Acompañamiento Psicosocial y Terapéutico

Áreas Psicosociales

Las funciones del Acompañamiento Terapéutico:

 

-El "lugar” del acompañante terapéutico en el tratamiento-

 

-Desarrollo histórico social del Acompañamiento Terapéutico-

 

 

            El tema de las funciones fue desde los comienzos bibliográficos dedicados al acompañamiento terapéutico muy significativo, y en ocasiones mostró ruidosos-silencios, rígidos posicionamientos y discursos. Hoy comprendo las particularidades de esas bibliografías como uno de los "motores” que permitió y posibilitó el desarrollo histórico-social del desempeño actual del acompañante terapéutico desde los últimos 10 o 15 años.

 

 

Planteando el tema:

 

         En primer lugar quiero citar a G. Pulice Y G. Rossi, quienes se expresan en el prefacio de su obra Acompañamiento Terapéutico, sobre la función del acompañante terapéutico de la siguiente forma: "…Desde nuestro criterio, la función del acompañante terapéutico solo puede definirse en relación a la estrategia de un tratamiento, e irá cobrando sentido en la medida en que este avance, es decir, en relación a las particularidades de cada caso. En la dirección de un tratamiento, no hay un saber previo. Sí hay un saber supuesto que el paciente, en la transferencia, atribuye al terapeuta… Es necesario aclarar, no obstante, que cuando hablamos de estrategia no es en sentido de un saber previo puesto del lado de quien conduce un tratamiento, acerca de cómo intervenir frente a cada entidad clínica, de manera general. Y menos aun de parte de los distintos profesionales que pudieran participar en ese tratamiento, incluido el acompañante...” (Pulice y Rossi: 1997:8) 

 

        

 

       Si bien, respecto de lo leído hasta aquí, se puede pensar la función del acompañante terapéutico como el "lugar” que tiene éste en un tratamiento, entonces es necesario que todos los agentes de salud pensemos que no hay sólo un "lugar” posible para este recurso: desde cada escuela psicológica y psiquiátrica, como desde cada especialidad médica y asistencial, y según el marco teórico que la sustenta, sele puede otorgar tácita o explícitamente un "lugar” diverso y válido. El mismo redundará en una inclinación y fundamentación, en cada caso particular, de la nominación de funciones específicas que asumirá el acompañante terapéutico de cara a su trabajo concreto y que las mismas se particularizarán en la reflexión sobre y en la práctica que cada área requiera.

         Creo que en la apreciación del párrafo citado, los autores se refieren especialmente al acompañamiento terapéutico en salud mental, y más precisamente desde una mirada psicoanalítica, lo que algunos, por su especificidad, están empezando a denominar "acompañante psicoterapéutico”. Aunque es de destacar que en la actualidad los pedidos de acompañantes terapéuticos no sólo están siendo formulados por profesionales del ámbito "psi”, sino también desde otras especialidades, en donde hablar de "saber supuesto del terapeuta” no es operativo, ni un lugar desde donde "intervenir” y/o ubicarse en un tratamiento.

         Los autores también hablan de un "saber previo”, que termina por no ser tal, en relación a un posicionamiento profesional, que permite no definir una estrategia a priori frente a determinada entidad clínica en el área de  psicopatología o clínica psicológica. Esto es característico del psicoanálisis, en donde también se dice que: el "saber” lo tiene el paciente por estar habitado por un síntoma que habla mas allá de él (también ocurre esto en un sueño, un acto fallido, un lapsus, como lo postuló Freud en su época).Para mi esto ya es un posicionamiento estratégico.

          Desde el punto de vista de los autores, este planteo condiciona tanto al terapeuta como al acompañante terapéutico, los deja en un "lugar” en el que no pueden precisar ni sus funciones específicas ni su estrategia de tratamiento a priori.

         G. Pulice y G. Rossi hacen una  crítica, en la obra mencionada, acerca de una nominación de funciones específicas que hicieron en una publicación anterior S. Kuras de Mauer y S. Resnizky. Los autores se expresan así: "…una de estas formas de plantear una estrategia es pensar que ésta supone un saber previo de parte del terapeuta acerca de la dirección que dará al tratamiento, al saber la evolución que tendrá el paciente a partir de determinado diagnóstico. Consecuentemente, desde esta perspectiva, el acompañante terapéutico también debe tener un saber previo acerca de cómo intervenir en cada situación, de cómo "manejar” al paciente, el que es puesto de esta manera en el lugar de objeto. Según este criterio, las funciones del acompañante terapéutico también pueden ser definidas a priori. Esto es lo que vamos a encontrar en el texto de Susana Kuras de Mauer, Acompañantes terapéuticos y pacientes psicóticos…” (Pulice y Rossi: 1997:22)

         Si bien se puede estar de acuerdo con este planteo, para los casos de abordajes en psicopatología desde la óptica psicoanalítica, es sabido que hoy el acompañamiento terapéutico trascendió esas primeras intervenciones fundantes para irse definiendo respecto a las problemáticas que aborda hoy como un recurso más plástico y multifacético.

 

         En relación al "lugar” del acompañante terapéutico, también en salud mental, S. Kuras de Mauer y S. Resnizky expresan lo siguiente: "…consecuentemente, lo que aquí conviene poner en juego es la habilidad personal necesaria para poder establecer un buen vínculo con el paciente, desde el posicionamiento que se tiene y desde el lugar que realmente se ocupa, y no desde el lugar en el cual el paciente desea situarnos…” (S. Kuras de Mauer y S. Resnizky: 2003: 30/31)

         Esta última cita es importante para uno de los aspectos que me gustaría poner de relieve de diversas maneras en este artículo: la capacidad operativa que tiene el vínculo para intervenir desde el lugar del acompañante terapéutico. Dicho lugar, desde mi punto de vista, está centrado en la construcción y desarrollo de un vínculo, en este caso acompañante – acompañado. Además dicho concepto es teorizado desde la psicología social, a la cual le guardo mucho respeto y la considero pertinente como práctica psicosocial, significándose desde ese esquema conceptual, al vínculo, como sumamente operativo y eficaz para producir modificaciones; mientras que para otras escuelas psicológicas se sostiene que no se debe hacer vínculo o lazo con el paciente.

 

         S. Kuras de Mauer y S. Resnizky ofrecen, en la obra a la que referimos anteriormente, una nominación de funciones para el acompañante terapéutico en el área de salud mental y desde un posicionamiento "psiquiátrico”. Para las autoras las algunas de las funciones son las siguientes:

 "…1) Contener al paciente: La contención es fundamental y constituye la primera función del Acompañante Terapéutico, cualquiera sea el momento del proceso en que se hallen los pacientes. El Acompañante Terapéutico se ofrece como sostén, auxiliando al paciente en su imposibilidad de delimitarse a si mismo. Acompaña y ampara al paciente en su desvalimiento, su angustia, sus miedos, su desesperanza, e incluso en aquellos momentos de mayor equilibrio…

 2) Ofrecerse como referente: …El Acompañante Terapéutico es para su paciente un "referente”, incluyéndose como tercero. Cuando hablamos de "terceridad”, lo hacemos aludiendo a un posicionamiento del Acompañante Terapéutico que opera en el vínculo a la manera de organizador psíquico que lo ayuda a regularse…

 3) Ayudar a "reinvestir”: En virtud del grado de vulnerabilidad del Yo en las psicosis, el Acompañante Terapéutico se ofrece a la manera de un "organizador psíquico” capaz de intervenir operativamente y decidir por el paciente en aquellos ordenes donde éste no es aun capaz de hacerlo por si mismo. Asume por momentos funciones que "el Yo del paciente”, por estar comprometido y debilitado por la enfermedad, no puede desarrollar…

4) Registrar y ayudar a desplegar la capacidad creativa del paciente: …La canalización de las inquietudes del paciente cumple un doble objetivo: sirve para liberar la capacidad creativa inhibida y tiende a la estructuración de la personalidad alrededor de un eje organizador. Al proponer y ayudar a investir tareas acordes con los intereses del paciente, se lo ayuda a reencontrarse con la realidad y se promueve y refuerza en el la noción de proceso, opuesta a la concepción mágica del tiempo y el espacio, cuyo rasgo distintivo es la dilución en la inmediatez y la negación de lo procesual…

5) Aportar una mirada ampliada del mundo objetivo del paciente: …El Acompañante Terapéutico dispondrá de información ampliada sobre su modo de discurrir en ámbitos diversos, sobre los vínculos que mantiene con los miembros de la familia, el tipo de personas con las que prefiere relacionarse, las emociones que lo dominan. Registrará también conductas llamativas de la vida diaria en relación a la alimentación, el sueño, higiene personal…todo ello  contribuirá a una mejor evaluación de las alternativas a la hora de trazar una estrategia clínica…”  (S. Kuras de Mauer y S. Resnizky: 2003: 31/34)

         Dichas autoras, también incluyen dentro de las funciones: "…Habilitar un espacio para pensar…, Orientar en el espacio social… e Intervenir en la trama familiar…” (S. Kuras de Mauer y S. Resnizky: 2003: 34/35)

         En mi opinión todo lo mencionado debe hacernos reflexionar sobre si la definición de un rol, en este caso el de acompañante terapéutico, y con todo lo que esto conlleva, consiste en delimitarlo para darle entidad e identidad, lo cual redunda desde otro punto de vista en un recorte, un encapsulamiento. O bien, si ese rol surgido de un contexto histórico – social, debe permanecer abierto a las problemáticas que los diferentes contextos le "adjudiquen” para resolver y/o dar respuesta, problemáticas que son también de una época.

         La opinión anterior se puede plantear también de la siguiente forma: la teorización, forma, práctica y función del recurso acompañamiento terapéutico va a remolque de la necesidad social, o el registro de necesidad social produce y requiere  siempre roles ya definidos y cerrados, y de no ser así: ¿porque tendemos a esto?

         Algo similar ocurre cuando se pretende dividir el rol en acompañante terapéutico y acompañante psicoterapéutico en dos prácticas distintas. En lo personal, no estoy de acuerdo, creo que se trata de sumar y no de dividir, debemos construir un rol, que como auxiliar de diversos tratamientos, se pueda ubicar en un lugar de "no saber a priori sus funciones” y en otros, momentos, casos o aspectos del mismo caso, permitirse dar ciertas directivas desde un lugar de "saber”, más común del modelo médico y no me refiero sólo al modelo psiquiátrico.

         Como vemos, dentro del mismo campo "psi” hay  distintos posicionamientos. Se observa en esas primeras bibliografías del tema, una polarización de posturas y marcos teóricos que comunican y ponen el énfasis en "la adhesión y pertinencia a definir a priori las funciones del acompañante terapéutico” y el intento convencido de no caer en ese lugar de "saber” a priori sobre dichas funciones. Desde mi esquema referencial estos dos polos, si bien parten de posicionamientos teóricos distintos en el área de salud mental, permitieron y posibilitaron el desarrollo dialéctico de dicho rol, que en una síntesis dialéctica y de cara a la demanda social que sostiene, fue creciendo más allá de esos intentos por "colonizarlo” y "adjudicárselo” con la inevitable marca que ello hubiera significado de quedar cerrado de una vez y para siempre.

         Para ver este desarrollo y alcance actual del acompañamiento terapéutico analicemos, por ejemplo, la abundante demanda de este rol  que se genera hoy por hoy desde el área de la geriatría en casos de enfermedades crónico-degenerativas y demencias (alzhéimer, párkinson, etc.).

         En estos casos se pueden mencionar como  funciones a priori y, desde mi punto de vista esto es bastante atinado, las que detallo a continuación:

·         Apoyo en las Actividades de la vida diaria (ABD), que suponen y necesitan un "saber previo” y no un "saber supuesto al analista” y requieren de otro tipo de profesional de la salud como puede ser un Terapista Ocupacional.

·         Apoyo en Estimulación Cognitiva (en lo cotidiano), que suponen por ejemplo el alineamiento a las directivas por parte del acompañante de: un Psicopedagogo, un Terapista Ocupacional, un Neurólogo y/o un Psicólogo.

         Es decir, que en estos casos se requieren intervenciones directivas desde un saber previo y diría técnico, con funciones para el acompañante pautadas  a priori y orientadas hacia un objetivo. No obstante puede suceder que en el marco de realización de estos apoyos, se deba mantener además una disponibilidad de "no saber a priori”  sobre ciertas funciones, sobre todo si se tiene en cuenta que el acompañante terapéutico trabaja en lo cotidiano, donde hay por lo general otras personas o familiares (red de vínculos), cercanos al paciente y que hacen lazo con el acompañante terapéutico, en donde un terapeuta familiar, de pareja o grupal, según sea el caso, requiera esta condición en el acompañante terapéutico, para con los vínculos del paciente, permitiéndole una operatoria particular.

    Respecto al desarrollo histórico social del acompañamiento terapéutico, queda pendiente aclarar que el mismo no se desplegó solamente en un contexto teórico. Cada acompañante terapéutico construyó en su recorrido profesional, especialmente en los primeros años de su labor, proyectos de trabajo que incluyeron funciones definidas a priori, en base a sus conocimientos, y que se plasmaron en su propuesta de abordaje. Las mismas fueron redefinidas como respuesta a la demanda de instituciones, profesionales y familias, dando lugar a adaptaciones y nuevas funciones. Con esto deseo señalar que la ampliación del rol del acompañante terapéutico, tal como lo concebimos actualmente, fue producto de un proceso que conjugó aspectos teóricos y prácticos: la teoría configuró la práctica y, a su vez, la práctica generó desarrollos teóricos sobre nuevas funciones específicas de este recurso. Esto sucedió como respuesta a los requerimientos que la sociedad efectuó, centrados en la resolución de sus problemáticas emergentes, es decir, como parte del devenir de cada sociedad, modificación que no posee punto de culminación

 

Algunas funciones generales del acompañamiento terapéutico

 

            En este apartado deseo compartir algunas de las funciones específicas que formulé en el transcurso de mi desempeño profesional y que formaron parte de las propuestas de trabajo que presenté en organizaciones destinadas a la atención de pacientes.

         Cabe destacar que algunas de ellas coinciden con las enunciadas por diversos autores.

           

v  Motivar la continuidad de los tratamientos.

 

v  Acompasando los vaivenes emocionales del paciente en relación al mismo.

 

v  Haciendo presente la lógica del tratamiento en lo cotidiano del acompañado.

 

v  Promoviendo la resiliencia humana y la planificación de la esperanza.

 

 

v  Favorecer el intercambio con el medio social, funcionando como un semejante con quien compartir actividades recreativas, laborales y/o educativas.

 

v  Ofreciendo presencias en los lugares donde el acompañado desarrolla sus actividades cotidianas.

 

v  Realizando salidas a la vía publica.

 

v  Creando nuevos contextos de desarrollo para el paciente.

 

 

v   Ofrecer un espacio de diálogo donde lo subjetivo se pueda expresar a través de la palabra.

 

v  Acompañando con una escucha empática.

 

v  Otorgando una palabra objetivante o continente.

 

 

v  Acompañar al paciente y a su familia en sus cuadros afectivos.

 

v  Reforzando sus propios esquemas de contención y regulación.

 

v  Mediando en posibles situaciones de conflicto, apuntando a generar convergencia.

 

 

v  Promover calidad y estilo de vida.

 

v  Reduciendo factores de riesgo.

 

v  Potenciando factores protectores.

 

 

v  Fomentar la capacidad creativa del paciente.

 

v  Favoreciendo una adaptación activa.

 

v  Aportándole una vía de expresión.

 

 

v  Favorecer el  desarrollo de las potencialidades sanas del paciente.

 

v  Potenciando las posibilidades y capacidades  del sujeto.

 

v  Apoyando en lo anímico y lo concreto la realización de actividades.

 

 

 

v  Cooperar con la construcción de una cotidianidad y un vínculo beneficioso para el paciente.

 

v Otorgando un espacio más de producción subjetiva.

 

 

v  Facilitar las condiciones que le permitan el diseño de hábitos sanos.

 

 

v  Limitar en situaciones interpersonales en donde el paciente pueda resultar perjudicado.

 

v  Oficiar de terceridad en los vínculos.

 

 

 

Bibliografía:

 

·         Pulice, G y Rossi, G (1997). Acompañamiento Terapéutico. Bs. As. Ed. Polemos

·         Kuras de Mauer, S y Resnizky, S (2003) Acompañantes Terapéuticos. Actualización Teórico-Clínica. Bs. As. Ed. Letra Viva.

 

 

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Flavio Hernandez - Operador Psicosocial - Acompañante Terapéutico-   
 
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