA FAMILIA PINITO

 

            Hubo una vez una familia llamada Pinito. Vivía en un pequeño bosque de árboles milenarios fuertes y frondosos.

            La familia Pinito estaba formada por papá Pinito, mamá Pina y su hijo Pepito Pinito. Vivían todos juntos echando raíces junto a otros árboles, arbustos y flores.

            Hasta aquí como otros pinos pero…la familia Pinito no era una familia de pinos convencional. Toda la familia llevaba gafas, y no sólo Pino, Pina y Pinito, también los abuelos, tíos, primos y demás familia Pinito.

            Todos eran muy felices, o por lo menos hasta que su hijo comenzó a ir a la escuela. Pepito Pinito había crecido muy rápido y llegó el día de salir del bosque para aprender todo aquello que en un joven pinito debía saber.

            El bosque donde vivían se encontraba algo alejado, Pepito tuvo que caminar varios kilómetros en su primer día de escuela. La familia Pinito le despidió, empañando, cada uno, sus relucientes gafas de madera.

            Pepito caminó feliz hasta la escuela y allí se encontró con muchas caras nuevas. Unas eran más  redondas otras más alargadas…todo dependía de los troncos y las ramas.

            Dª Pinada, la maestra, pidió a Pepito que se sentara y así comenzó el primer día de escuela. Todos escuchaban atentamente las explicaciones de Dª Pinada, pues cada arbolito quería ser el mejor de su bosquecillo.

            Mientras Pepito habría sus grandes ojos a través de sus gafas mirando a la pizarra, sintió las miradas de unos roblecillos que cuchicheaban. Pepito les miró y les sonrió. En ese instante unas sonoras carcajadas resonaron en la clase. ¡Lleva unas gafas enormes!, se escuchó después, y todas las miradas se clavaron en Pepito. Unas eran de mueca, otras de nada, otras de risa y otras de guasa.

            Sin saber por qué, y por primera vez, Pepito se vio horrible con sus preciosas gafas , y se sintió más que como un arbolito se sintió como una astilla.

            Dª Pinada les llamó la atención y ella también se puso unas enormes gafas. Hizo ver a todos que llevar gafas era no sólo normal, sino también necesario en algunos casos.

            Pepito no entendía las risas, pues llevar gafas no era un chiste, todo volvió a la normalidad, sonó la campana para salir al recreo. Pepito se quedó apartado del resto de los arbolitos y se alimentó de los rayos de sol sin hablar con nadie, sin jugar y sin mirar. Sólo era capaz de dirigir sus ojos, para ver como sus raíces se encogían al pensar que tenía que llevar gafas. Las palabras de Dª Pinada no le consolaban y Pepito pensaba que sin ellas sería igual que los demás.

            Al llegar a casa mamá Pina y papá Pino le estaban esperando ansiosos y amorosos. ¿Qué tal el primer día?, le preguntaron, y Pepito fingió para que no se notara su tristeza por las burlas que había recibido de sus compañeros arbolitos.

            Al día siguiente, al despertarse, Pepito tuvo una idea, ya no llevaría gafas como toda su familia, y para que nadie lo notase, decidió quitárselas sólo en la escuela.

            Así lo hizo, pero Pepito no pudo aprender las letras porque no las veía. No aprendió la canción porque eran notas borrosas, y no hizo amistad con los abetos, porque no podía tampoco ver a los acebos cuando jugaba al escondite con ellos.

            Todo fue un desastre, ¡nada le salió bien aquel día!.

            Al llegar a casa se encontró con toda la familia reunida, estaban también sus abuelos, que llevaban sus correspondientes gafas.

            Las de su abuelo pino Piñones, estaban algo estropeadas y negras. Por un descuido se quemaron en un pequeño incendio que provocó el cristal de una botella dejada allí por un excursionista despistado.

            Pepito cuando estaba rodeado de su familia, se sentía tranquilo y feliz, nadie se burlaba de él y no se sentía diferente. Su abuelo Piñones que conocía muy bien a su nieto, le abrazó con sus viejas ramas, y Pepito confesó triste su pesar.

            Su abuelo le hizo entender que lo importante es sentirse bien con uno mismo por lo que es y no por lo que puedan decir. Le dijo también que sí seguía así, lo único que conseguiría  era estropear lo que podría ser una feliz estancia en la escuela, con muchos amigos y amigas del bosque con los que jugar y aprender.

            ¡Pepito lo vio claro, más claro de lo que veía con sus gafas!

            Llegó el día de regresar a la escuela, y otro día y otro, y Pepito siempre llevó sus gafas, e hizo mucho amigos. Así desde entonces, Pepito pudo ver mejor todas las mañanas, veía las montañas lejanas, las florecillas cercanas, y toda la sierra con sus gafitas de madera.

            Pepito era feliz, podía ver de lejos hasta el perdigón de la perdiz, ningún pinito le tapaba, y aunque el bosque fuera frondoso todo él lo observaba alegre y orgulloso.

            Pepito Pinito con sus gafas de madera, espera desde entonces contento a que llegue la primavera.

 

                                                                                                                                                   LEGNA

 

 


 

  

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