Antonio  Sanz

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Algunos de mis Poemas



Muero de ganas 


Muero de ganas por nacer contigo, por dejar de soñar,
y vestir tu desnudez sin ninguna ropa interior,
de contestar a esa llamada tuya desesperada,
y atropellar tu llegada gritando en silencio juntos.

Muero de ganas, por enmudecer tus palabras,
y descifrar lo que me dicen tus ojos,
de sentir tus manos apretando mi espalda,
y de aplacar con mis dedos tus deseos de mi.

Muero de ganas, por despertarte en la madrugada,
bailar al compás de nuestros pies descalzos,
de saciar la lujuria beso a beso, paso a paso,
y regalarnos nuestro impúdico placer al alba.

Muero de ganas por amar, de amarte empapado de ti,
de no querer mas abrigo que tu piel, tu aliento,
de coser a la solapa de tu desnudez, mi último verso,
y de indultar ese momento del olvido.

Muero de ganas por quitarte lentamente la falda,
de sentir tu calor y tu olor, abrochando mi espalda,
de no llorar nunca más nuestra ausencia,
y despertar con mis pies en tu almohada.

Muero de ganas, por volver a descubrir tus sendas,
coronar tus cimas, explorar los surcos de tu piel,
de llorar dos minutos antes, por volver a encontrarte,
por reírme de nuestra despedida, dos minutos después,




Mi Viaje


No fueron tristes, ni tan frías las mañanas, 

cuando despertaba solo en las madrugadas,

ni tan duro el colchón de esas noches,

sobre el banco de madera de alguna estación.


No necesité hablar por hablar, con nadie,

ni tampoco sentí la soledad del que anda solo,

ni me inquietó lo desconocido, ni el más tarde,

si acaso, no encontrar motivos para escribir.


No me tropecé con los recuerdos perdidos, 

ni necesité quedarme al calor de su abrigo,

No me perdí tras buscarme cien años,

ni traté de bajar, de tres en tres los peldaños.


Soñé mucho, dormí poco y mal, sonreí, 

amé a conciencia y sin descanso,

subí al tren que tantas veces vi pasar,

volví a bajar, para volver a verlo marchar.


Nunca me amargó la amargura, tal vez,

lloré algunas ausencias mías, muy mías,

por sentirlas dentro de mi, a mi lado,

disfruté en compañía de quien solo camina.


He quemado de una vez no se, si los

últimos cartuchos que me restaban, 

y aún así es posible, me siga extrañando

cada vez que me encuentre ante un espejo.


Quise tomar el aire, y salir a respirar,

pensar lo que pensaba, y pararme a pensar,

dejar pistas en las letras de mis canciones,

perder la razón, por creer en mis razones.




De tus alturas a mi profundidad

Me daría igual, si no fuera porque eres tú,

que los días pasaran uno tras otro,

y lo pienso mientras espero el autobús,

escuchando a dos chiquillas hablar de amor.


Me daría igual, si no fuera porque me recuerdan a ti,

que las gentes se miren, se besen y se abracen,

por alguna razón, es un don que no me pertenece,

y un pulso perdido con la "madre" distancia.


Me daría igual, si no fuera porque no estás,

que temblara el misterio, como decia mi madre,

que mi cabeza estallara de no pensar en nadie,

o que te dejes ver en las calles de mi ciudad.


Me daría igual, si no fuera porque no me escuchas,

callar o decir, reir o llorar, pensar o no pensar en mi,

y a mi vuelta de todo, no contar con nada,

ni siquiera contigo, perdida injustamente en el olvido.


Me daría igual, si no fuera porque no puede ser,

quitarme todos mis trajes, y vestir mi desnudez,

pensándote de vez en cuando, como antes lo hacía,

y saciar mi sed con las esencias de nuestro placer.


Me daría igual, si no fuera por que tal vez me estés llamando,

perderme tu último beso, escribirte algún que otro verso,

abrazarte una vez más, como siempre sin poderte abrazar,

y volar mas allá del suelo, de tus alturas a mi profundidad.











APRENDÍ DE TU AUSENCIA DÍA TRAS DÍA

Aprendí en tu ausencia, día tras día,
a no comer de tu mano,
a dibujar sin verla tu sonrisa,
a descansar sin haberme cansado,
a volver de vacio al anochecer,
a no confesar mis pecados,
a dormir sin haberme dormido,
a no extrañar ninguno de tus lados,
a desterrar mis deseos los domingos,
a jugar con las islas a solitarios,
a vencer la pereza de los ricos,
a cerrar puertas a tus abrazos,
a besar sin pensar en ti,
a olvidarte sin haberte olvidado,
a reír cuando toque morir,
a refugiarme en mi abecedario,
Aprendí en tu ausencia, día tras día.




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