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AUTORES CLÁSICOS 
Juan Ramón Jiménez Adolescencia En el balcón, un instante nos quedamos los dos solos. Desde la dulce mañana de aquel día, éramos novios.
--El paisaje soñoliento dormía sus vagos tonos, bajo el cielo gris y rosa del crepúsculo de otoño--.
Le dije que iba a besarla; bajó, serena, los ojos y me ofreció sus mejillas, como quien pierde un tesoro.
--Caían las hojas muertas en el jardín silencioso, y en el aire erraba aún un perfume de heliotropos--.
No se atrevía a mirarme; le dije que éramos novios, . . .y las lágrimas rodaron de sus ojos melancólicos.
Juan Ramón Jiménez (. . . Rit de la fraicheur de l'eau
 Victor Hugo)
Con lilas llenas de agua, le golpeé las espaldas.
Y toda su carne blanca se enjoyó de gotas claras.
¡Ay, fuga mojada y cándida, sobre la arena perlada!
--La carne moría, pálida, entre los rosales granas; como manzana de plata, amanecida de escarcha--.
Corría, huyendo del agua, entre los rosales granas.
Y se reía, fantástica. La risa se le mojaba.
Con lilas llenas de agua, corriendo, la golpeaba . . .
Juan Ramón Jiménez El viaje definitivo . . . Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando; y se quedará mi huerto, con su verde árbol, y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido; y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron; y el pueblo se hará nuevo cada año; y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errará, nostáljico . . .
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido . . . Y se quedarán los pájaros cantando.
Juan Ramón Jiménez "Retorno fugaz" ¿Cómo era, Dios mío, cómo era? --¡Oh corazón falaz, mente indecisa!-- ¿Era como el pasaje de la brisa? ¿Como la huida de la primavera?
Tan leve, tan voluble, tan lijera cual estival vilano . . . ¡Sí! Imprecisa como sonrisa que se pierde en risa . . . ¡Vana en el aire, igual que una bandera!
¡Bandera, sonreir, vilano, alada primavera de junio, brisa pura . . . ¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!
Todo tu cambiar trocóse en nada --¡memoria, ciega abeja de amargura!-- ¡No sé cómo eras, yo que sé que fuiste!
Juan Ramón Jiménez Octubre Estaba echado yo en la tierra, enfrente del infinito campo de Castilla, que el otoño envolvía en la amarilla dulzura de su claro sol poniente.
Lento, el arado, paralelamente abría el haza oscura, y la sencilla mano abierta dejaba la semilla en su entraña partida honradamente.
Pensé arrancarme el corazón, y echarlo, pleno de su sentir alto y profundo, al ancho surco del terruño tierno;
a ver si con romperlo y con sembrarlo, la primavera le mostraba al mundo el árbol puro del amor eterno.
Juan Ramón Jiménez Soledad (1 de febrero)
En ti estás todo, mar, y sin embargo, ¡qué sin ti estás, qué solo, qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante, cual mi frente, tus olas van, como mis pensamientos, y vienen, van y vienen, besándose, apartándose, en un eterno conocerse, mar, y desconocerse,
Eres tú, y no lo sabes, tu corazón te late, y no lo siente . . . ¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
Juan Ramón Jiménez

Dámaso Alonso SUEÑO DE LAS DOS CIERVAS ¡Oh terso claroscuro del durmiente! Derribadas las lindes, fluyó el sueño. Sólo el espacio. Luz y sombra, dos ciervas velocísimas, huyen hacia la hontana de aguas frescas, centro de todo. ¿Vivir no es más que el roce de su viento? Fuga del viento, angustia, luz y sombra: forma de todo. Y las ciervas, las ciervas incansables, flechas emparejadas hacia el hito, huyen y huyen. El árbol del espacio. (Duerme el hombre) Al fin de cada rama hay una estrella. Noche: los siglos. Duerme y se agita con terror: comprende. Ha comprendido, y se le eriza el alma. ¡Gélido sueño! Huye el gran árbol que florece estrellas, huyen las ciervas de los pies veloces, huye la fuente. ¿Por qué nos huyes, Dios, por qué nos huyes? Tu veste en rastro, tu cabello en cauda, ¿dónde se anegan? ¿Hay un hondón, bocana del espacio, negra rotura hacia la nada, donde viertes tu aliento? Ay, nunca formas llegarán a esencia, nunca ciervas a fuente fugitiva. ¡Ay, nunca, nunca! VIENTO DE NOCHE El viento es un can sin dueño, que lame la noche inmensa. La noche no tiene sueño. Y el hombre, entre sueños, piensa. Y el hombre sueña, dormido, que el viento es un can sin dueño, que aúlla a sus pies tendido para lamerle el ensueño. Y aun no ha sonado la hora. La noche no tiene sueño: ¡alerta, la veladora! Dámaso Alonso

Poesias de Khalil Gibran | 
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Entonces dijo Almitra: Háblanos del amor. Y él alzó la cabeza y miró a la multitud, y un silencio cayó sobre todos, y con fuerte voz dijo él: Cuando el amor os llame, seguidle, aunque sus caminos sean agrestes y escarpados. Y cuando sus alas os envuelvan, dejadle, aunque la espada oculta en su plumaje pueda heriros. Y cuando os hable, creedle, aunque su voz pueda desbaratar vuestros sueños. Como el viento asola vuestros jardines. Porque así como el amor os corona, así os crucifica. Así como os agranda, también os poda.
Cuando améis no debéis decir "Dios está en mi corazón", sino "estoy en el corazón de Dios". Y no penséis que podréis dirigir el curso del amor, porque el amor, si os halla dignos, dirigirá vuestro curso. El amor no tiene más deseo que el de alcanzar su plenitud. Pero si amáis y habéis de tener deseos, que sean así: De diluiros en el amor y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche. De conocer el dolor de sentir demasiada ternura. De ser herido por la comprensión que se tiene del amor; y de sangrar de buena gana y alegremente. De despertarse al alba con un corazón alado y dar gracias por otra jornada de amor. De volver a casa al crepúsculo con gratitud, y luego dormirse con una plegaria en el corazón por el bienamado, y con un canto de alabanza en los labios. "Id pues a vuestros campos y huertas y allí aprendereis que el placer de la abeja es el de succionar la miel de la flor, pero que el placer de la flor es el de entregarle la miel a la abeja.
Pues, para la abeja, una flor es una fuente de vida.
Y para la flor una abeja es la mensajera del Amor.
Y para ambas, la abeja y la flor, dar y recibir el placer es una necesidad y un éxtasis".
K. Gibran
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