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AtorEtxea

Ator Etxea

Un guiño ,  para un encuentro...,

Suspel Ttiki, 13 - Bera - Navarra

Teléfono: 948 631 662 (Tardes - Noches)

Contacto por e-mail 

  Ator Etxea está autorizado por el  Departamento de Turismo  del Gobierno de Navarra 


Situado a 600 metros del casco urbano de Bera; a 30 km de San Sebastián y 28 km de Biarritz.

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casas rurales

El pueblo de Bera.

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Bera se encuentra al norte de Navarra, en la zona del Valle de Cinco Villas (Bortziriak) del Bidasoa, junto con Lesaka, Igantzi, Arantza y Etxalar. En la confluencia de los ríos Cía y Bidasoa, frontera con Guipúzcoa y Francia, se levanta esta villa sobre el denominado Valle Cantábrico Navarro, por encontrarse ya en el radio de influencia de este mar. Este carácter de ciudad fronteriza ha hecho que la villa fuese frecuentemente objeto de disputas entre los distintos reinos. 

El Larun, con sus 905m de altitud, es la cumbre más alta. Desde ella que se puede divisar tanto San Sebastián como Bayona. También el Labiaga, de 700 metros, situado en plena muga, ofrece hermosas vistas sobre el mar. Se trata, este último de un espacio protegido, sobre la ladera Norte del monte Ibantelli, en el término municipal de Bera, que conserva un notable yacimiento de pizarras con abundantes fósiles. A esta Reserva Natural se puede acceder en bicicleta de montaña por una pista.

De entre sus monumentos, destacamos la Iglesia Parroquial de San Esteban. Iglesia gótica del siglo XV, restaurada posteriormente entre 1964 y 1965, consta de planta de cruz latina y bóveda de crucería. De la primera construcción queda muy poco, ya que las continuas guerras que asolaron a Bera durante los siglos XVII, XVIII y XIX, obligaron al templo a continuas reconstrucciones, así como a dotarlo de nuevo mobiliario. Su órgano está considerado como el mejor órgano romántico de Navarra.

 Bera que junto con Lesaka, Igantzi, Arantza y Etxalar es una de las "Cinco Villas" de la Montaña de Navarra, siempre ha sido caracterizada por ser una "ciudad fronteriza". Este hecho ha provocado que durante su historia estuviese presidida por las disputas entre reinos y diferentes asientos de pueblos y civilizaciones. 
Los montes que rodean y escoltan a esta villa ofrecen al visitante la oportunidad de poder admirar las magníficas vistas que ofrecen cada uno de ellos desde sus puntos más altos.

Para ver las actividades que se pueden realizar dentro del pueblo de Bera pinchar aquí


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Pinchando aquí una preciosa ruta desde el centro de Bera.


En su trazado urbano se mantienen casonas de abolengo como el Palacio Aguirre y el de Itzea. Este último caserón, que fue morada durante muchos años de la familia Baroja y en la que vivió D. Pío, el gran escritor de la generación del 98, está considerado como un auténtico museo. El visitante quedará deslumbrado en su visita a la casa de Itzea, así como a la de Larumbe, en la cual se hospedaron, sucesivamente, Bonaparte y el Duque de Wellington. La casa de Larratxe y Zelaya también resultarán interesantes en este recorrido cultural por la villa de Bera.

Su agricultura está muy ligada a la ganadería. Esta ha sido fundamentalmente bovina, porcina y ovina, aunque últimamente se está incrementando el engorde de patos para la elaboración de foie.
La mayor parte del terreno forestal está dedicado a pastizales.

La gastronomía es uno de los grandes atractivos que ofrece Bera y su comarca a través de los ricos y variados platos tradicionales. En cualquiera de los numerosos restaurantes del pueblo se pueden degustar los platos más característicos, como son la trucha y el salmón del Bidasoa.



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Itzea. La casa de los Baroja.

Fue construida en la segunda mitad del siglo XVII y la familia se instaló en ella en 1912. Al otro lado del río se puede ver la estela funeraria que realizó Jorge Oteiza en memoria de Pío Baroja.

PÍO CARO BAROJA, EL último Baroja, araña recuerdos en la casona de Itzea, que en l912 compró su tío, el escritor Pío Baroja, en Vera de Bidasoa (Navarra). Pío Caro, a sus 71 años, revive la historia de la familia, mientras pasea la memoria por un tiempo lejano, a través de un mundo de objetos y sensaciones. A Itzea, en el barrio de Alzate y pegada a Francia, le envuelve el rumor de un arroyo. Hay humedad y neblina. Una verja de hierro y una tapia amurallada cubierta de nogales, tilos y árboles americanos impiden la entrada de curiosos. Detrás de la verja, el comienzo del jardín, con su camino de losas y, en seguida, la casa. Un portón de madera franquea el acceso al portal: es un espacio amplio, con aire de convento, silencioso, que fue refugio de Julio y Pío y de toda la chiquillería del barrio cuando eran niños, en los días de lluvia. A mano izquierda, las escaleras que han soportado millones de pasos de seres de toda condición , aclara Pío. Al lado, en la pared, los reposteros que hizo Carmen Nessi, la madre de Pío Baroja y abuela de Pío Caro, con los escudos de la familia.

En primavera Pío Caro Baroja, el último superviviente de la saga, se acerca con su mujer, Josefina, a la casona de Itzea para destilar recuerdos, mientras sus dos hijos, Pío y Carmen, permanecen trabajando en Madrid. Carmen, como bibliotecaria de la Biblioteca Nacional.

En este último viaje a Vera, Pío Caro ha mostrado en un libro titulado Las cartas de Caronte (ed. Pamiela) viejos afectos, algunos rencores y, sobre todo, ensoñaciones que nacieron como desahogo de espíritu a la muerte de su hermano Julio Caro en Itzea en l995.

La casa se ha quedado atrapada en el tiempo. Se conservan los mismos olores viejos, los mismos muebles, los mismos objetos de cuando éramos niños, pero hemos añadido otros que Julio descubría en casas de anticuarios, en chamarileros... Julio enriqueció su biblioteca y la de mi tío Pío. Del viejo desván, hoy recuperado, se ha creado un universo. Hemos hecho algunos cambios en las habitaciones, pero respetando todos los recuerdos de nuestros antepasados. Por ejemplo, la habitación donde dormía mi tío Ricardo la hemos transformado en la sala de los retratos de familia .

En el antiguo dormitorio de Ricardo Baroja se conservan, entre numerosos cuadros, los retratos de los abuelos, los hermanos y varios autorretratos. El abuelo, Serafín Baroja, un hombre con aspecto grave, ingeniero de Minas, que amaba con la misma pasión la música y las matemáticas, ocupa uno de los lugares importantes de la sala.

A Ricardo y Pío les gustaban las tertulias, pero ante todo eran hombres muy caseros. Se acomodaban sin exigencias, sin imposiciones. Eran resignados. `¡Qué se le va a hacer!', repetía mi tío Pío con frecuencia. Eran familiares, sencillos, incluso en el vestir. Mi tío Pío vestía abandonadamente. Tanto es así que mi madre luchaba con él para quemarle un pantalón viejo, una chaqueta o una boina que él defendía. `Pero si está muy bien', protestaba. Mi madre se enfadaba. `Si está sucia y asquerosa, cómprate una nueva', le decía. No le gustaba ir a las tiendas, y tenía que encargarme yo de adquirir la chaqueta o lo que le hiciese falta.

Es una habitación importante, en el segundo piso de la casa. Con su cama alta de metal, sus sillones rojos, los grabados de los ritos masónicos y los retratos de Pío Baroja, uno de ellos hecho por Picasso. En la misma planta, la biblioteca de don Pío, con miles de volúmenes, la mesa de trabajo -donde él escribía-, varias mesitas, la chimenea y un rincón formando ángulo con libros antiquísimos sobre brujería y procesos de la Inquisición. Es donde mi hermano Julio de pequeño leía todo... . Sobre una estantería, en el centro de la sala, un fantástico busto de Pío Baroja hecho por Maciá en París.

Además de los arcones, mesas y cuadros que había en el Museo, lo llenó de botes de pintura, latas de tomate vacías para hacer las mezclas, aguarrás, nogalina... Hasta que perdió un ojo por un desgraciado accidente, fue un grabador excepcional y un hombre ingenioso. En realidad, iba para ingeniero, pero abandonó su empeño. Se casó tarde con una mujer mucho más joven que él, Carmen Monné. Y murió en 1953 de una enfermedad que intuyó desde el principio: un cáncer de lengua debido a su adicción a fumar en pipa .

En el cuarto amarillo, con muebles isabelinos, la rotundidad de la mirada de Doña Juana Nessi, tía abuela de Pío Caro, dueña de la panadería de la calle Capellanes de Madrid que heredaron los Baroja. Y, en los otros paños de pared, los retratos de Carmen Baroja, pintado por Anselmo Miguel, y el de Rafael Caro Raggio, por Moya del Pino.

En la habitación que perteneció a Ricardo Baroja, hoy sala de retratos de familia, están las cajitas de latón con esmaltes de estilo bizantino que hizo Carmen Baroja y las tallas de cuero repujadas por ella. En cualquier rincón de Itzea hay arcones y muebles que restauró. Su actividad artística fue incansable. Investigó el folclore y escribió unas memorias llenas de frescura e ironía. Fue una mujer culta, inmersa en la Generación del 98, luchadora y heroica en los momentos más adversos. Pero, sobre todo, fue el alma de Itzea.

Quizás por eso escribió mucho e investigó más... Éste es Ricardo pintado por Julio, una caricatura del abuelo y el rincón donde mi hermano trabajaba, próximo a su cama .

Habrá en Itzea entre 30.000 y 40.000 volúmenes, pero en este viejo desván tendremos unos 15.000 libros y folletos. Aquí instaló Julio su caballete, porque le gustaba pintar. Pero, sobre todo, el desván es un mundo de recuerdos. Cada objeto tiene su historia. Es el pasado de la familia... Lo más interesante de este lugar es el armario donde se guardan los manuscritos de Julio. En junio me llegó un original de mi hermano con un texto sobre Estrabón. Me lo enviaba un amigo cumpliendo los deseos de un compañero de Julio, Juan Astorga, a quien se lo había regalado y que acababa de morir .


Extracto texto: elmundo./magazine/num206


*Actualmente no se puede visitar Itzea,   la casa de los Baroja .




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El parque natural de Aiko Harria

Si algo caracteriza al Parque Natural de Aiako Harria (Peña de Aya, en castellano) es su espectacular belleza y su atractivo, cualidades que hacen que sea el más visitado de la Comunidad Autónoma Vasca.

Cada año unas 175.000 personas acuden a los centros de información de las comarcas de Orsoaldea (Oiartzun, Errenteria, Pasai y Lezo) y Txingudi (Irun y Hondarribia) para interesarse sobre los atractivos del
parque y sus minas. Este número no refleja la afluencia real a la zona, probablemente muy superior, pero sí sirve como referencia para situar a Aiako Harria como el parque natural que más interés despierta entre los ocho situados en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Multitud de personas lo visitan durante todo el año, sobre todo el primavera y verano, para practicar senderismo, alpinismo o disfrutar de la belleza del paraje.

El macizo de Aiako Harria tiene la singularidad de ser uno de los extremos de la Cordillera Pirenaica. Es una de las formaciones más antiguas del País Vasco (afloró a la superficie hace más de 250 millones de años) y el algunas de sus rocas se han encontrado fósiles de animales marinos. Los asentamientos humanos datan de hace siglos, como lo demuestran los cromlechs, túmulos y dólmenes que pueden encontrarse en diferentes puntos del parque, así como las minas romanas y los molinos de épocas posteriores.

Asimismo, destaca la diversidad de su fauna. No es difícil ver salmones, buitres leonados o ejemplares de paloma torcaz. Sus bellos robledales y hayedos son el lugar ideal para perderse y olvidarse de las obligaciones diarias.

El acceso más habitual a las cumbres de Aiako Harria se realiza desde Pikogarate, partiendo de las localidades de Irun o de Oiartzun. Por el camino de Artikutza o por el cuello de Aritxulegi también se accede al alto de Bianditz, que se sitúa en la parte central de este Parque Natural y ofrece una bella panorámica del mismo. 

Pulse aquí para ver el recorrido entre Ator Etxea y el parque natural de " Aiako Harria"

Ficha

Clasificación: Parque Natural (1985)
Superficie: 6.912 hectáreas
Situación: en el extremo nororiental de Gipuzkoa, en el límite con Navarra, se extiende entre el río Bidasoa y el Urumea por los municipios de Donostia-San Sebastián, Errenteria, Hernani, Irun y, sobre todo, Oiartzun.
Accesos: autopista Bilbao-Behobia, salidas desde Oiartzun e Irun. Desde Oiartzun, por las carreteras comarcales a Irun (GI-3631), Lesaka (GI-3420) y Artikutza (GI-3633). Hernani, por Ereñozu. Errenteria, por Listorreta. Irun-Castillo del inglés-Elurretxe.


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Peñas de Aia. 23 km.

La esquina del Pirineo;

Sobre la bahía de Txingudi, estas montañas son el último golpe de la cordillera antes de hundirse en el Cantábrico. Sus pequeñas dimensiones no les restan belleza y atractivos.

Cuando el viento le zarandea sobre la cresta, el caminante piensa que en cualquier momento va a arrancarle del aéreo camino y saldrá volando hasta la bahía de Txingudi, tan cerca está. No le tira, pero sus susurros sobre las peñas le hacen volver de cuando en cuando la cabeza, no sea que ande por ahí algún intxisuak (duendecillo), dispuesto a jugarle alguna mala pasada. Normal en un territorio agreste y salvaje como éste, de cerrados bosques, peñascos de inquietantes perfiles y negras simas que parecen insondables. Una orografía complicada de perfiles ariscos que se expresa en verticales paredones, aéreas crestas y abundantes cavernas.

LEYENDAS. Inmejorable caldo de cultivo para condimentar leyendas. Como el de la Dama de Aiako Harria, historia recurrente de las montañas vascas que refiere a la vida de este personaje mitológico que vivía en las cuevas de la zona. O el de los intxisuak, aclamados héroes de Oiartzun, diablillos que moran en la profundidad de estos bosques, también en las cuevas, y que gastan su tiempo en hacer pequeñas maldades a los vecinos.

El macizo granítico de Peñas de Aia constituye el último empujón occidental de la larga cordillera pirenaica, que después de 600 kilómetros de recorrido y antes de amansar sus alturas, se eriza en estas cumbres de nombres difíciles para quien no sea de la zona.

Erroilbide, Txurrumurru, Irumugarrieta... Su talla tampoco es extraordinaria: entre 837 metros sobre el nivel del mar la primera, que es la más alta, y 806 metros la última, la de menor cota. Componen en cualquier caso, un singular macizo de estilizadas formas que ha sido denominado de otras maneras, siempre en razón de la silueta que recuerda en la distancia: la cara de Napoleón, la cara de Cristo o las Tres Coronas son las más conocidas.

Aiako Harria
TURISMO ACTIVO. Geografía salvaje que es excelente terreno de juego para excursiones y travesías. Menos de escaladas, aunque las hay, como las paredes del Txurrumurru o la cresta Castilla, sucesión de cimas secundarias de más de 600 metros de recorrido que recorre por su centro toda la vertiente sur de Peñas de Aia.

La actividad más frecuente en Aia es recorrer la cresta cimera, para lo que es habitual partir desde el collado de Elurretxe. Recorre la primera parte de esta marcha el cerrado bosque que rodea el pie de las altas rocas y en donde el caminante se topa con un arruinado búnker. El camino salva un desnivel importante, y aunque no resulta nada difícil en sus inicios, a partir de acceder a la cresta se complica al tiempo que gana en panorámicas.

Lógico en este escenario vertical y desordenado. Territorio de naturaleza salvaje donde se alternan cumbres y agujas secundarias con profundos barrancos y en los que perder el camino puede ser bastante complicado.

Una vez que se deja atrás los límites del bosque, se entra en un reino mineral que ha sido conocido desde hace milenios. Fueron los romanos quienes comenzaron una explotación sistemática de las vetas del subsuelo, horadando sus entrañas con largas galerías, algunas de las cuales aún son visitables.

Pulse aquí para ver el recorrido entre Ator Etxea y el parque natural.



Texto: ALFREDO MERINO


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